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MARXISMO Y LITERATURA
Walter Benjamin (I): Ciencia y crítica materialista de la literatura de tendencias
Eton

Este es un primer artículo enfocado en la mirada literaria de Benjamin sobre su tiempo, el cual se encuentra atravesado por un serie de cambios políticos y sociales, tanto en Alemania, como en el resto del mundo. En esta ocasión el artículo tiene como objetivo destacar el análisis marxista que realiza Benjamin sobre lo que él denominará "tendencias literarias", escritores, y sus relaciones productivas, en una época marcada por la emergencia del fascismo.

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En 1934, el filósofo y crítico del arte, Walter Benjamin, realizaba una conferencia en el Instituto de los Estudios del Fascismo de París, conocida como “El Autor como Productor”, obra clave del alemán, la cual se encuentra relacionada al análisis político de la literatura.

Durante esta conferencia, un debate central que busca instalar el crítico alemán, es por una parte acerca de lo que él denomina como la literatura de “tendencia”, y por otra, el desarrollo de los escritores de aquella época, atravesados fuertemente por la lucha de clases. Y es en este sentido, que su valor central radica en preguntarse sobre cuál es el padecimiento que vive la escritura, y desde una perspectiva marxista, es decir como el desarrollo mismo de las condiciones productivas, han llevado en último término a la impostergable disyuntiva sobre al servicio de quien está puesta la pluma de los escritores progresistas, marcados por sus ideas, pasiones e intereses de clase. Y para este caso, el rol del “periódico” será determinante en el análisis de Benjamin.

De aquí que su crítica irá dirigida en gran parte hacia dos corrientes literarias contemporáneas a él, conocidas como el “Activismo”, y “La Nueva Objetividad” (1), corrientes artísticas con las que Benjamin será demoledor.

Autonomía, tendencia e intereses de clase en la obra literaria

Uno de los primeros trazados que desarrollará Benjamin en relación a la escritura, será el cuestionamiento a la autonomía del autor, problematizando la libertad de éste para escribir lo que quiera en gana, pero sin embargo, en una tensión permanente con la época de la que forma parte, separando así a dos tipos de escritores: el escritor burgués dedicado a la literatura como entretenimiento, el cual no reconoce la situación social de su época, y en este sentido sin cuestionarse sobre el rol de su trabajo, o al servicio de qué coloca su actividad. Y por otra parte el escritor progresista, que reconocerá esta posibilidad de decidir, ya que la lucha de clases misma, le obliga a ubicarse en un algún lado de la trinchera literaria, ya sea el de la burguesía o del proletariado. A esto Benjamin le llamará “Tendencia” (2).

En este sentido, Benjamin se referirá a una interconexión necesaria entre dos elementos clave de la obra literaria, por una parte la “tendencia” a la cual nos referimos anteriormente, y a la calidad de la obra.

Benjamin destacará:

“Se puede declarar que una obra que presente la tendencia correcta, ya no necesita demostrar otras cualidades. Pero también puede declararse lo siguiente: Que una obra que manifieste estar en la tendencia correcta, debe, necesariamente, demostrar cualquier otra calidad”.

Y es en este último alcance que realiza el crítico alemán, en el que señalará que “la tendencia política correcta, incluye un tendencia literaria” (3), lo que para Benjamin constituirá la “calidad” de la obra literaria.

Un análisis marxista de la producción literaria

Sin embargo la base de Benjamin para su análisis de la relaciones sociales en las que se desarrolla la obra literaria, es que estas se encuentran condicionadas por sus relaciones de producción (4), por lo que su análisis radica en una crítica materialista sobre la literatura.

En este sentido su estudio recaerá en la “técnica literaria”, es decir la “función que tiene la obra dentro de las condiciones de producción literaria de su tiempo”, relacionándose directamente en su progreso o retroceso, de acuerdo al desarrollo que vaya tomando su tendencia literaria. Así el autor analizará el desarrollo de los distintos géneros literarios, tomando por ejemplo algunas reflexiones del escritor ruso Sergei Tretyakov (5) sobre los autores, en especial el “escritor operante”, quien para el dramaturgo, no sólo informa de los eventos a los cuales se refiere, sino por sobre todo a lucha, o como refiere él mismo, a “no ser mero espectador, sino intervenir activamente”, dentro de la situación política y social.

Así Benjamin llegará al periódico como aquel “escenario de los embrollos literarios” (6), siendo un fenómeno que concretamente, reduce aquella brecha entre el autor de una obra, con el lector. Y a su vez en la recepción del contenido del mensaje, pero también escondiendo una urgencia cada vez más latente a poder opinar, o protestar, convirtiéndose -por tanto- muchos de ellos posteriormente en colaboradores.

Decadencia de la prensa burguesa y potencialidad de las plumas revolucionarias

Sin embargo la maestría de Benjamin -quien hace de las premisas literarias, ecuaciones de rigurosidad en el más amplio sentido crítico del materialismo científico- es que en aquella decadencia en el contenido literario por parte de la burguesía y sus extensos monopolios informativos, el filósofo alemán observa la potencialidad que puede alcanzar la literatura, y en especial, la prensa soviética. Tal como señala el autor:

“Hace tiempo que las redacciones han aprovechado el hecho de que nada ata tanto a un lector a su periódico como esta impaciencia que reclama día a día alimento nuevo; y así han abierto una y otra vez sus columnas a sus preguntas, opiniones y protestas. A la par que la asimilación también indistinta de lectores que en un instante, se ven aupados a la categoría de colaboradores. En lo cual se esconde su momento dialéctico: la decadencia de lo literario en la prensa burguesa se acredita como fórmula de su restablecimiento en la de la Rusia Soviética. En tanto en que lo literario gana en alcance lo que pierde en profundidad, empieza a distinguirse entre autor y público, distinción que la prensa burguesa mantiene en pie de manera convencional, y que se extingue en cambio en la prensa soviética. El lector está siempre dispuesto a convertirse en un escritor, a saber, en alguien que describe o prescribe”.

En esta relación, se enmarcará la denominada “intelectualidad de izquierdas”, expresándose en dos movimientos político-literarios a los cuales criticará Benjamin, el del “Activismo”, definido por Benjamin como contrarrevolucionario, y la “Nueva Objetividad” a quienes describirá como “revolucionarios rutinarios”. Esta y otras reflexiones, se desarrollarán en profundidad en la segunda parte de este artículo sobre la importancia y prevalencia del escritor revolucionario, en una época marcada por el fascismo, y los zig zags de la pequeño burguesía.

(1)Corrientes artísticas y literarias, de carácter progresista, en el caso del activismo , fundado por el escritor y periodista Kurt Hiller (1885-1972), desarrollado en Alemania desde 1914 hasta la entrada de la década del 20. Se caracterizó por su expresionismo y rechazo a la Primera Guerra Mundial. En el caso de la Nueva Objetividad, se alza como un movimiento, principalmente pictórico, contando sobre todo con representantes de la fotografía.

(2)Orientación de la actividad del escritor, debiendo decidirse entre dos clases sociales; La burguesía o el proletariado.

(3) La calidad de la obra según Benjamin, será ”la tendencia literaria, contenida de manera implícita o explícita en cada tendencia política correcta.

(4) El análisis de Benjamin se circunscribe desde el marxismo, visualizando en la escritura, el sentido de su rol social, pero como expresión de las relaciones de producción en las que se genera, el desarrollo de la prensa burguesa, y la actividad del escritor en la lucha de clases.

(5) Escritor ruso, y gran activista del proceso revolucionario ruso. Distingue a un tipo particular de escritor al que definirá como (operante), a no ser mero espectador de la situación social y política de la cual se vive. Fue coguionista de “El Acorazado de Potempkin” junto al formidable director ruso, Sergei Einsestein.

(6) Para Benjamin en la prensa es donde se condensan las discusiones centrales sobre la literatura, arbitrada por la lucha de clases, expreso en la decadencia del medio burgués, y la potencialidad de la clase obrera , volviéndose colaboradores, acentuando el caso de la prensa soviética y la difusión de las ideas socialistas.

 
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