Internacional

OPINION

Y si Escocia se independiza… ¿quién sigue?

El referéndum sobre la independencia de Escocia genera expectativas en otros movimientos independentistas. Las aspiraciones soberanistas siguen siendo clave para comprender la situación política en muchos países del mundo, desde Cataluña al Kurdistán, hasta Quebec o el Tíbet.

Diego Lotito

@diegolotito

Jueves 18 de septiembre de 2014 | Edición del día

Los resultados del referéndum escocés que se realizará hoy jueves tendrán impacto en todo el mundo, más allá de las fronteras del Reino Unido. En primer lugar, en sus vecinos al otro lado del Canal de la Mancha, la Unión Europea. En Bruselas, obviamente, por ser la capital de “la Unión”, aunque con mucho más interés en Madrid y en Barcelona. La cuestión nacional catalana ha recrudecido en los últimos meses por el intento del gobierno catalán de convocar una consulta soberanista que ha sido declarada ilegal por el Estado central.

Pero también otras regiones del mundo, en las que las aspiraciones independentistas siguen en el centro de sus agendas políticas, seguirán de cerca lo que suceda en el país de William Wallace.

El actual mapa territorial del mundo fue configurado y reconfigurado durante siglos de gestación, desde la formación de los primeros estados nacionales a mediados del siglo XVI. Guerras, invasiones, acuerdos y revoluciones, fueron dando forma a los 193 Estados independientes que actualmente las Naciones Unidas reconocen como tales.

Con la irrupción del capitalismo imperialista, a inicios del siglo XX, los estados nacionales se han vuelto “demasiado estrechos” –como diría el revolucionario ruso León Trotsky- para la explotación de las fuerzas productivas, impulsando permanentemente al sistema económico a romper los límites del estado. De allí que en el siglo XX la humanidad haya sufrido la barbarie de dos guerras mundiales que hicieron patente la lucha abierta de las principales potencias por el dominio del mundo.

La idea de una civilización organizada al margen de unidades territoriales separadas por fronteras, sigue siendo considerada una utopía por la mayoría de la humanidad. Sin embargo, el actual mapa de estados no se corresponde con las aspiraciones territoriales, históricas, culturales o económicas de muchos pueblos y naciones. En Cataluña, el Kurdistán, Quebec, Tíbet y hasta la señorial Venecia, existen movimientos nacionalistas que abogan por la independencia.

Por ello, si la mayoría de la población escocesa decide finalmente romper la unión de 300 años con el Reino Unido y la corona británica, resulta pertinente la pregunta: ¿quiénes podrían seguir el mismo camino de la independencia?

Hacemos aquí un repaso de distintos territorios en el mundo en los que existen movimientos independentistas de distinto peso y orientación ideológica. Son procesos muy diferentes y con múltiples particularidades, pero que se proponen conquistar Estados independientes. No incluimos en este repaso aquellos territorios ocupados por otros estados opresores (como Palestina –ocupada por el estado de Israel-, o el Sáhara Occidental –ocupado por Marruecos-), ni aquellos en los que una parte de la población se ha manifestado a favor de pertenecer a otro Estado, como en el este de Ucrania o en Cachemira.

Cataluña (Estado español)

El independentismo catalán es un movimiento con raíces históricas. Sus objetivos políticos van, de acuerdo a la radicalidad de los sectores que representa, de la independencia de la Cataluña actual, hasta la independencia de los denominados Paises Catalanes, que comprendería Cataluña, Islas Baleares, la Comunidad Valenciana, la Franja de Aragón, la pedanía del Carche, el Principado de Andorra, el Rosellon francés y la ciudad italiana de Alguer.

La lucha por el derecho de autodeterminación de Cataluña se expresó fuertemente a la salida de la Dictadura de Franco. La existencia de diferentes realidades nacionales anteriores al Estado español (Cataluña, País Vasco y Galicia básicamente), fue una de las cuestiones políticas más candentes durante la llamada Transición democrática. La adopción de una nueva Constitución en 1978 que instituyó un estatuto de “Autonomías”, vino a cerrar el debate a cambio de porciones de autogobierno. Un trato que fue negociado con las burguesías nacionalistas, otorgando en este caso el Estatuto de Autonomía de Cataluña, sometido a referéndum en 1979, el mismo día que en el del País Vasco.

Sin embargo, a pesar de reconocerse un amplio nivel de autogobierno, con la creación de una policía propia, por ejemplo, quedó negado el derecho de autodeterminación catalán.

La cuestión nacional catalana reemergió sin embargo en los últimos años. Por un lado, por el agotamiento del modelo autonómico, que ha venido impidiendo nuevos niveles de autonomía; y por otro, al calor de la crisis económica, como reflejo del malestar acumulado por los efectos de la crisis económica y el descrédito de las instituciones y partidos. Esta situación llevó a Artur Mas, líder político conservador y presidente de la Generalitat de Cataluña, a ensayar una retórica soberanista y a fijar una fecha para una votación sobre la independencia, aunque limitado su carácter al de consultivo.

Casi dos millones de personas se manifestaron el pasado jueves en Barcelona a favor de la consulta soberanista, que el Gobierno catalán pretende llevar a cabo el próximo 9 de noviembre, con la oposición del Ejecutivo del Estado central presidido por Mariano Rajoy. Aunque aún está por verse si esta iniciativa se lleva a cabo, ante la indecisión del gobierno de Mas que ve el peligro de que el proceso “se le escape de las manos”.

País Vasco (Estado español)

El independentismo del País Vasco o Euskadi (en euskera), tiene una histórica aspiración de independencia. Busca la creación de un Estado soberano en los actuales países vascos español y francés, y Navarra.

Durante los años ’60 y especialmente durante la Transición democrática, el movimiento de radical separatista ETA irrumpió en la escena política, mediante métodos de lucha armada con el objetivo de conquistar la independencia. La respuesta represiva del Estado fue muy dura, con miles de encarcelados. Incluso hubo centenares de ejecuciones sumarias, perpetradas por organizaciones de extrema derecha, toleradas por el Estado o directamente orquestadas por las fuerzas de represión, como el caso los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), agrupaciones parapoliciales que practicaron la “guerra sucia” contra ETA entre 1983 y 1987, durante los primeros años de los Gobiernos del socialista Felipe González. Está probado judicialmente que esta organización fue financiada por altos funcionarios del Ministerio del Interior.

Tras un período de varios años de violentos atentados y asesinatos, que llevó a ETA a perder el apoyo de amplios sectores populares y de trabajadores, se abrió un proceso de debate interno que concluyó con la declaración de un alto el fuego “permanente, general y verificable” el 9 de enero de 2011. De este modo, ETA respondió a las demandas de los dirigentes de la izquierda abertzale (común denominación de los partidos u organizaciones de ideología independentista vasca de izquierdas y afines al partido político Batasuna, ilegalizado en 2002) para facilitar los planes de reingreso a las instituciones y la disminución de la represión.

La estrategia de la izquierda abertzale se resumió en trazar una hoja de ruta a la “irlandesa” –en referencia a la integración del Sinn Fein, brazo político del IRA, a las instituciones políticas en Irlanda del Norte y el gobierno autónomo del Ulster-, que permitiera “superar” el conflicto entre el Estado español y ETA, aunque sin resolver efectivamente la cuestión nacional vasca.

A pesar del abandono de la lucha armada por parte de ETA, la represión y persecución en Euskadi hacia el movimiento independentista de izquierda sigue siendo muy dura.

Las actuales autoridades del País Vasco, en manos del conservador Partido Nacionalista Vasco (PNV), han abdicado hace tiempo de la demanda de un referéndum independentista en Euskadi, como parte de un proceso de creciente integración en el Estado español, que incluyó el reforzamiento de la represión en el País Vasco contra los militantes y organizaciones independentistas.

Según los datos recogidos por una encuesta de la Universidad del País Vasco en diciembre pasado, la mayoría de los vascos (un 54%) estaría a favor de la realización de un referéndum para decidir sobre una posible independencia de España.

Quebec (Canadá)

Quebec es la provincia más extensa de Canadá, con una población que supera los 8 millones de habitantes, el 80% de los cuales son francófonos.

El idioma, la cultura y sus instituciones fueron claves para el reconocimiento en 2006 como “nación dentro de Canadá” por ese país.

El movimiento nacionalismo quebequés se ha fundamentado no sólo de su identidad cultural y lingüística, pero también ha sido alimentado por los distintos periodos de represión y asimilación impulsados por la mayoría anglófona en distintos momentos históricos.

Los impulsores de ambos lados de la campaña por el referéndum en Escocia han intentado aprender lecciones de Quebec. En el referéndum de Independencia de Canadá realizado en Quebec en 1995, la opción separatista perdió por un margen mínimo (2.308.360 personas dijeron no a la independencia, mientras 2.362.648 apoyaron la ruptura). Desde entonces no ha habido nuevos intentos de abordar la cuestión de la independencia.

Los nacionalistas de Quebec recibieron un importante castigo electoral en los comicios celebrados en abril del 2014, tras haber retomado el discurso a favor de la independencia y por la realización de un nuevo referéndum. El Partido Quebequés (PQ), que hasta entonces controlaba el Gobierno regional, perdió frente al Partido Liberal, defensor de la unidad con Canadá, en su peor resultado desde la década de 1970.

Tíbet (China)

El Tíbet es una región autónoma del suroeste de China con 2.8 millones de habitantes. Se encuentra bajo administración de China desde 1951. Antes de la intervención de la República popular de China, nacida de la revolución de 1949, el régimen tibetano era una monarquía feudal de carácter teocrático y absolutista. El budismo era su religión de Estado. El Dalai Lama, considerado la encarnación de un dios budista, era el jefe supremo de la monarquía.

En la sociedad tibetana previa a 1950, sólo el Estado, el clero y la nobleza gozaban del derecho de propiedad. El pueblo pobre, en su mayoría campesinos, mantenía a un numeroso clero y a los señores trabajando en sus campos.

El ejército popular chino entra en Lhassa en 1950, tras derrotar a las fuerzas nacionalistas de Chiang Kai-shek, poniendo fin al régimen teocrático. En un primer momento, el Dalai Lama se convierte en el Vicepresidente de una Asamblea Popular, en tanto el Partido Comunista chino no tenía aún intenciones de imponer las bases de una economía socializada en el país.

Sin embargo, China consolida rápidamente su dominación sobre el Tíbet. Mantiene una parte del país como una región autónoma, mientras el resto –dos tercios del territorio del Tíbet- queda anexado a China. Esta inestable situación divide al pueblo tibetano entre el avance de la revolución china, aunque con los métodos brutales de la burocracia del PC chino, y la defensa de la identidad nacional, dirigida por los señores y el clero tibetanos con la colaboración del imperialismo norteamericano.

En este contexto, en 1959 se produjeron los primeros enfrentamientos entre las autoridades chinas y la población ocupada. El ejército chino logra aplastar las rebeliones, que culminan con la expulsión del antiguo gobierno tibetano y la fuga del Dalai Lama a la India.

Está documentado que los Estados Unidos financiaron el entrenamiento y proveyeron de asesores, dinero y armamento a los líderes de la rebelión, tanto antes de la sublevación como por varios años después. Desde 1959 hasta 1964, guerrilleros tibetanos fueron entrenados en secreto en Camp Hale por la CIA.

Si bien las autoridades chinas suprimen la servidumbre, el sistema de castas y termina definitivamente con el poder del clero y los señores feudales, lo hace sobre la base del aplastamiento de la causa nacional tibetana y métodos claramente colonialistas. Se estima que hubo más de 10.000 muertos y unos 100.000 tibetanos fueron obligados a emigrar.

La política maoísta consistía en una mezcla de anexión por la fuerza militar y de conquista del apoyo de la población local mediante la expropiación de la tierra, muy política similar a la impuesta por Stalin en el Este europeo después de la Segunda Guerra mundial y cualitativamente distinta a la posición defendida por Lenin y Trotsky en la cuestión de la autodeterminación de las naciones.

En 1989, durante el 30 aniversario de la revuelta del ‘59, los tibetanos iniciaron una serie de manifestaciones en demanda de su independencia. La rebelión fue sofocada por el Ejecutivo de Pekín. En marzo de 2008, poco antes de las Olimpíadas, se desencadenó otra importante revuelta que generó enfrentamientos fratricidas entre la minoría étnica de los uigures (tibetanos) y personas de etnia Han (mayoritaria en China).

La burocracia del PC chino, hoy abiertamente reconvertida como clase dominante de la restauración capitalista en China, respondió con una dura represión, a la vez que permitió que se expandieran los enfrentamientos étnicos e incluso propagó la información no constatada de asesinatos de hans en manos de uigures.

En la actualidad, el Dalai Lama ha abandonado la reivindicación del derecho a la independencia y ha desaprobado públicamente las manifestaciones de los últimos años, con el apoyo abierto de Estados Unidos.

Kurdistán (Turquía, Irak, Irán, Siria)

El Kurdistán es un territorio históricamente reclamado por el pueblo kurdo. Actualmente este territorio se encuentra dividido entre cuatro países. Se calcula que los kurdos son actualmente entre 40 y 50 millones, repartidos entre Turquía (más de 20 millones), Irán (13 millones), Irak (8 millones), Siria (poco menos de 2 millones) y Armenia (unos 100.000), aunque no existe un censo oficial. Se les considera el mayor pueblo del mundo sin un Estado y un territorio propio. Muchos kurdos viven también en la diáspora, sobre todo en Alemania, el Reino Unido y Suecia. Todos comparten una lengua y una cultura comunes, y la mayoría son musulmanes.

En el reparto de Oriente Medio que hicieron las potencias occidentales al término de la Primera Guerra Mundial, el territorio histórico del Kurdistán fue descuartizado entre los nuevos países. Los kurdos, fueron entonces obligados a “integrarse” y negados de existir como nación. Se les prohibió el desarrollo de su lengua, de sus costumbres y de su cultura.

En Turquía, la nación kurda no existe oficialmente y ha sufrido una brutal represión por el gobierno de Ankara. El movimiento independentista kurdo, organizado principalmente en la guerrilla del PKK, sufrió represalias brutales por parte del ejército turco. Se estima que la masacre sobre los kurdos dejó 37.000 muertos desde finales de los años ochenta. Actualmente, la represión policial y militar continúa, aunque cambiaron las condiciones geopolíticas en la región para la lucha del pueblo kurdo.

Históricamente, distintos países de la región o potencias extranjeras como EE.UU. o Gran Bretaña, han usado el problema kurdo como una herramienta para aplicar presión sobre Turquía, Irak o Irán en diferentes momentos. Han utilizado el separatismo kurdo como amenaza y luego traicionado a los kurdos, haciendo un acuerdo más amplio con el Estado en cuestión. El último ejemplo fue la represión de los levantamientos kurdos y chiitas por Saddam Husein, ante la mirada cómplice de EE.UU., después de la Guerra del Golfo de 1991. Se calcula que cerca de 182.000 civiles murieron entre 1986 y 1989 a causa de la ofensiva iraquí.

Tras el derrocamiento de Hussein a causa de la invasión de Irak liderada por EE.UU en 2003, el Kurdistán iraquí logró cierta autonomía, aunque en tensión permanente con las autoridades de Bagdad y bajo el control de Estados Unidos. Sin embargo, esta situación comenzó a cambiar desde el avance de las milicias yihadistas del Estado islámico en el norte de Irak y Siria.

Actualmente, los kurdos son la principal oposición militar situada en el terreno contra el avance de los militantes yihadistas. Sin embargo, este hecho no significa que los kurdos se encuentren más cerca de sus aspiraciones de independencia nacional.

Los Estados Unidos y otras potencias han armado a los peshmergas (guerrilleros kurdos) en el Norte de Irak, bajo las promesas de apoyar su reclamo histórico de un Estado propio, y se han transformado en uno de sus principales aliados en Oriente Medio, ubicándose como avanzada de su lucha contra el Estado islámico. Recientemente, también el parlamento alemán aprobó el pedido del gobierno conservador de Angela Merkel de armar a los kurdos del norte de Irak para enfrentar a los yihadistas en el norte de Irak.

Sin embargo, una solución definitiva para el oprimido pueblo del Kurdistán difícilmente pueda venir de los Estados Unidos, Alemania y el resto de las potencias capitalistas, acostumbradas a armar y desarmar “estados” de acuerdo a sus intereses estratégicos y geopolíticos.

Chechenia (Rusia)

Chechenia es una de las 21 repúblicas que formaban parte de la Federación Rusa. La mayoría de su población es de religión musulmana. Poco antes de la disolución de la ex Unión Soviética, proclamó su independencia.

Rusia reaccionó con una invasión militar y una primera guerra, que dejó más de 100.000 muertos, terminó en 1996. La Segunda Guerra Chechena comenzó en 1999 después de que guerrilleros chechenos atacasen el vecino Daguestán y tras que una serie de atentados en Rusia adjudicados a los chechenos, que causaron cientos de muertes.

La guerra comenzó cuando el primer ministro ruso Vladímir Putin ordenó al ejército ocupar las zonas fronterizas para impedir nuevas incursiones chechenas contra Daguestán, mientras comenzaba un demoledor ataque aéreo contra la república rebelde. Se estima que entre 80.000 y 100.000 chechenos murieron tras la ofensiva rusa.

Rusia utilizó métodos de tortura sistemática, violaciones, y represión generalizada contra la población chechena, que fueron condenados internacionalmente.

La independencia de Chechenia aún no ha sido reconocida por ningún estado.

Véneto (Italia)

El territorio histórico de la república independiente de Venecia, correspondiente en parte a la actual región italiana de Véneto, fue un verdadero imperio en su momento cumbre (siglos XV-XVI). En 1866 fue incorporado al Reino de Italia, tras pasar primero por las manos de Francia y después de Austria.

En un referendo de 2013 que se celebró por internet sin autorización oficial, por lo que no fue vinculante jurídicamente, el 89% de los residentes de esta región norteña de Italia votaron a favor de su independencia del Gobierno de Roma.

Los organizadores del referendo insisten en que 2,3 millones de personas votaron en el referéndum digital. Otras fuentes sin embargo, sitúan la cifra en 125.000 personas, lo que representaría menos del 4 por ciento del electorado.

Flandes y Valonia (Bélgica)

La Región Flamenca, o Flandes, es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con Valonia y la región de Bruselas (capital del Estado y de la propia Flandes).

En los últimos años, Bélgica se ha dividido crecientemente alrededor de la integridad territorial del país, entre 6.5 millones de personas de habla neerlandesa en el norte (Flandes) y 4.5 millones de habla francesa en el sur (Valonia).

El movimiento separatista está representado principalmente por el Partido Nacionalista Flamenco (N-VA), que se impuso en las elecciones federales el pasado mes de mayo. Este sector de los nacionalistas, no obstante, ha desistido recientemente en sus aspiraciones independentistas y se han centrado en la exigencia de más autonomía y competencias dentro de una Bélgica federal, demandando mejoras económicas medidas antiinmigración para "salvaguardar la identidad flamenca", con un claro sesgo conservador.

La tensión en Flandes y Valonia se enraíza en profundos conflictos culturales y económicos, ya que la primera región es más cercana a los Países Bajos y la segunda a Francia. En 2011, Bélgica marcó un nuevo record en el mayor tiempo en formar un gobierno, empujando a Irak al segundo lugar.

Recientemente, la conservadora Nueva Alianza Flamenca, que defiende una complete separación para los habitantes más ricos de Flandes, ha emergido como el partido más grande de Bélgica.

Otros

Existen muchos otros territorios donde hay movimientos separatistas o independentistas con cierta relevancia, o que no han sido reconocidos como Estados independientes por las Naciones Unidas: Kosovo (desde la declaración de independencia de Serbia, en 2008, 108 de los 193 países miembros de las Naciones Unidas han reconocido su independencia -Argentina está entre los que no lo hacen-); Yemen del Sur (Yemen); Osetia del Sur y Abjasia (en Georgia, reconocidos por Rusia); Transnistria (Moldavia); Bavaria (Alemania); Galicia (España); Gales (Reino Unido); Bretaña y Córcega (Francia); República Srpska (Bosnia-Herzegovina); Cerdeña y Trentino-Tirol del Sur (Italia); Groenlandia (Dinamarca); islas Shetland, Orcadas y Western Isles (Reino Unido); Islas Feroe (Dinamarca); Las Islas de Åland (Finlandia); La Región Autónoma de Bougainville (Papúa Nueva Guinea); Nagorno-Karabaj (Azerbaiyán); la Nación Mapuche (Chile); Xinjian, Macao y Hong Kong (China); Aceh (Indonesia); Baluchistán (Pakistán); Somalilandia (Somalía).







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