Política

A 33 AÑOS

El triunfo de Alfonsín y el progresismo que no fue

Hoy se cumplen 33 años de las elecciones del 83 que consagrarán el retorno a la democracia burguesa y el bipartidismo que se mantendrá hasta iniciados los 90.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Domingo 30 de octubre de 2016 | 00:05

La fórmula de Alfonsín se imponía a la del Partido Justicialista de Ítalo Luder y Deolindo Felipe Bittel, por 51.75% de los votos contra el 40.16%. En tercer lugar quedaba el Partido Intransigente que llevaba como candidatos al “Bisonte” Oscar Alende y Lisandro Viale con un lejanísimo 2.33%. El MAS y el PO, hicieron débiles elecciones en su debut como partidos legales a pesar de que esperaban el derrumbe definitivo del peronismo por la vía de una corriente socialdemócrata (MAS) o el pase de la base peronista al clasismo (PO).

Las elecciones de octubre de 1983 habían sido convocadas frente al derrumbe de la dictadura producto de la derrota militar en la guerra de Malvinas. Para evitar que la movilización popular contra los militares ajustara cuentas con los genocidas y derrocara su gobierno, la Junta Militar encabezada por el presidente de facto Reinaldo Bignone acepta el pedido de la Multipartidaria (integrada por el PJ, la UCR, el PI, el PDC y el MID) de que se le entregue el poder a un civil en octubre del 83. El 16 de diciembre de 1982, la Multipartidaria junto a la CGT, las organizaciones de derechos humanos y estudiantiles, y los demás partidos políticos, organizó una marcha masiva con este objetivo, en la que fue asesinado desde un automóvil Ford Falcón verde, Dalmiro Flores.

Los partidos patronales en Argentina llegaron a la campaña electoral arrastrando una activa colaboración con la dictadura. El dirigente radical Ricardo Balbín fue uno de los primeros en golpear las puertas de los cuarteles, según una expresión de época, pero no fue el único. Según denunció el Serpaj durante el Proceso de Reorganización Nacional, la Unión Cívica Radical colaboró con 310 intendentes, el Justicialismo con 169 intendentes, la Democracia Progresista con 109 intendentes, el Movimiento de Integración y Desarrollo con 94 intendentes, el PI con 4 intendentes y el Partido Socialista Democrático, que hoy es parte del Partido Socialista de Hermes Binner colaboró no solo con intendentes, sino que permitió que una de sus principales figuras, Américo Ghioldi fuera embajador en Portugal. Sin embargo, por la envergadura del genocidio y la profunda crisis que dejaron los militares, la dictadura preservó a los partidos tradicionales de la burguesía argentina como fuerza de recambio para salvar al conjunto del régimen burgués.

Alfonsín se impuso en las internas de la UCR como cabeza del Movimiento de Renovación y Cambio, contra la balbinista Línea Nacional que encabezaba Fernando De la Rúa. Mientras que con Alfonsín el radicalismo lograba un maquillaje progresista, el peronismo tenía al frente a una burocracia sindical que fue activa en la Triple A y los políticos del lopezrreguismo. Luder fue el autor de los decretos de aniquilación de la guerrilla en 1975 y Herminio Iglesias, candidato a gobernador bonaerense, un matón de la UOM y de las bandas de la derecha peronista en los setenta. Sus lazos con el pasado eran demasiado evidentes.

Alfonsín logro concitar el apoyo de un grupo de ex militantes guerrilleros reconvertidos en intelectuales académicos que levantaron la idea de que la democracia era un valor universal y elaboraron la teoría de los dos demonios que va a convertirse en doctrina de Estado de la nueva democracia argentina. Así Alfonsín denunció un supuesto Pacto militar-sindical, por el cual el peronismo garantizaba a los militares una Ley de Amnistía en caso de obtener la victoria en las urnas, mientras el hombre del radicalismo prometía el juicio a los militares. E hizo del slogan con “la democracia se come, se educa y se cura” uno de sus ejes de campaña. De esta manera el radicalismo logró aparecer como la oposición contra la dictadura y garante de la paz social frente a un peronismo que aparecía como comprometido con la impunidad a los militares genocidas. El telón de fondo de la campaña era una extraordinaria primavera democrática que movilizaba a miles en las calles y nutría las filas de los partidos políticos de militantes.

Los actos de cierre de campaña de la UCR y el PJ fueron coronados con gigantescas movilizaciones de adherentes. Mientras Herminio Iglesias quemaba en el palco un ataúd con la bandera de la UCR, Alfonsín recitaba el Preámbulo de la Constitución de 1853. Su asunción en diciembre del 83, fue acompañada por una movilización gigantesca.

La victoria de octubre de 1983 alentó en el radicalismo la expectativa de poder superar definitivamente al peronismo y, poco después, Alfonsín lanzará la idea de un Tercer Movimiento Histórico, de tintes socialdemócratas. Pero poco tardó el alfonsinismo en abandonar sus promesas progresistas y desilusionar a las clases medias que masivamente le habían dado su apoyo poniendo fin a la primavera democrática que lo había coronado. Lejos de combatir a las corporaciones les cedió en todo.

El Juicio a las Juntas que solo condenó a las cabezas visibles de la dictadura y las leyes del perdón dejaron impunes a la mayoría de los genocidas. Su política frente a la miseria social fue alentar un clientelismo que se mostró además inútil y corrompido con las famosas cajas PAN, entregó la educación a los curas en el Congreso Pedagógico y el Plan Austral significó un terrible ajuste contra los salarios de los trabajadores argentinos con la finalidad de cerrar las cuentas para pagar la deuda externa.

El 30 de octubre de 1983, los grandes grupos económicos capitalistas que se habían erigido como dominantes durante la dictadura genocida, no se preocuparon, sino que celebraron el retorno a la democracia que iniciara la fase de gobiernos civiles que seguirán garantizando su poder de mando en la sociedad argentina.







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