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Política social: treinta años de pobreza

Los programas sociales en México no logran mover el índice de pobreza durante los últimos treinta años. Hoy son más de 7 millones de mexicanos los que viven con carencias.

Diana Valdez

México D.F. / @yellikann

Martes 7 de octubre de 2014 | Edición del día

Imagen: Web

En México se destina un presupuesto de 1 billón 041 mil 183.13 millones de pesos a los planes y programas sociales. En México se destina un presupuesto de 1 billón 041 mil 183.13 millones de pesos a los planes y programas sociales que desde las instituciones pretenden acabar con la pobreza. Sin embargo en los últimos treinta años los niveles de pobreza no han cambiado: el desempleo ha aumentado en 36% y el salario pierde su capacidad de compra.

En el balance presentado por la Secretaría de Desarrollo Social se muestran cifras sobre los programas sociales que funcionan hoy en todo el país. La “Cruzada nacional contra el hambre” y el programa recién renovado “Prospera” –antes “Oportunidades” – fueron el centro de atención en las declaraciones hechas por la titular Rosario Robles.

La secretaria reconoció que las condiciones de pobreza en el país son preocupantes y no han cambiado mucho en los últimos treinta años: “Esta política social atiende una primera realidad: la dinámica de la pobreza en México, que no se ha modificado sustancialmente en las últimas décadas… la pobreza en nuestro país se mantiene prácticamente igual”.

La historia detrás del programa “Prospera”

El programa estelar para combatir la pobreza en el país se anunció durante el segundo informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto con el nombre de “Prospera”.

El nombre es nuevo; sin embargo, durante décadas este programa ha tomado diferentes formas y nombres. Desde la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), estos programas han sido modificados y utilizados según la conveniencia del gobierno federal en turno.

En su toma de protesta Carlos Salinas de Gortari anunció la puesta en marcha del programa: “Solidaridad”, un programa criticado por sus tintes clientelares y la corrupción interna.

Ernesto Zedillo (1994-2000) modificó algunas reglas de operación y lo llamó “Progresa”. Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012) –ambos presidentes por el Partido Acción Nacional– implementaron “Oportunidades” como programa estelar en la lucha contra la pobreza.

El “nuevo” programa “Prospera” fue presentado con incorporaciones sobre los temas financiero y de producción. Se facilitarán los créditos y se incentivará el ahorro con el objetivo de que sea el consumo de las familias el que salve a la economía nacional.

La “Cruzada Nacional Contra el Hambre”

Hace 22 meses, en junio de 2012 ENP lanza la Cruzada Nacional Contra el Hambre como respuesta a la recomendación de la ONU de tomar cartas en el asunto alimentario.

Más de 50% de la población vivía con altas carencias de alimentación según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Hoy son más de 7 millones de mexicanos los viven en pobreza alimentaria.

En la “cruzada” fueron incorporadas grandes empresas multinacionales de la talla de Pepsico y Nestle –a las que se les permitió deducir impuestos a cambio de distribuir comida chatarra–. Fue utilizada como logo publicitario y después de dar numerosas cifras inmediatas la campaña se enterró durante meses.

El programa fue utilizado con fines electorales durante el 2013 y su ineficiencia para cambiar de fondo la situación de los mexicanos dejó al descubierto su mala planificación y la corrupción que existe en su interior.

Las alianzas con empresarios importantes y las estadísticas inmediatas ayudarían a mejorar la cara del golpeado sexenio de Enrique Peña Nieto, pero no a solucionar el problema de raíz, la pobreza.

La otra cara del problema

Mientras el gobierno federal con una mano presenta renovados los programas sociales, con la otra implementa reformas que han llevado a la población mexicana a la precarización laboral y altos niveles de desempleo. El salario se mantiene como el más bajo de la OCDE y la seguridad social es un privilegio.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo: “63.7% de la población ocupada se encuentra sin acceso a condiciones de salud y 38.3% gana entre uno y dos salarios mínimos”. Mientras tanto, son 6 millones de mexicanos los que se emplean en condiciones precarias.

Por su parte el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM afirma que existe una tasa de desempleo de 15.2% y que son casi 9 millones de mexicanos los que están desempleados. La mayor parte de la población no cuenta con estabilidad laboral ni seguridad social y 57% de los empleos creados en el último año son informales.
El paquete de reformas estructurales implementadas en el país desde 2012 abona a agudizar la situación. La economía mexicana se encuentra estancada y las trabajadoras y los trabajadores son quienes están sufriendo las consecuencias, a pesar de los programas sociales.

La contradicción aparece cuando vemos que es el mismo gobierno el que implementa tanto los programas como las reformas. El problema de fondo es manipulado a favor de los grandes empresarios –reduciendo sus obligaciones como empleadores–, y a la gran mayoría de la población se le retocan las estadísticas sobre pobreza y alimentación con programas asistencialistas que no mejoran las condiciones de vida.
] que desde las instituciones pretenden acabar con la pobreza. Sin embargo en los últimos treinta años los niveles de pobreza no han cambiado: el desempleo ha aumentado en 36% y el salario pierde su capacidad de compra.

En el balance presentado por la Secretaría de Desarrollo Social se muestran cifras sobre los programas sociales que funcionan hoy en todo el país. La “Cruzada nacional contra el hambre” y el programa recién renovado ” –antes “Oportunidades” – fueron el centro de atención en las declaraciones hechas por la titular Rosario Robles.

La secretaria reconoció que las condiciones de pobreza en el país son preocupantes y no han cambiado mucho en los últimos treinta años: “esta política social atiende una primera realidad: la dinámica de la pobreza en México, que no se ha modificado sustancialmente en las últimas décadas… la pobreza en nuestro país se mantiene prácticamente igual”.

La historia detrás del programa “Prospera”

El programa estelar para combatir la pobreza en el país se anunció durante el segundo informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto con el nombre de “Prospera”.

El nombre es nuevo; sin embargo, durante décadas este programa ha tomado diferentes formas y nombres. Desde la presidencia de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), estos programas han sido modificados y utilizados según la conveniencia del gobierno federal en turno.

En su toma de protesta Carlos Salinas de Gortari anunció la puesta en marcha del programa: “Solidaridad”, un programa criticado por sus tintes clientelares y la corrupción interna.

Ernesto Zedillo (1994-2000) modificó algunas reglas de operación y lo llamó “Progresa”. Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012) –ambos presidentes por el Partido Acción Nacional– implementaron “Oportunidades” como programa estelar en la lucha contra la pobreza.

El “nuevo” programa “Prospera” fue presentado con incorporaciones sobre los temas financiero y de producción. Se facilitarán los créditos y se incentivará el ahorro con el objetivo de que sea el consumo de las familias el que salve a la economía nacional.

La “Cruzada Nacional Contra el Hambre”

Hace 22 meses, en junio de 2012 ENP lanza la Cruzada Nacional Contra el Hambre como respuesta a la recomendación de la ONU de tomar cartas en el asunto alimentario.

Más de 50% de la población vivía con altas carencias de alimentación según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Hoy son más de 7 millones de mexicanos los viven en pobreza alimentaria.

En la “cruzada” fueron incorporadas grandes empresas multinacionales de la talla de Pepsico y Nestle –a las que se les permitió deducir impuestos a cambio de distribuir comida chatarra–. Fue utilizada como logo publicitario y después de dar numerosas cifras inmediatas la campaña se enterró durante meses.

El programa fue utilizado con fines electorales durante el 2013 y su ineficiencia para cambiar de fondo la situación de los mexicanos dejó al descubierto su mala planificación y la corrupción que existe en su interior.

Las alianzas con empresarios importantes y las estadísticas inmediatas ayudarían a mejorar la cara del golpeado sexenio de Enrique Peña Nieto, pero no a solucionar el problema de raíz, la pobreza.

La otra cara del problema

Mientras el gobierno federal con una mano presenta renovados los programas sociales, con la otra implementa reformas que han llevado a la población mexicana a la precarización laboral y altos niveles de desempleo. El salario se mantiene como el más bajo de la OCDE y la seguridad social es un privilegio.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo: “63.7% de la población ocupada se encuentra sin acceso a condiciones de salud y 38.3% gana entre uno y dos salarios mínimos”. Mientras tanto, son 6 millones de mexicanos los que se emplean en condiciones precarias.

Por su parte el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM afirma que existe una tasa de desempleo de 15.2% y que son casi 9 millones de mexicanos los que están desempleados. La mayor parte de la población no cuenta con estabilidad laboral ni seguridad social y 57% de los empleos creados en el último año son informales.
El paquete de reformas estructurales implementadas en el país desde 2012 abona a agudizar la situación. La economía mexicana se encuentra estancada y las trabajadoras y los trabajadores son quienes están sufriendo las consecuencias, a pesar de los programas sociales.

La contradicción aparece cuando vemos que es el mismo gobierno el que implementa tanto los programas como las reformas. El problema de fondo es manipulado a favor de los grandes empresarios –reduciendo sus obligaciones como empleadores–, y a la gran mayoría de la población se le retocan las estadísticas sobre pobreza y alimentación con programas asistencialistas que no mejoran las condiciones de vida.







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