Internacional

ENTREVISTA (PRIMERA PARTE)

Pietro Basso: “Las emigraciones son siempre forzadas”

Entrevistamos a Pietro Basso, destacado sociólogo italiano que investiga el fenómeno de las migraciones internacionales. En esta primera parte, presentamos los tramos de la entrevista referidos a las causas y características de la actual crisis migratoria, su relación con la crisis del capitalismo y la política de los estados europeos.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Martes 29 de septiembre de 2015 | Edición del día

Foto: Università Ca’Foscari Venezia

¿Cuáles son las causas de la actual crisis migratoria?

La causa inmediata es el progresivo y concomitante colapso de países enteros del Medio Oriente y del África árabe y negra bajo el peso insostenible de las guerras: guerras civiles y procesos de empobrecimiento, que están en curso desde hace años. En Siria, hoy, según datos de la ONU, 7, 6 millones de evacuados (sobre una población de poco más de 20 millones de habitantes), el 80% de la población vive en condiciones de pobreza, las principales ciudades están semi-destruidas y las principales actividades productivas del país están casi demolidas. En Irak, un país que Estados Unidos y Europa están devastando y disgregando desde hace un cuarto de siglo, en modo directo e indirecto, la situación es igualmente trágica. Por no hablar de Libia, Palestina, Yemen y Afganistán. También en vastas zonas del África oriental (Eritrea, Etiopía, Somalía, Sudán) y occidental (Mali, Costa de Marfil, Senegal, etc.) se ha vuelvo difícil incluso sobrevir. Para el que puede, la huida hacia Europa queda como la única posibilidad de tener un futuro: huir o morir.

Desde estos países han llegado a Europa en 2015 cerca de un millón de refugiados, con un fuerte crecimiento respecto de los años precedentes. Estos refugiados se han ido uniendo al “normal” movimiento migratorio hacia Europa (y dentro de Europa del Este hacia el Oeste y desde el Sur hacia el Norte), que está en curso desde muchas décadas.

Tu estudiaste el crecimiento exponencial de las migraciones internacionales entre 1950 y 2010, señalando que en los próximos 35 años los emigrantes a escala internacional podrían pasar de 230 millones en la actualidad a 400 millones. ¿Lo que está ocurriendo ahora en Europa, es parte de la misma dinámica o implica un cambio significativo?

Es seguramente parte de la dinámica de conjunto de crecimiento de las migraciones a escala mundial, pero al mismo tiempo señala un cambio dentro de esta dinámica. El crecimiento de las migraciones internacionales se debe a causas estructurales de largo plazo. Las principales son:

1) La desigualdad de desarrollo producida por el colonialismo y el neo-colonialismo, que han dividido el mundo en países ricos y países pobres. 2) La violenta presión del capital y las multinacionales del agrobusiness sobre la agricultura de los países de Asia, África, América Latina, que está echando del campo enormes masas de campesinos pobres y trabajadores rurales. 3) El endeudamiento forzado de estos países. 4) La cadena infinita de las guerras “locales”, relacionadas directamente o por procuración, con los estados europeos y los Estados Unidos (a su vez es necesario no olvidar la sistemática y periódica masacre de Gaza por parte de Israel). 5) El desastre ecológico.

La crisis que estalló en 2008 ha exasperado todos estos procesos. En vastas áreas del Sur del mundo no se puede vivir más. Es imposible tener un vida digna. Es por esto que masas crecientes de trabajadores y trabajadoras, son forzadas a emigrar.

Al interior de esta dinámica de largo plazo, lo que está ocurriendo ahora en Europa indica el peso creciente de las guerras y de las guerras civiles en la producción de emigrantes. Estos por lo general son etiquetados como “refugiados” o “demandantes de asilo” para distinguirlos de los llamados “emigrantes económicos”.

A mí esta distinción no me agrada en absoluto. Porque las emigraciones, sean causadas por factores económicos, políticos, militares, culturales o a menudo por un mix de estos factores, son siempre emigraciones forzadas. Nadie deja “voluntariamente”, alegremente, su lugar de nacimiento. Por eso, prefiero hablar de emigrantes y no de migrantes, para destacar sobre todo que no se proviene de ningún lado, sino de un preciso contexto socio-cultural y nacional, y en segundo lugar que si lo he dejado es porque me he visto forzado a dejarlo. Si bien se ha vuelto de uso corriente hablar de migrantes, concuerdo con A. Sayad en decir que los humanos no son jamás migrantes (como los pájaros) sino siempre emigrantes e inmigrantes, puesto que los emigrantes, cualquiera sea la conciencia que tengan, despues de haber sido desgarrados de su propia tierra de origen, buscan un nuevo lugar en el cual radicarse.

Dicho esto, es evidente que las guerras y las guerras civiles en curso en la amplia franja que va desde Liba hasta Afganistán y desde Costa de Marfil al Cuerno de África han alcanzado una intensidad devastadora. Esta intensidad se debe a su creciente internacionalización, a la feroz competencia, sin exluir golpes de estado, entre las viejas potencias coloniales y los nuevos actores regionales para quedarse con el dominio de estas áreas. Con esto no pretendo excusar a ninguno de los gobiernos locales, todos enemigos de sus propias poblaciones, sino solamente destacar que en estos trágicos eventos la responsabilidad en última instancia es de los grandes poderes del capital global.

En este momento se habla mucho de los refugiados sirios, pero no son los únicos emigrantes hacia Europa ¿Cuál es la actual composición de los emigrantes?

Es cierto, en las últimas semanas se ha hablado mucho de los sirios. La razón no es en modo alguno “humanitaria”. Se relaciona, por el contrario, con la división de los despojos de Siria, que muchos ambicionan: los divesos estados europeos en lucha entre sí y los Estados Unidos, también Turquía, Arabia Saudita, Irán, Rusia. Con la súbita y bien propagandizada “apertura” a los refugiados sirios, la canciller alemana Merkel ha lanzado una subasta sobre los futuros activos de Siria deplazadando a Gran Bretaña y Francia, que desde hace años han apostado todo a la opción militar y la caída de Assad. Se han dado muchas pequeñas pero significativas manifestaciones de solidaridad popular hacia estos refugiados en Alemania y Austra, pero si el “caso” de los refugiados sirios ha tenido tanta reprecusión en los medios masivos, esto se debe a evidentes cálculos de potencia. Y al hecho de que en Siria hay en curso una emigración compuesta en buena medida de personas pertenecientes a los sectores medios, más que a los proletarios; y esto es tentador para las empresas alemanas en busca de personal calificado, que al momento y sobre todo en perspectiva, escasea. Pero, como ya he dicho, la emigración de los últimos meses hacia Europa (occidental y balcánica) no está en abosoluto compuesta solamente de sirios, ni siquiera principalmente de sirios, comprende muchos y muchas emigrantes que no huyen de zonas de guerra o de guerra civil.

En un artículo publicado hace algunas semanas por la Universidad de Campinas, decías que las cumbres de los países europeos sobre la crisis de la inmigración, son pantomimas que prefiguran guerras, ¿por qué?

Hablé de “pantomimas” porque por algunos meses los gobiernos de la Unión Europea han hecho encuentros sobre encuentros para decidir la recolocazión de 20. 000 refugiados.

Me parece ridículo ese número y los hechos me han dado rápidamente la razón: a pocas semanas, Merkel ha declarado que solamente Alemania está lista para acoger en 2015, 800.000 refugiados (cuatro veces más que en el 2014), incluso un millón según el ministro de industria alemán.

Al mismo tiempo, he denunciado la insoportable hipocresía de estos encuentos que transmiten a la opinión pública europea el siguiente mensaje: “Los refugiados son un costo que no podemos soportar”. También sobre ese aspecto ha sido claro el gobierno alemán con su vice-premier socialdemócrta Gabriel, que el 10 de septiembre pasado declaró frente al Parlamento alemán: “Los refugiados sirven como mano de obra [a bajo costo, agrego yo]. Si logramos integrar rápidamente a los refugiados en el mundo del trabajo, resolvemos uno de los mayores problemas para el futuro económico del país: la falta de personal calificado”. Y ha explicado que de aquí al 2030, dada la bajísima tasa de natalidad alemana, faltarán en el mercado laboral alemán cerca de 6 millones de trabajadores, por lo que si fueran menos los inmigrantes, los nuevos inmigrantes, estaría “en peligro no sólo el sistema de las empresas, sino también el bienestar general de la sociedad”; estaría en riesgo, por ejemplo, el sistema jubilatorio entero.

Entendámonos, no en todos los países europeos el mercado de trabajo tiene la mimsa posibilidad de absorción que el alemán. Pero en un modo u otro la fuerza de trabajo inmigrada es usada por los estados y las empresas europeas para comprimir el costo de la fuerza de trabajo. En Italia, por ejemplo, en los úlitmos meses la llegada de refugiados ha sido usada por las Comunas y Regiones para experimentar y dar legitimidad a formas de trabajo enteramente gratuito. En Novara, Udine, Rovereto, Livorno, Firenze, Prato, Cesena, Vittorio Veneto, Treviso, Reggio Emilia, Este, Bari, Reggio Calabria, etc., los refugiados que piden asilo, ha sido empleados gratuitamente en trabajos de utilidad pública, casi siempre de policía. Esto lo propuso el ministro del interior Alfano: “En vez de hacerlos estar ahí y no hacer nada, los hacemos trabajar... tenemos que pedirle a las Comunas que apliquen una circular nuestra [del 27 de noviembre de 2014] que permite hacer trabajar gratis a los migrantes”. También ha sido claro el gobernador de Toscana, Rossi: “A cambio de la acogida, debe estar la disponibilidad [de parte de los refugiados] a prestar actividad de carácter voluntario [!] al servicio de la comunidad”. De este modo, los refugiados son utilizados para normalizar, también para los autóctonos, la forma más extrema de precariedad: el trabajo gratuito.

Viendo lo que ocurre en Hungría, surge la pregunta de por qué los gobiernos europeos tienen distintas políticas frente a los inmigrantes...

Porque hay situaciones objetivamente muy diferenciadas entre los distintos países. Los países del área germánica, de sur (Austria) a norte (Holanda, etc.), han hecho un bloque con Alemania, pero pretenden que alguna actividad prelimilar de selección de los emigrantes [o sea de la mano de obra] sea realizada por los países de frontera, en particular Italia, Grecia, los países balcánicos, Hungría. Los cuales, a su vez, reclaman que se deje de lado el reglamento de Dublín que impone a los que piden asilo quedarse en el primer país europeo en el cual hayan entrado, o sea precisamente en los países del Sur y del Este que tienen menor capacidad de absorción y no quieren comprometerse en la organización de la actividad de selección de los refugiados por cuenta de otros estados. La oposición de los países del Este de Europa es también un modo de presionar para obtener fodos en efectivo por estas actividades, pero para los gobiernos de esos países es sobre todo un modo de canalizar contra el “enemigo externo” el profundo descontento de los trabajadores por una condición material en muchos casos dramática.

¿Deberíamos distinguir entonces entre una Europa abierta y amigable (la del área germánica) y una Europa cerrada y hostil a los emigrantes-inmigrantes (la del Este y el Sur)?

¡Absolutamente NO! Se ha comentado poco, pero en las últimas semanas en Calais, a la entrada del euro-túnel, en Hungría, Grecia, Italia, Austria, Serbia, Croacia, Macedonia, ha habido vibrantes protestas de los emigrantes, con muertos y heridos, precisamente mientras muchos de ellos perdían la vida en el Mediterráneo y en el camión usado para su trasnporte “clandestino” en Austria. Frente a estas protestas, la Europa “democrática” y “civilizada” corría riesgo de perder prestigo frente a todo el mundo. Esto lo intuyó primero que nadie Merkel, haciéndose paladina de una política de “acogida”, pero -¡atención!- una política de “acogida” reservada solamente a los refugiados sirios. Y justo diez días después, ha propuesto la suspensión de Schengen, esto es la suspensión de la libre circulación en Europa, por temor a una llegada incontrolada de emigrantes a Alemania.

El punto es este: Una vasta franja de países africanos, de medio oriente y asiáticos están hundiéndose en un caos de inmensas proporciones que producirá, por lo menos durante veinte años (lo ha previsto el Pentágono), el crecimiento de los movimientos migratorios hacia Europa. Y Europa, en tanto fuerza de primera fila del capital global, ha contribuido en modo determinante a generar este caos, pero no puede garantizar a la masa de estos inmigrantes trabajo, casa, escuela, beneficios sociales, una vida digna – porque se está hundiendo en una crisis en la cual incluso sus trabajadores autóctonos sufren la desocupación, la precariedad, los recortes a los benificios sociales, etc. Se trata de una contradicción irresoluble, destinada a profundizarse.







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