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CRISIS POLÍTICA

Manifestantes destruyen cámaras de reconocimiento facial en Hong Kong

Durante un nuevo fin de semana de protestas los manifestantes, que piden la renuncia de la jefa de Gobierno de Hong Kong, destruyeron las cámaras de reconocimiento facial y fueron reprimidos por la Policía.

Lunes 26 de agosto | 12:03

El sistema de reconocimiento facial se ha convertido en una de las principales armas de las fuerzas represivas en Hong Kong para monitorear las protestas y reconocer a los manifestantes. Es por esto que durante las últimas semanas se vieron imágenes de manifestantes usando punteros laser y linternas intermitentes, para intentar bloquear los sistemas de reconocimiento facial que utiliza la Policía y también para apuntar a sus rostros cuando intentan disparar gases para dispersar las protestas.

Durante el último mes las fuerzas represivas y el Gobierno de Hong Kong intentaron poner restricciones a su uso, considerandola un arma ofensiva e incluso detuvieron al dirigente del sindicato de estudiantes por tener en su poder una decena de esos punteros laser durante una de las marchas.

Este fin de semana las imágenes fueron diferentes y ya mostraron a algunos de los manifestantes saboteando o tirando abajo los postes en los que se encuentran las cámaras de reconocimiento facial. A pesar de que el Gobierno local dice que solo son de prueba y que van a servir para el lanzamiento de la red 5G, los manifestantes están seguros que son utilizadas por las fuerzas represivas para hacer reconocimiento de los manifestantes y utilizarlo posteriormente en acusaciones y juicios en su contra.

Por su parte, la Policía respondió a las marchas del fin de semana utilizando por primera vez desde hace tres meses cañones de agua para dispersar a los manifestantes.

La marcha más multitudinaria arrancó el domingo después del mediodía y ya antes de comenzar provocó incidentes, porque inicialmente fue prohibida por la Policía pero luego autorizada, después de que los organizadores se comprometieran a mantener un recorrido acordado.

Sin embargo, aunque estaba previsto que la marcha continuara con una concentración en un parque, una hora después algunos manifestantes comenzaron a armar barricadas, lo que fue respondido por la Policía antidisturbios con una brutal represión con gases lacrimógenos y cañones hidrantes.

Además la Policía disparó por primera vez un tiro de advertencia al aire, hecho que no ocurría desde que comenzaron las manifestaciones hace doce fines de semana.

El sábado, un total de 29 personas fueron detenidas tras haber participado en una marcha de protesta en la que también se sucedieron episodios violentos.
Los detenidos son acusados de "reunión ilegal, posesión de armas ofensivas y agresión a agentes" de Policía.

La situación ha venido escalando y se ha tornado tan tensa que este fin de semana también hubo una marcha de familiares de policías para pedir al Gobierno que no utilice a la Policía como "chivo expiatorio" para solucionar el conflicto sino que apueste por el "diálogo político".

Aunque la realidad es que el "diálogo político" parece estar cada vez más lejos. A pesar del paso del tiempo, de la represión y de las amenazas de Beijing de enviar al territorio semiautónomo de la isla al Ejército, las manifestaciones siguen siendo numerosas y piden la caída de la jefa de Gobierno de Carrie Lam, con relaciones directas con China continental.

Las multitudinarias protestas callejeras, que están suponiendo la mayor crisis política en décadas en Hong Kong, se han sucedido desde principios de junio y algunas de ellas han terminado en violentos enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes.

Cuando las protestas comenzaron, los ciudadanos mostraban su rechazo a un proyecto de ley de extradición presentado por las autoridades locales que permitiría la entrega de sospechosos a jurisdicciones sin acuerdos previos como la China continental, algo que los opositores al texto consideran como el fin de las garantías judiciales que ofrece el sistema hongkonés.

Pero las manifestaciones han ido evolucionando en las últimas semanas hacia demandas más amplias sobre los mecanismos democráticos de la isla de Hong Kong, una región administrativa especial de China desde que dejó de ser colonia del Reino Unido, en 1997 mediante un acuerdo entre Pekín y Londres.

Las protestas muestran el rechazo a lo que se considera una creciente influencia de China sobre los asuntos de la isla, donde rige la separación de poderes, aunque el Ejecutivo es elegido por un Comité Electoral y luego designado por el Consejo de Estado chino.

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