Juventud

“Lucha de clases”: su sola mención genera temor en China

Viernes 10 de octubre de 2014 | Edición del día

En momentos que la juventud de Hong Kong se ha rebelado, que el eco de este movimiento puede retumbar en otras zonas calientes de la periferia china como Xianjiang, y en el marco del aumento constante de las luchas obreras, un debate interno al seno del Partido Comunista Chino (PCCh) explota públicamente a días de una reunión clave.

El Manuscrito Bandera Roja, un bimensual editado por la revista Qiushi del Partido Comunista, publicó a fines de septiembre un artículo de Wang Weiguang, director de la Academia China de Ciencias Sociales (ACCS). En su comentario, dirigido a defender la doctrina del partido, Wang sostuvo que "la lucha de clases no puede nunca ser extinguida en China".

Rápidamente, al otro día, el diario dirigido por el estado, Global Times, salió al cruce diciendo que la idea de Wang no debe ser vista como la línea del partido. Pero aceptó que la lucha de clases no se había superado, aunque las tensiones ahora se están resolviendo a través del marco de la ley y los tribunales.

Una semana más tarde, llegó un ataque más virulento: el partido cometió un "error izquierdista" mediante la adopción de la lucha de clases como su filosofía guía, un error que condujo a la tumultuosa Revolución Cultural y detuvo el desarrollo económico del país, de acuerdo con el comentario publicado por el Study Times.

"No habríamos conseguido nuestros logros si no hubiéramos corregido los errores izquierdistas y cambiado nuestro enfoque," dice el mismo artículo, citando un comentario del líder supremo Deng Xiaoping, dicho en 1985.

Este debate sobre si la lucha de clases sigue existiendo en China continental ha sido bautizado con el lema "Un partido, dos publicaciones”. Es que la disputa ideológica contrapone a dos publicaciones líderes del partido, Qiushi (“Buscando la Verdad”), la revista teórica del partido, y Study Times, una producción clave de la Escuela Central del Partido.

La primera es conocida por sus visiones más conservadoras, mientras la segunda fue haciéndose una visión más liberalizadora. Lo que es nuevo e irónico es que justo antes de una reunión crucial de la dirección -el cuarto pleno del partido en Pekín el 20 al 23 de octubre- y en la cual se discutirán temas que afectan el futuro del país, esos puntos de vista opuestos salgan a la luz.

Creciente crisis de legitimidad del Partido Comunista

Cuando en 1978 Deng Xiaoping, el líder de la reforma pro capitalista china, comenzó el giro pro capitalista luego de la muerte de Mao en 1976, este prefirió no atacar la teoría de este último por temor a que al hacerlo dañaría la imagen del partido y su legitimidad para gobernar.

De forma pragmática ridiculizó el eslogan promovido por la Revolución Cultural de los años ’60, que señalaba que “es mejor ser pobres bajo el socialismo, que ricos bajo el capitalismo”, con su famoso "No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato", que desde entonces se hizo su marca de fábrica.

Pero jamás desde ese entonces, a pesar de los avances en el carácter capitalista de la economía y el estado, hubo el menor intento de hacer una revisión abierta de la ideología del PCCh. Dicho de otra manera, la burocracia pro capitalista de Pekín y su régimen autoritario no se fundamentan detrás de una ideología, sino en el más puro pragmatismo, que tan bien sintetizara la fórmula de Deng.

La cuestión, es que con la reducción del crecimiento y los signos evidentes de agotamiento del modelo chino, la multiplicación de conflictos cada vez más explosivos en los lugares de trabajo, la lucha de los campesinos por sus derechos, el problema con la periferia desde Hong Kong, pasando por Taiwán, el Tíbet o lo uigures de Mongolia interior, es cada vez más probable que en el futuro sea cada vez más difícil “cazar los ratones”.

Este es el trasfondo de la polémica que ha estallado y que pone de relieve las dificultades para el Partido Comunista en el restablecimiento de su legitimidad en el marco que las condiciones políticas y económicas que lo justificaban han cambiado.

Frente a este vacío ideológico, Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, en los dos años desde que se convirtió secretario general, ha puesto en marcha sendas campañas ideológicas y anti-corrupción para "purificar" el partido y justificar su monopolio político de la nación más poblada del mundo.

Pero como vemos, los obstáculos reales (y su reflejo ideológico) al dominio de la burocracia pro capitalista de Pekín, van a en aumento, aunque sean de forma distorsionada en la disputa de los dos órganos del PCCh.

Es que como comenta el South China Morning Post, “El termino sigue siendo potente y columnistas y blogueros lo llevaron a WeChat y microblogs con comentarios agudos. ‘¿Estoy soñando? ¿Por qué el director de la ACCS [Academia China de Ciencias Sociales] se atreve a encender la antorcha de la ‘lucha de clases’ de las profundidades del infierno?’, dijo Lang Yaoyuan, un comentarista independiente influyente”.







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