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Los “minutos de silencio” hacen cada vez más ruido

En el marco de la movilización contra el tarifazo del 16 de septiembre, la agrupación nacional de mujeres Pan y Rosas desplegó la bandera de justicia por David Ramallo.

Bárbara Acevedo

Enfermera | Hospital Garrahan @acevedo_bar

Martes 20 de septiembre de 2016 | Edición del día

Pan y Rosas grita ¡David Ramallo presente! - YouTube

El 9 de septiembre por la mañana llega una noticia de la línea 60. Un trabajador había sido aplastado por un colectivo, estaba internado en grave estado, en el hospital Penna. La nueva cabecera se había inaugurado hacia algunos días. Era conocida por todos la intención de Dota, de alejar a los trabajadores y las organizaciones solidarias, del puente de hierro, ese que fue testigo de la lucha de los 42 días. Mudan todo, a las apuradas, a un lugar que no tiene las condiciones básicas de seguridad, desoyendo las denuncias de los trabajadores.

Duró poco la esperanza de recibir noticias de la mejoría del compañero. Demasiado pronto llegó la muerte de David Ramallo.

A pocas cuadras de allí, unos días antes nomás, murió Cecilia Ferreyra, enfermera del Hospital Garrahan. La mató la negligencia de la ART Prevención, luego de una lesión en el tobillo. Muere el 14 de agosto, con 34 años y dos hijos. Tenía entrada para ver los Guns and Roses, un mes después.

Tanto en las marchas que realizamos en el hospital, como en cada asamblea de la 60, en la cabecera de Maschwitz y en la de Barracas, en algún momento se proponía un "minuto de silencio". Una forma de guardar respeto, en un mismo momento, todos juntos. Pero ese minuto de respeto, memoria, dolor y bronca, siempre hizo ruido.

Una patronal como Monsa - Dota, con miedo a la organización obrera, huye de las cabeceras, no se anima siquiera a intentar engañar a la familia de David, no los llama, no disimula. A minutos de conocerse el peor desenlace, los trabajadores todavía tenían sus uniformes manchados, al haber intentado ayudar a su compañero, en su agonía. Y los jefes salían de sus oficinas mostrando sus mejores sonrisas. Con la impunidad que da el poder y el dinero, estos asesinos salían de su cueva, cuidados por la policía y la prefectura. Es que las patronales utilizan todo el aparato del estado, para evitar ser juzgados por sus crímenes seriales.

Con total cinismo, Monsa - Dota saca una solicitada contra los compañeros de David y su Cuerpo de Delegados. Inmediatamente, decenas de organizaciones sociales, sindicales y políticas firman una solicitada en respaldo al pedido de justicia, en repudio del comunicado de la patronal y la inacción de la burocracia. El Ministerio de Trabajo, cómplice, dicta conciliación obligatoria, una "paz social" impuesta con causas penales y amenazas de suspensiones. Este modus operandi es habitual en este tipo de asesinos. Pero por los mismos entramados de poder y dinero, los medios de comunicación no piden justicia por mano propia, ni el linchamiento de los responsables de las muerte obreras. Eso es sólo contra los pobres. Ante la desidia y brutalidad patronal, se le exige al trabajador resignarse. De lo contrario se les pone el mote de "vándalos" y "violentos".

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Podríamos construir una ruta de millones de pancartas, con los nombres de los trabajadores por quienes exigimos justicia. No sólo por las muertes más aberrantes, sino también las cotidianas y silenciadas, las producidas por las condiciones de trabajo. Tal es así en gremios como Salud o UTA. Enfermedades laborales no reconocidas como tales, cuerpos jóvenes envejecidos, sectores que casi no tienen jubilados, mueren antes. Son todos caídos propios, de todos los trabajadores. A decir verdad, es la insalubridad laboral, la mayor fuente de ganancia capitalista, la salud obrera como insumo más barato.

Por esa ruta seguimos marchando, organizados. La lucha irrenunciable por justicia por todos los David, por todas las Cecilias, uno tan propio como la otra. Los "minutos de silencio" hacen cada vez más ruido, en las calles.

Pero el objetivo no sólo es vengar nuestros muertos, sino que no pase nunca más, frenarle la mano a las patronales. Mientras tanto, podemos conquistar mejoras en las condiciones laborales, producto de la lucha. Pero es sólo un paso hacia conquistar el derecho a no dejar la vida en el trabajo. La campaña por las 6 horas de trabajo y contra las condiciones insalubridad, que ya empezaron chóferes de distintas líneas, es en ese camino una gran bandera a tomar por trabajadoras y trabajadores de todos los sectores.







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