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López Obrador: la gira por Europa y la lucha contra el régimen político

La semana pasada Andrés Manuel López Obrador realizó una gira por Europa, para difundir la lucha del Morena contra la corrupción. En ese marco se entrevistó con el Papa Francisco. Sus declaraciones y conferencias públicas reabren la discusión sobre la estrategia a seguir frente al régimen político.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 21 de octubre de 2015

López Obrador y el Papa

López Obrador (AMLO) le entregó al Papa una medallita de fray Bartolomé de las Casas y una carta en la que reafirma su estrategia política cuando dice “Este cambio de régimen lo estamos impulsando por la vía pacífica y electoral, convenciendo, incluso, a los adinerados de no dar la espalda a los que sufren”. En su cuenta en twitter dijo además que “Busqué al Papa Francisco porque más allá de ser católico, de otra religión o libre pensador, es notorio que ha actuado de forma consecuente.”

Como hemos planteado en La Izquierda Diario, si Bergoglio ha sido consecuente en algo, es en tratar de restaurar la imagen de la Iglesia, una institución milenaria que actúa para mantener el orden social en favor de las clases dominantes. No es casual el perfil que asume el Papa Francisco en un contexto internacional cruzado por crisis económicas y sociales, y por el temor de las clases dominantes a nuevas irrupciones de las clases explotadas.

Y tampoco es casual el viaje de AMLO, que parece buscar una imagen internacional más respetable, preparándose para el 2018 y contrarrestando la campaña priista que lo acusa de “populista”. Qué mejor entonces que entrevistarse con el Papa y reafirmarle su estrategia de vía electoral y pacífica. Sin duda en la mira de López Obrador no sólo está el Papa, sino sectores de la “comunidad internacional”: los gobiernos y las trasnacionales europeas, a los que pretende darle una imagen confiable y tranquilizadora para sus negocios en México.

Morena y la lucha anticorrupción

La conferencia de AMLO en Francia ilustra cómo concibe los objetivos de Morena y su búsqueda de la presidencia para el 2018. Allí reafirma que pretende acabar con “el régimen de corrupción y privilegios, de manera pacífica y por la vía electoral” y llegar a Los Pinos, para “ejecutar, concretamente, dos acciones: combatir la corrupción hasta erradicarla por completo y abolir los privilegios de la alta burocracia con la aplicación de una política de austeridad republicana.”

Para AMLO, el éxito de esta política dependerá de “un gobierno honesto”, que consagre la independencia del poder judicial, y que revea las reformas estructurales, aclarando que aún en caso del petróleo, no hará nada sin una previa “consulta ciudadana”. AMLO dice que la austeridad permitirá medidas como ampliar la matricula educativa.

Sin duda, estas propuestas del dirigente del Morena generan gran simpatía entre muchos trabajadores y jóvenes, y se diferencian de lo que sostienen los demás partidos del régimen político, firmemente alineados con las reformas estructurales y cuyos políticos gozan de grandes privilegios y sueldos millonarios.

Enfrentar al régimen y la dominación imperialista

Sin embargo, aunque López Obrador lo presenta como “un cambio de régimen”, se trata en realidad de un programa de gobierno centrado en proponer algunas medidas que son claramente insuficientes para atender las necesidades y aspiraciones de las grandes mayorías, y de limar algunos de los aspectos más escandalosamente neoliberales de los últimos sexenios.

Pero sin atacar las bases profundas del actual régimen político mexicano, que garantiza los intereses de la gran patronal y bajo el cual se han desplegado fenómenos reaccionarios como la militarización, los cientos de miles de muertos y desaparecidos, la expansión del narcotráfico y la narcoguerra, el feminicidio y las redes de trata. Para ello, para atacar sus cimientos, es necesario cuestionar la subordinación al imperialismo estadounidense. No hay cambio favorable a las necesidades de las grandes mayorías obreras y populares sin enfrentar la dominación de los EE.UU. y los intereses de las trasnacionales.

Eso implica dejar de pagar la deuda externa, que es el mecanismo de expoliación imperialista sobre México y América Latina. Supone enfrentar todos los pactos y acuerdos que nos atan a los intereses de Estados Unidos, como es el TLC y el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, así como aquellos que en materia de seguridad son la base de la militarización, como la Iniciativa Mérida y los que permiten el accionar impune de las agencias de inteligencia de Estados Unidos en el territorio mexicano. Requiere renacionalizar, sin indemnización y bajo control de los trabajadores, todas las áreas entregadas al capital privado en las últimas décadas, para que estén al servicio de las necesidades de la población.

Asimismo, distinto a los dichos de AMLO de que su objetivo es “convencer a los ricos que no le den la espalda a los que sufren”, para resolver la situación de miseria, salarios de hambre, carestía de vida y desempleo de millones es elemental impulsar un programa obrero de emergencia, que garantice un aumento salarial de emergencia y escala móvil de salarios de acuerdo a la inflación, que expropie sin indemnización a toda empresa que cierre o despida y que reparta las horas de trabajo entre empleados y desempleados con igual salario. Junto a esto, son medidas prioritarias imponer impuestos progresivos a las grandes fortunas, las cuales se enriquecieron a costa del pueblo trabajador, que junto a los recursos devenidos del no pago de la deuda, permitan garantizar un plan de obras públicas financiado por el estado bajo control de los sindicatos, y destinar mayor presupuesto para la educación, la salud y la cultura.

Para enfrentar la corrupción y los privilegios de la casta política, así como la colusión entre el crimen organizado y el estado, la militarización y los demás fenómenos aberrantes, es fundamental echar abajo el régimen político de esta “democracia asesina” del PRI-PAN-PRD y conquistar un gobierno de los trabajadores y el pueblo. Ni el régimen ni la clase política se pueden reformar, son agentes al servicio de las transnacionales y el imperialismo.

Como decimos antes, la política de López Obrador, no resolverá las aspiraciones de la población trabajadora y la llevará al callejón sin salida de confiar en democratizar las instituciones responsables de cientos de miles de muertos y desaparecidos y del saqueo del país. Pero no sólo eso. Aún en caso de triunfar en el 2018, una perspectiva como la que sostiene AMLO, bajo la presión de los planes imperialistas, difícilmente contará con el margen para su limitado programa de reformas. De llegar a Los Pinos, tendrá que aceptar la agenda completa del vecino del norte, con el que compartimos 3,200 km de frontera y al que se ha subordinado Los Pinos, el Congreso y todas las instituciones.

Es fundamental adoptar una estrategia política que enfrente radicalmente la actual situación y romper con la dominación imperialista, que levante un programa como el que desarrollamos antes. Pero el mismo sólo se podrá conquistar mediante la movilización revolucionaria y la auto organización de las masas trabajadoras, ya que es la única vía para garantizar una salida favorable a sus intereses. Solo la fuerza movilizada de millones de obreros y campesinos, decididos a tomar en sus manos su destino y enfrentar a los explotadores, tendrá la fuerza social capaz de enfrentar al imperialismo y sus socios nativos.

Para luchar por esa perspectiva hay que construir una nueva fuerza política; una alternativa de clase, socialista y revolucionaria. En las luchas de la clase obrera de los últimos años -desde el magisterio hasta los sectores del proletariado industrial que empiezan a moverse a contracorriente de lo que muchos decían -; en la juventud que se movilizó por Ayotzinapa, está la base de esa nueva herramienta política. Desde el MTS ponemos todas nuestras fuerzas -y el impulso de La Izquierda Diario es parte de ello- al servicio de construirla.







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