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HONG KONG

La Revolución de los Paraguas pasa de las calles a la mesa de diálogo

Hong Kong comenzó retornar a cierta normalidad el lunes después de más de una semana de protestas. Las organizaciones que encabezan las movilizaciones aceptaron abrir el paso a los edificios administrativos, cuyo entorno está controlado en su mayoría por estudiantes, y acordaron con el Ejecutivo local iniciar negociaciones en una mesa de dialogó sobre el desarrollo de la polémica reforma electoral.

Diego Sacchi

@sac_diego

Miércoles 8 de octubre de 2014 | Edición del día

Los funcionarios públicos comenzaron a llegar para trabajar en las principales oficinas del Gobierno del líder de Hong Kong, Leung Chun-ying, que han sido el punto focal de unas protestas que inicialmente atrajeron a decenas de miles de personas a las calles.
Luego de los enfrentamientos del viernes entre partidarios pro Beijing y manifestantes en la zona de Mong Kok y con la amenaza del gobierno de Hong Kong de reprimir a quienes impidieran el ingreso y libre transito, durante el fin de semana la cantidad de manifestantes en los principales centros de concentración han ido disminuyendo.

Esta caída del número de manifestantes se debe a que los dirigentes de Occupy Central y de las Federación de Estudiantes han priorizado el dialogo con el gobierno por sobre la movilización. Occupy Central anunció el domingo su retirada en algunos puntos ocupados por las protestas, lanzando un guiño al Ejecutivo. La Federación de Estudiantes, que agrupa a universitarios y que fue, junto a Scholarism -formada por estudiantes de secundaria-, la que comenzó el boicot en las clases que acabó en la inesperada movilización, también está en conversaciones con las autoridades.

Los acampes son mantenidos por gran parte de los jóvenes, que han manifestado en múltiples ocasiones su distanciamiento con cualquier tipo de líder y especialmente si viene de Occupy. Pero el ánimo de los manifestantes va mermando ante la falta de perspectiva clara. "Tenemos que seguir, esta lucha no es sólo para nosotros, es para los siete millones de personas que viven en Hong Kong", explicó a Efe Tammy Wang. "Yo ya estoy cansada, llevo viniendo 6 días y parece que cada vez hay menos gente, el ánimo decrece", señaló en tono desalentado Hellen Hu.

El dialogo y el intento de retornar a la normalidad

Luego de que la represión a los manifestantes y el ultimátum del masificaran las movilizaciones en apoyo al reclamo de los estudiantes e hiciera surgir demostraciones de solidaridad de sectores de trabajadores como fue el paro general llamado por la Confederación de Sindicatos de Hong Kong, el Ejecutivo de Hong Kong busco bajar el nivel de enfrentamiento y jugar con el desgaste de los manifestantes.

El llamado al dialogo del líder del gobierno de Hong Kong, Leung Chun-ying, aunque no incluye la posibilidad de modificar las condiciones de las elecciones del 2017 (la causa central de la protesta) permitió que los dirigentes de Occupy Central emprendieran una retirada estratégica, para buscar seguir haciendo presión más adelante. Este camino es seguido por la Federación de Estudiantes que ha decidido flexibilizar los bloqueos.

"Hemos confirmado que mantendremos la primera ronda de reuniones el viernes a las 4 p.m.", dijo a EFE Lau Kong-wah, subsecretario de asuntos constitucionales y continentales, tras una reunión con representantes estudiantiles el martes. Las negociaciones se concentrarían en la "base para los desarrollos y las implementaciones legales de estas reformas políticas", indicó.

Las movilizaciones en la encrucijada de la mesa de dialogo

Si luego de haber resistido con sus cuerpos a la represión del gobierno, la “revolución de los paraguas” parecía continuar extendiéndose y había ganado la simpatía de la gran mayoría de la población de la ciudad, fueron las debilidades de este proceso las que no permitieron el desarrollo del movimiento y la extensión de los reclamos democráticos a una serie de cuestiones sociales que comenzaban a hacerse eco en los sectores movilizados.

La enorme espontaneidad que se había desarrollado en las movilizaciones permitió superar el cuadro de presión sobre las autoridades impuesto por los lideres reformistas y habían planteado un verdadero desafío para Pekín. Esto no basto para que surgiera una organización ni dirección de los sectores en lucha. Esta debilidad permitió que los dirigentes de Occupy Central, que habían quedado superados por las masivas movilizaciones, logaran ponerse nuevamente a la cabeza de los reclamos democráticos, quitando la política de las calles y llevándola a la mesa de negociación, que surge condicionada y donde la alianza reaccionaria del ejecutivo local de C.Y. Leung, los grandes oligarcas que lo apoyan y el gobierno central de China y los dirigentes de Partido Comunista Chino se sienten más seguros.







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