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Se tenía que decir

La Cuca Antón: mujer, policía y genocida

La recomendación de hoy no pasa por la ficción, sino por una minuciosa reconstrucción de la historia de la primera mujer en América Latina condenada a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. "La Cuca" , un trabajo de la periodista Ana Mariani sobre Mirta Graciela Antón, la represora del D2.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Martes 1ro de septiembre | Edición del día

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Estamos en un momento de cambios para las mujeres. Momentos en que esa marea verde que vimos emerger como ola en todo el mundo, con epicentro en países como Argentina, puso en debate muchas de las opresiones que sufrimos a diario la mitad de la humanidad.

Sin embargo, este movimiento no es ni homogéneo ni nuestros avances son lineales o evolutivos. El movimiento de mujeres tiene en su seno corrientes que debaten y discuten estrategias políticas, y al mismo tiempo, están quienes parapetándose en nuestras luchas, hacen un uso absolutamente contrario al avance en nuestros derechos.

Un caso de este tipo es el que vimos hace unas semanas en Córdoba cuando luego del brutal asesinato del joven Blas Correas a manos de la policía provincial, hicieron saltar un fusible para que nada cambie. Pusieron al frente del Departamento policial de la capital cordobesa a una mujer, que lo primero que hizo es dar el pésame desde su corazón de madre y entre lágrimas, a la mamá del pibe recién asesinado.

La Cuca

Por eso hoy traigo este libro. Es de Ana Mariani, periodista e investigadora, que cubrió todos los juicios contra los genocidas en Córdoba. No es ficción, sino que trabaja el registro testimonial y reconstruye la historia de la primera mujer condenada en América Latina por delitos de lesa humanidad: es la historia de Mirta Graciela Antón, conocida como"La Cuca".

Creo que es una investigación y un trabajo muy interesante y valioso porque no hay mucho sobre la cuestión. Como señaló Ana en una entrevista que saldrá publicada mañana en La izquierda diario, hubo mujeres represoras y muchas. De hecho, desde 1988 hasta el año 2017, fueron juzgadas 39, resultando condenadas 37 (la mayoría por el delito de apropiación de menores y alteración de documentos públicos) y 2 de ellas absueltas. No todas eran policías, pero las dos que mayor condena recibieron, sí lo eran. La policía y carcelera santafesina, María Eva Aebi, recibió en 2009 y 2014 condenas a 19 y 24 años de prisión respectivamente. La Cuca Antón, a cadena perpetua.

En el libro de Mariani, publicado en 2018 por Editorial Aguilar, se narra la historia de los encuentros, en los momentos paralelos a uno de los últimos juicios, el conocido como la Megacausa que juzga los delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención de La Perla - La Ribera y el Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia, el famoso “D2” que empezó a funcionar como centro de torturas ya en el 74, luego del golpe policial conocido como el Navarrazo y la intervención del Brigadier Raúl Lacabanne, que ordenó el gobierno de Perón después de este golpe. El D2 está situado en pleno centro de la ciudad, al lado de la Catedral y detrás del Cabildo histórico.

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El trabajo se estructura a través de la reconstrucción de las entrevistas (un total de 5) que Ana Mariani tiene con la Cuca estando ella presa en el penal de Bower. El relato es intenso, duro porque Mirta Graciela La cuca Antón fue condenada en 2016 a cadena perpetua por 16 hechos de privación ilegítima de la libertad; 21 hechos de imposición de tormentos, un homicidio doblemente calificado por alevosía; 11 homicidios doblemente calificados por alevosía y por el concurso de múltiples partícipes; 5 desapariciones forzadas agravadas por resultar la muerte de la víctima y 6 abusos deshonestos.

Esto contrasta con la imagen de sí misma que quieren construir la Cuca. Es un trabajo que me pareció muy serio, donde quien entrevista deja hablar a la represora y va tejiendo la respuesta a través del relato de quienes sobrevivieron a las torturas de La Cuca. Es impactante cómo el tono de la entrevistada va cambiando, sobre todo, cuando es consciente quién es Ana Mariani, que está cubriendo los juicios por delitos de lesa humanidad, que ha escrito varios libros sobre la violación de los derechos humanos en Córdoba como la desaparición de los y las estudiantes de la escuela Manuel Belgrano, una investigación y publicación multimedia sobre las fosas comunes del cementerio San Vicente y sobre el CCD La Perla, el segundo en dimensión luego de la ESMA.

Es notorio cómo Antón alega su condición y mujer y los roles estereotipados para tratar de mostrar su inocencia. Dice que era oficinista, que sólo hacía tareas administrativas en el departamento de informaciones al que entró con apenas 20 años en 1974, meses antes del golpe policía de Navarro. De su presente en la cárcel de Bower, dice que ella está ahí, cumpliendo condena por ser “la mujer de” Raúl “Sérpico” Buceta, su pareja, un represor que murió impune.
Sin embargo, las voces de las ex detenidas con quien Ana Mariani también se entrevista, o cuyos dichos recupera de los testimonios en el propio juicio, le otorgan una participación decisiva a la Cuca en los hechos de los que se la acusa y por los que fue condenada.

Muchos testimonios recuerdan los tacos aguja que se incrustaban en el cuerpo después de que escuchaban acercarse a esa voz de mujer. Recuerdan la especial saña con que los torturaba, cómo saltaba con sus tacos sobre los cuerpos de las personas detenidas y con qué personalidad decisión y “cinismo”, estaba al mando de los operativos de secuestro y robo en los que por ejemplo, desapareció la hija y nieta de la fundadora de Abuelas de Plaza de mayo, filial Córdoba. La Cuca, dice que “en esa época usábamos suecos; bueno, yo usaba suecos y no esos tacos Luis XV de los que hablan”.

Mirta Graciela Antón , “policía, hija de policía, esposa de policía, hermana, madre y tía de policías” como la describe Ana Mariani, entró al Departamento de Informaciones en los momentos en que se constituía en Córdoba el grupo parapolicial denominado Comando Libertadores de América, la versión local de las 3A, bajo el comando del genocida Luciano Benjamín Menéndez.

En la reconstrucción de su historia, la Cuca señala que es imposible que ella anduviera con los tacos que los detenidos y detenidas dicen recordar, porque además, ella estaba embarazada. “Me confunden con otra”, alega en su defensa.
Ana vuelve a poner esto en contraste: sus superiores la “ascienden” porque dispone de un gran concepto de responsabilidad en cumplimiento del deber”.

Las únicas tareas que Mirta Antón reconoce haber cumplido en el Departamento de Informaciones, son las de “explotación de materiales” para la cual se capacitó. Según ella misma explica, su tarea consistía en revisar los materiales levantaban de los secuestros y los allanamientos, clasificarlos, usarlos para los interrogatorios a las y los detenidos. Estaba, bien ubicada, en el Departamento de informaciones, que hasta bien entrados los años 90, contuvo a esta clase de genocidas bajo resguardo de la policía. El propio hermano de Antón, conocido como "Boxer" o "Perro", por la ferocidad con la trataba a sus víctimas, revistó hasta 1997 en el mismo D2, y recién en 2009, como la Cuca, fue detenido.

Mujeres de otra clase

Bajo el ropaje de los estereotipos que colocan a las mujeres como sensibles, sumisas, adorables por su condición de madre (la Cuca torturaba inclusive estando embarazada y amamantando) las mujeres juegan roles políticos y de clase en los lugares en los que revistan.

Hemos hablado muchas veces del rol de Cristine Lagarde al mando del FMI y de su sucesora, Cristalina Giorgieva, negociando los planes de ajuste con nuestro país y sus ministros, planes que implicarán el empobrecimiento de la mayoría de las mujeres de la clase trabajadora, como ya lo estamos viendo en estos meses bajo la pandemia.

Y no es distinto lo que ocurre con personajes que llegan a ocupar lugares que quizás estaban antes reservados para varones y no para ellas. Pero no se puede perder de vista en que organizaciones y qué roles juegan. En el caso de la Cuca Antón, así como muchas otras mujeres que fueron partícipes o cómplices de la última dictadura militar (pienso en las monjas que estaban a cargo de la Cárcel del mujeres del Buen Pastor, desde donde se produjo la mayor fuga de presas políticas en el país) donde la condición de género es apenas un detalle de su rol en una estructura represiva, o en un estado que está al servicio de los empresarios que golpearon los cuarteles del ejército y aún no han sido juzgados ni condenados. Acaso ¿podemos olvidarnos de Amalia Lacroze de Fortabat (Cementera Loma Negra ) o de Ernestina Herrera de Noble (Grupo Clarín)?

Así como la Cuca Antón no sólo no desconocía lo que sucedía en el D2 sino que además fue una actriz en el centro de la escena, lo mismo podemos decir de esta mujer que pusieron al frente de la policía cordobesa tras es asesinato de Blas Correas. Por más que “entre lágrimas” le haya pedido perdón a la madre de Blas, es parte del andamiaje represivo que se cobra la vida de los pibes de las barriadas populares en todo el país. Es más, Liliana Belleti, la Comisario Mayor hoy a cargo del Dpto Capital de la policía cordobesa, estaba a cargo de la línea 101 cuando en fue el asesinato por la espalda de Fernando "Güere" Pellico. En el juicio que condenó a la policía, se demostró que los registros de llamadas del 101 habían sido modificados y falsificados. La comisario mayor era la responsable.

En momentos en que colocar a las mujeres en lugares “visibles”, bien vale conocer estas historias, para que no nos vendan una falsa “sororidad” cuando estas fuerzas, como las policías provinciales, son las que arrebatan la vida de sus hijos a las madres de las familias trabajadoras. Acá no hay género que nos una, y si, un rol de clase que nos pone de uno y otro lado de la vereda. Y con las fuerzas represivas, como lo dijeron las madres, como lo repiten en cada marcha las “madres de los pibes de la gorra” no hay ni olvido, ni perdón.







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