Economía

NUEVO GABINETE ECONÓMICO

¿Guzmán y Kulfas lograrán el milagro de sacar la economía de terapia intensiva?

Los economistas heterodoxos tendrán tres tareas centrales: reactivar la economía, mejorar los ingresos destruidos por el ajuste macrista y negociar la pesada herencia de la deuda.

Pablo Anino

@PabloAnino

Viernes 6 de diciembre de 2019 | 23:41

Se terminó el misterio. Este viernes a las 18.45 horas el presidente electo, Alberto Fernández, anunció el gabinete económico. Al frente del Ministerio de Economía estará Martín Guzmán. Por otro lado, el Ministerio de Desarrollo Productivo será conducido por Matías Kulfas.

En la breve conferencia de prensa posterior al anuncio del gabinete, Fernández ofreció pocas definiciones sobre la política económica, a tono con lo que expresó en la campaña.

Fernández señaló que buscará “salir del mundo de la especulación financiera” e impulsar las exportaciones para pagar la deuda. Además, explicó, sin mayores detalles, que su equipo está trabajando en un aumento de emergencia en los ingresos populares, como así también que intentará poner en pie un nuevo contrato social mediante la institucionalización de un Consejo Económico Social.

Atender a los buitres especuladores de la deuda y enfrentar las urgencias sociales en la que se encuentra el país con más de 40 % de la población en situación de pobreza, parecen, a priori, objetivos incompatibles. Kulfas y Guzmán estarán cargo de intentar el milagro.

Recuperar lo perdido

Desde noviembre de 2015 a octubre de 2019, el poder de compra del salario del empleo formal del sector privado retrocedió 20 %. Todavía falta contar el efecto de la inflación de noviembre y diciembre. La pérdida es más profunda en el empleo público y en el informal.

Alberto Fernández confirmó en la conferencia de prensa que su equipo prepara un aumento generalizado de ingresos para asalariados, jubilados y beneficiarios de asignaciones. Según los trascendidos, probablemente se busque que el impacto sea mayor en los niveles más bajos de ingresos, por ejemplo, con el pago de una suma fija.

¿Se tratará de un paliativo que postergue por tiempo indeterminado una recomposición verdadera de todos los ingresos del pueblo trabajador? Desde el punto de vista de quienes viven de su trabajo, el criterio básico debiera ser reclamar una restitución de todo lo que se robaron los empresarios (mediante tarifazos y aumentos de precios de productos esenciales) en la era de la prepotencia macrista.

La atención integral de las necesidades de las mayorías sólo podría comenzar a concretarse con un bono de fin de año y aumentos salariales que reestablezcan el poder de compra al menos al nivel de 2015, es decir de un porcentaje que de mínima tiene que ubicarse en el 20 % para el sector privado, jubilados y ser mayor en el sector público. En el mismo sentido, los salarios y jubilaciones mínimas tendrían que cubrir el costo mensual de vivir.

Pero el aumento inicial de ingresos de Fernández podría tener otra orientación: atar de pies y manos a las mayorías trabajadoras, por ejemplo con la idea que circuló de suspender las paritarias en función de un pacto social que congele salarios y precios por seis meses, donde los empresarios, se sabe, llevan siempre las de ganar.

La madre de todas las batallas

Martín Guzmán es egresado de la Universidad de La Plata. El economista continuó sus estudios en la Universidad de Columbia de Nueva York, donde se convirtió en discípulo del Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. En su visita a Buenos Aires luego de las PASO de agosto explicó que “cada dólar que se pague de deuda es más recesión”.

Su propuesta más reciente es postergar los pagos del capital e intereses por dos años a los bonistas privados. Se trata de reperfilar la deuda, ganando tiempo, pero sin realizar ninguna quita a los acreedores.

Para que la propuesta finalice exitosa se deben cumplir algunos requisitos: que la economía crezca, genere ingresos tributarios, se alcance el superávit fiscal y en el mediano plazo se pueda retomar el pago a los tenedores de bonos. Son requisitos ambiciosos por la profunda recesión local y las perspectivas de desaceleramiento (sino recesión) de la economía mundial.

Stiglitz, el mentor de Guzmán, analizó los casos de interrupción de los pagos de la deuda de Rusia en 1998 y de la Argentina en 2001. Dedujo que el crecimiento posterior se explica por poder destinar a la reactivación los recursos que libera el no pago de la deuda. Por el momento, el país no ha repudiado la deuda como en 2001 y las condiciones internacionales son más adversas que entonces.

Aún así, surgen dos incógnitas. La primera es si aceptarán los fondos buitre y los grandes bancos internacionales, acostumbrados a esquilmar el país a tiempo completo, ofrecer dos años de gracia. La segunda es si con dos años alcanza para que la economía crezca lo suficiente de modo tal que se haga sustentable el pago de una deuda, que en el caso de avanzar la propuesta acumulará vencimientos enormes hacia 2022.

Pero también emerge un cuestionamiento. No se trata del planteo de la izquierda de no pagar la deuda en rechazo de este mecanismo de dominación de las potencias imperialistas. Se trata de una cuestión más elemental.

La deuda que deja el macrismo como herencia fue fuertemente cuestionada por el kirchnerismo cuando el exministro, Luis Caputo (el “Messi” de las finanzas, según Macri), visitó en abril de 2018 la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda Externa en el Congreso Nacional. Allí Axel Kicillof impugnó, entre otras cuestiones, la emisión de un bono a cien años que benefició a un fondo de inversión del que Caputo había sido integrante.

Entonces ¿por qué honrar una deuda que no solo financió una política neoliberal de ajuste sobre las mayorías trabajadoras y benefició a unos pocos, sino que además está plagada de irregularidades? Aunque se logren dos años de gracia ¿Es correcto pagar sin beneficio de inventario y sin ni siquiera realizar una auditoría que determine en qué se utilizó el financiamiento?

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Otra propuesta muy importante de Guzmán es no realizar nuevos acuerdos con el FMI. Su idea no es romper con el organismo, sino quitarse de encima el monitoreo y las imposiciones del Fondo, a la vez que realizar los pagos comprometidos por el gobierno saliente, cuya mayor carga comienza en 2022.

Evitar el control de la economía que realiza el Fondo es un fin loable. Pero aquí también es válido preguntarse por qué pagar una deuda que financió la campaña electoral de Mauricio Macri, en tanto casi el 80 % de los U$S 57 mil millones que prestó el FMI se desembolsaron durante la gestión que termina.

No sólo eso. El organismo internacional contradijo sus propios estatutos al autorizar la utilización del préstamo para financiar la fuga de capitales. ¿Se puede pagar semejante saqueo sin siquiera auditar a qué agujero negro fue el mayor préstamo de la historia?

Estos días circuló por las redes la intervención de Guzmán en el Foro de Clacso 2018. Allí explicó su opinión sobre qué habría que hacer para cambiar el mundo actual. Su visión es que “enmiendas a este sistema global no alcanzan. Hay que reformar el sistema entero [...] cambiar quienes escriben las reglas en tres dimensiones: tiene que haber una redistribución del poder del capital al trabajo; tiene que haber una redistribución del poder desde las corporaciones hacia la sociedad; y tiene que haber una redistribución del poder desde las finanzas a la economía real”.

Se inicia una experiencia donde se develará si quienes escriben las reglas, los Estados Unidos, el FMI, entre otros poderes internacionales, dejarán a Guzmán llevar a la práctica sus ideas teóricas. O si para eso se requiere algo más: la lucha de clases. Pero para cambiarlo todo de verdad.

En busca del “modelo”

Matías Kulfas estudió en la UBA. El nuevo ministro de Desarrollo Productivo en los inicios de su carrera profesional investigó la relación entre la fuga de capitales y la deuda externa en los equipos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), orientados por Eduardo Basualdo y Daniel Azpiazu. ¿Pondrá en juego esos conocimientos para impugnar el pago de la deuda? Esperar y ver.

También trabajó con Felisa Miceli, quien fuera ministra de Economía entre 2005 y 2007 -cuando renunció a partir de que le fuera descubierta una bolsa con dinero en su despacho-. Miceli fue quien colocó a Kulfas en la Subsecretaría PyME (Pequeñas y Medianas Empresas), momentos en que orientó su especialización también hacia economías regionales.

Luego pasó a ser gerente general del Banco Central en tiempos en los que Mercedes Marcó del Pont (ahora designada a cargo de la AFIP) fue presidenta de la entidad monetaria. Kulfas escribió “Los tres kirchnerismos”, un libro donde realiza una crítica de la última etapa de los gobiernos de los Kirchner por la ausencia de política industrial.

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Ahora encontrará una economía que le dará poco tiempo a la reflexión sobre políticas industriales. Las urgencias son otras: generar dólares para honrar la deuda pública. Justamente, una de las iniciativas que mencionó Alberto Fernández en la breve conferencia de prensa del viernes es aumentar las exportaciones para poder pagar la deuda.

Kulfas centró su intervención pública en los últimos meses en la propuesta de aumentar vigorosamente las exportaciones de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta y de la minería. Se trata de una propuesta alejada de promover algún tipo de transición hacia energías renovables, hacia un modelo no contaminante.

Incentivar la producción de Vaca Muerta comprende otras tensiones. Las empresas que actúan en ese negocio, como Techint, quieren precios de la energía elevados.

Esto contraría la idea con la que coquetea al Frente de Todos de desdolarizar tarifas. E incluso contraría aquella ley votada por ese mismo espacio político en 2018 que retrotraía las tarifas a 2017. Un factor importante que impulsó el voto de rechazo al macrismo fue el tarifazo de todos los servicios.

Más allá de la propuesta de fondo que realiza la izquierda de terminar con el régimen de las privatizadas de los servicios públicos, ahora que Macri ya fue y no tiene el recurso del veto en su mano ¿no es momento de ponerle fin a la ambición desmedida de las empresas que usufructúan de recursos estratégicos del país y retrotraer las tarifas a 2017, tal como se votó el año pasado?

Kulfas tiene una visión neoestructuralista o neodesarrollista: la política tiene que estar orientada al cambio de la estructura económica del país de modo de conquistar una mayor industrialización y diversificación. Se trata de una tarea titánica en una Argentina donde las ramas económicas más dinámicas tienen un carácter extractivista: el agronegocio y el fracking en Vaca Muerta. La necesidad ¿tiene cara de hereje?







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