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Gobierno a la portuguesa o gobierno de coalición, con el PSOE siguen gobernando los mismos

El PSOE presiona para gobernar en solitario con el apoyo, desde afuera, de Podemos. Pablo Iglesias insiste con entrar al gobierno, pero IU se inclina por la vía lusa. Ni una ni otra son salidas favorables a los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Sábado 3 de agosto | 00:37

Gobierno de coalición o gobierno a la portuguesa, esas parecen ser las dos opciones más probables para intentar sacar adelante la investidura de Pedro Sánchez en septiembre. De acuerdo con las encuestas, los votantes del PSOE y de Podemos rechazan ir a nuevas elecciones. Después de la investidura fallida, Sánchez dijo que iba a “explorar todas las opciones”, aludiendo a un posible acuerdo con Ciudadanos o con el PP para que se abstengan en la votación. Pero todo indica que eso no va a suceder. Desde el PP han vuelto a asegurar que están muy lejos de la abstención, y muy lejos ya estaba Ciudadanos. Al PSOE no le quedan muchas opciones: presionar hasta última hora para imponer el gobierno en solitario a Podemos -contando con sus votos-, acordar un gobierno de coalición o llamar a nuevas elecciones.

El modelo de Portugal es el que ahora enarbolan los neoliberales progresistas del PSOE. En el país vecino, tras las elecciones de octubre de 2015, se formó un gobierno del Partido Socialista de Costa con el apoyo parlamentario del Partido Comunista, los Verdes y del Bloco de Esquerda. El PSOE ha comenzado a escenificar reuniones con colectivos sociales para meter presión sobre Podemos y lograr una investidura de este tipo. La propuesta, sin embargo, fue de inmediato rechazada por Pablo Iglesias, quien señaló que en ese país el gobierno socialista acordó una reforma laboral con la derecha. Por eso Podemos debería entrar al gobierno, argumenta Iglesias, para garantizar que se cumpla un programa social y evitar que se hagan pactos con la derecha.

Por otro lado, desde Izquierda Unida y Anticapitalistas piden un gobierno a la portuguesa -coincidiendo en este punto con las expectativas de Sánchez-. Así lo expresaba IU en un comunicado publicado después de la investidura fallida: “Creemos que Unidas Podemos debe exigir un acuerdo en torno a las bases programáticas establecidas en el Acuerdo de los Presupuestos, aun en el supuesto de que no existiera acuerdo para constituir un gobierno de coalición con el PSOE, con el fin de evitar una nueva repetición electoral", aseguraban.

“Eso ya lo probamos y fracasó”, fue la respuesta de Echenique esta semana, en referencia a los últimos meses de gobierno. “La última vez que probamos en España la vía portuguesa, el gobierno duró 8 meses, fracasaron los presupuestos generales del Estado y hubo que volver a convocar elecciones anticipadas”, declaró ante la prensa.

Por su parte, Brais Fernández de Anticapitalistas, posteaba una reflexión en Facebook este viernes: “Sobre la cuestión del gobierno y la relación con el PSOE: es verdad que estar en la oposición y negociar medidas concretas no garantiza que el PSOE las cumpla. Pero es que estar en el gobierno en minoría y bajo su liderazgo tampoco. También suele implicar la crisis de la fuerza minoritaria.” Para probar su hipótesis, citaba los ejemplos del gobierno de la Junta de Andalucía entre IU y PSOE, o el más reciente del gobierno de Castilla La Mancha, donde Podemos casi desparece del mapa electoral después de haberse integrado al ejecutivo en esa comunidad. “Es preocupante que no exista una memoria estratégica que valore estas experiencias, las analice y las tenga en cuenta”, sostenía Fernández, cuestionando el “pensamiento mágico” de los que -desde la dirección de Podemos- ahora sostienen que el hecho de estar en los gobiernos es “es garantía de que se cumplan las leyes” acordadas.

En realidad, las diferencias entre las diferentes corrientes de Unidas Podemos, ya sea los que se inclinan por ingresar a un hipotético gobierno de coalición, como los que prefieren sostener una investidura desde afuera, son tácticas y no estratégicas. Y la estrategia en la que coinciden es garantizar un gobierno de los neoliberales progresistas del PSOE como “mal menor” ante un regreso de la derecha, es decir, una aceptación de los viejos marcos del bipartidismo español y el “turnismo” entre el PP y el PSOE de los últimos 40 años. Un recambio para que nada cambie entre los representantes del “extremo centro” que había sido cuestionado en las plazas del 15M al grito de “PSOE y PP la misma mierda es”.

Pero toda política de “mal menor” lleva implícita una resignación de programas, objetivos y aspiraciones, a cambio de un sostenido conformismo. Es decir, una predisposición a comerse un sapo tras otro. Y eso es lo que proponen hoy las diferentes corrientes de Unidas Podemos. Un adelanto ya lo vimos estos meses: la renuncia a derogar la reforma laboral, la negativa a aprobar una restricción al precio de los alquileres y la continuidad de una política represiva hacia el movimiento catalán.

Ya sea bajo la forma de gobierno de coalición o apoyando una investidura desde afuera, con el PSOE seguirán gobernando los mismos: una casta política que garantiza los intereses del régimen monárquico, de las multinacionales, la banca y el IBEX35.

Un ejemplo de esto lo personifica la actual ministra de Economía, Nadia Calviño, quien hasta hoy era postulante a dirigir nada menos que el FMI en reemplazo de Christine Lagarde, una institución reaccionaria que impone el expolio de los pueblos en todo el mundo.

El gobierno a la portuguesa y recorte de derechos sociales

Pero analicemos más en concreto el modelo portugués que proponen imitar desde Izquierda Unida y Anticapitalistas. Los que presentan este modelo como un ejemplo a seguir, señalan la reversión de algunas políticas del período conservador anterior, la reducción de los índices de paro y la recuperación de la economía como indicadores de su éxito. Sin embargo, callan ante cuestiones cruciales que muestran las graves contradicciones del “modelo portugués” desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo pobre.

En primer lugar, el hecho de que la débil recuperación (que no alcanza un 2% anual) se produce sobre la base de los enormes recortes y ajustes neoliberales impuestos durante el período de crisis anterior, que permitieron una gran transferencia de renta desde el bolsillo de los trabajadores hacia la banca y el capital financiero. En este sentido, el economista argentino Esteban Mercatante explica que las condiciones para la recuperación se basaron en una mejora de las condiciones para la explotación de la fuerza laboral, después de cinco años de recortes y políticas neoliberales sin parangón. Estas medidas, y en especial el aumento vertiginoso del paro “permitió a la burguesía disciplinar a la fuerza de trabajo, degradando sus remuneraciones y condiciones de trabajo. El número de trabajadores portugueses que gana el salario mínimo nacional, que en 2005 era del 5 % de los asalariados, en 2014 llegaba al 12,9 %. Esto nos habla de una ‘sustitución’ de puestos de trabajo mejor pagos por otros de peor calidad. Y de un abaratamiento de los ‘costos laborales’ para las empresas. Las condiciones más favorables de explotación se tradujeron en una mejora en la participación de las ganancias en el ingreso; y esto, junto al ‘viento de cola’ del turismo, sentó las bases para una recuperación de la economía.”

Dicho en otras palabras, lejos de ser un “gobierno de izquierdas” que ha logrado progresos “sin austericidio”, el “milagro” portugués se asentó en un duro ataque neoliberal a las condiciones de vida de las masas.

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En este contexto, se viene produciendo una oleada de huelgas. Hacia fin del año 2018 habían salido a la huelga taxistas, enfermeros, ferroviarios, bomberos forestales, funcionarios judiciales y profesores. El primer día del año 2019, una huelga de ferroviarios paralizó los trenes en todo el país. Los bomberos forestales se movilizaron contra una propuesta del gobierno que cambia el estatuto profesional, elevando la edad jubilatoria y rebajando el salario. Los estibadores del puerto de Setubal paralizaron las actividades durante más de un mes, logrando imponer algunas medidas contra la precariedad laboral. En el año 2018 se produjeron un total de 260 huelgas, mientras que durante todo el período del gobierno conservador de Pedro Passos Coelho se vivieron solo 85. En los dos primeros meses de 2019 ya se habían registrado 112 preavisos de huelga, por lo que se espera que la cifra este año sea muy superior al anterior. Muchos sindicatos han convocado huelgas exigiendo aumentos salariales, terminar con medidas de recortes impuestas en el período de crisis y mejoras en las condiciones laborales. En sectores públicos, la reducción de la jornada a 35 horas semanales no ha implicado la contratación de más mano de obra, por lo que se producen largas listas de espera y colapso en la atención en hospitales y servicios judiciales, según denuncian los sindicatos.

Gobierno a la portuguesa o gobierno de coalición, más allá de la forma que tome, la “memoria estratégica” debería recordar que cada vez que gobernó el PSOE, se aplicaron recortes y leyes duras contra los trabajadores como reformas laborales, privatizaciones o recorte de pensiones. Para esa perspectiva debería prepararse la izquierda, en vez de convertirse en un apéndice del PSOE en el gobierno.

Como en Portugal, en el Estado español los trabajadores necesitarán romper los pactos de “paz social” impuestos por las burocracias sindicales y desarrollar la movilización y autoorganización, junto al conjunto de los movimientos sociales como el movimiento de mujeres, por la vivienda, contra la represión y contra el racismo.

Por esto, frente a una izquierda que, por una vía u otra, se resigna ante el mal menor y se subordina a los neoliberales del PSOE, hace falta construir una izquierda revolucionaria de los trabajadores y trabajadoras, que se proponga una perspectiva independiente de todos los capitalistas.







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