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DEBATE INVESTIDURA CATALUNYA

¿Es Neus Munté una “alternativa” a Artur Mas?

La CUP mantiene su posición de no dar el voto al heredero del “pujolismo”. Sin embargo, la “alternativa” propuesta es Neus Munté, dirigente de CDC, ejecutora de la política de recortes, con responsabilidades en los gobiernos del 3% y lazos con la burocracia sindical de UGT.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Martes 10 de noviembre de 2015 | Edición del día

Después de la jornada matinal, en la que fue aprobada con los votos de JxSí y la CUP la resolución de “deconexión” con el Estado español, en la tarde del lunes se abrió el primer pleno de investidura en el Parlament de Catalunya.

Hoy tomarán la palabra los portavoces de los distntos grupos parlamentarios y tendrá lugar la votación sin sorpresas. Artur Mas no logrará salir reelegido. Los 62 votos de JxSí no serán suficientes. La CUP no votará al President del que ha sido hasta ahora el Govern de los recortes, la represión policial y los escándalos de corrupción.

En los días previos, la CUP presentó también cuál sería su “alternativa” a Mas. La formación de la izquierda independentista ha propuesto como posible candidata de consenso a Neus Munté, la vice-presidenta y consellera de bienestar social en funciones del mismo Govern de Mas. Una dirigente de CDC que según el diputado de la CUP, Benet Salellas, no estaría manchada de casos de corrupción y mantiene un perfil “socialdemócrata”. Aún así, la aludida dejó claro ayer que ella se mantenía al lado de Mas.

¿Se puede tomar a Munté como una verdadera alternativa a Mas? ¿En qué coinciden? ¿En qué se diferencian? Como nada en este mundo, no son idénticos. Pero ¿Marca Munté la diferencia necesaria como para que sea digna del apoyo político de una formación que se reivindica anticapitalista? Veamos cual es la “hoja de servicios” de la presidenciable propuesta por la CUP.

Como Atur Mas, Neus Munté es militante desde joven del principal partido de la derecha catalana, Convergencia Democrática de Catalunya. Mas se afilió en 1982, con 26 años. Las mismas primaveras tenía Munté cuando lo hizo el 1996. Toda su carrera política la hicieron en el partido que ha sido la cristalina representación de los intereses de las grandes familias catalanas durante más de tres décadas.

Mas, con una trayectoria más dilatada, comenzó como asesor del Departamento de Comercio y Turismo de los primeros gobiernos de CIU. Siempre estuvo ligado al área económica. No era para menos, su “pedigrí” viene de una familia de industriales catalanes del textil y la metalurgia. En 1987 entró como concejal en Barcelona y en 1995 pasó al Parlament como diputado. En 2001 llegaría a ser Conseller de Economía del último Govern Pujol y desde 2010 es el President de la Generalitat.

Estos 33 años de servicio han dejado mácula. Artur Mas es un personaje claramente asociado al pujolismo. Lo que es lo mismo que decir a la “casta catalana”, a la corrupción del 3%, al modelo de sanidad privatizada, de promoción de la educación concertada, al gobierno de y para las grandes empresas del país... Por no hablar del rol fundamental de CiU en estas tres décadas como pieza garante del orden autonómico y constitucional con el que hoy cientos de miles aspiran romper. En el último lustro los gobiernos del President Mas han sido los encargados de aplicar la doctrina de austeridad y recortes con la que se está dejando caer todo el peso de la crisis sobre los trabajadores y sectores populares.

¿Cuál ha sido la carrera de Munté en estos 33 años? O para ser justos, en los 19 años en los que ha compartido militancia con el delfín de Pujol. Dos años más tarde de darse de alta en CDC, Munté pasó a ser la secretaria general de su juventud. En el último Govern Pujol fue Jefa del Gabinete de la Consellería de Educació entre 1999 y 2002. Se mantuvo como portavoz de educación e igualdad de CiU con su entrada en el Parlament en 2002.

Con la llegada del Tripartit dio un paso atrás en su actividad parlamentaria. Eso sí, encontró rápido acomodo en una de esas “puertas giratorias” dentro del mismo Régimen. No pasó a la empresa, su “pedigrí” social no es el mismo que Artur Mas. Ella no viene de la empresa, sino de la burocracia sindical. Casi al mismo tiempo que empezaba su carrera en CDC lo hacía en la UGT. Fue miembro de la Ejecutiva Nacional de la Federación de Servivios Púbicos entre 1996 y 1999. En 2004 la burocracia ugetista catalana la recibió de nuevo con los brazos abiertos dándole cargos como el de Secretaria de Empelo y Educación y de Política Institucional entre 2004 y 2010.

Por si alguien quisiera ver un “pedigrí” “obrero” o “social” en su militancia ugetista hay que recordar que la dirección de esta central en los años en que Munté fue parte tuvo “gestas” como la firma de las reformas laborales de Aznar que generalizaron la precariedad laboral, las ETT y la subcontratación o el apoyo al rescate bancario de Zapatero que abrieron la espita de la “socialización de las pérdidas”.

En 2010 volvió al Parlament con CDC y dos años más tarde fue nombrada Consellera de Bienestar Social y Familia. Una de las carteras estrella de la agenda de recortes. Por nombrar sólo un caso muy conocido, Munté es la responsable política de los recortes en prestaciones como el PIRMI, que ha llevado a la exclusión social a miles de personas.

Vista la “hoja de servicios” de Munté es difícil de sostener que se trate de una candidata “alternativa” a Mas. En todo este tiempo es difícil de creer que Munté fuese la única en CDC, y en todo el establishment catalán, que desconociera la trama de corrupción generalizada del pujolismo. Que no esté imputada, de momento, no la exime de la responsabilidad política de haber sido parte dirigente del partido del 3%.

Pero además ¿Cuál es su supuesto perfil “socialdemócrata”? Sus responsabilidades políticas han estado siempre en las áreas de educación y bienestar social, pero ¿Defendiendo y llevando adelante qué políticas? Desde sus cargos públicos ha sido defensora del modelo de educación concertada, de los recortes en prestaciones sociales esenciales, del modelo de externalización y privatización del sector social y la dependencia, etcétera. Desde sus cargos en UGT defendiendo la política de la dirección de esta central que lleva años siendo una correa de transmisión de contra-reformas laborales de los distintos gobiernos y en la mayoría de las empresas actúa como un brazo más del departamento de recursos humanos, como se vió por ejemplo en Panrico o en TMB por nombrar solo dos casos.

Pero ¿Es sólo un problema de “hojas de servicio”? ¿De lo que hicieron en el pasado? De hecho ¿No desplegó ayer Mas una amplísima batería de promesas sociales en su discurso? ¿No habrán logrado las negociaciones con la CUP que JxSí se vea obligado a aceptar un programa de importantes reformas sociales? Sin duda son miles los votantes de la CUP, y hasta de JxSí, que tienen ilusión en esta posibilidad. Pero, lo cierto es que la composición social de CDC y todo su personal político, convierte en una verdadera utopía que lleve adelante una “hoja de ruta” ajena a la defensa de los intereses y privilegios de las grandes empresas y familias. De hecho esto estuvo contemplado en sus medidas: “seguir apoyando al empresariado” y todas las inciativas de las multinacionales. Tal y como Mas, Munté y compañía vienen haciendo desde hace años.

Ni uno ni otra son candidatos dignos del más mínimo apoyo político desde una perspectiva anticapitalista. El problema no es Mas, ni Munté. El problema es considerar que CDC, el partido histórico de la burguesía catalana, es un compañero de viaje necesario en la lucha por la conquista del derecho de autodeterminación de Catalunya y mucho menos en la resolución de los grandes problemas sociales.

Para este viaje no hay “atajos”. Hay dos elementos que aprietan a los herederos del pujolismo. De un lado el temor a que los escándalos de corrupción abra una grave crisis de representación que golpee a la “casta catalana”, como empezó a pasar en 2011 y lograron bloquear de 2012 en adelante. Del otro mantenerse como los “gestores” de la profunda aspiración al derecho a decidir que se viene expresando en potentes movilizaciones. En esta pinza, entre evitar “caer” y ser desbordados y que la lucha democrática abra una “crisis” en la que realmente se pueda cuestionar todo, serán capaces de firmar, prometer y declarar el cielo.

Pero la única manera de tomarlo sigue siendo “por asalto”, lo que pasa por poner en marcha grandes fuerzas sociales, capaces de tumbar por medio de la movilización obrera y popular el Régimen del 78, conquistar el derecho a decidir y abrir un proceso constituyente donde poder decidir y cambiar todo.







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