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OPINIÓN

Entre el despojo y la miseria: Subasta de objetos prehispánicos en Francia

Ciento veinte piezas de una colección privada de franceses ricos. Noventa y cinco de ellas auténticas y provenientes de distintos puntos de México. La protesta del gobierno mexicano y el fracaso de la presión diplomática. Por qué es indignante el robo y la subasta de bienes arqueológicos.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 19 de septiembre

La casa Millon de Francia fue la subastadora de una colección integrada por más de 120 piezas arqueológicas, algunas de ellas imitaciones de producción reciente (según especialistas). A golpes de martillo obtuvieron 1.32 millones de dólares por rematar, ante ricos y famosos, fragmentos de la historia de los pueblos originarios. De una colección privada, la de Jean y Mannichak Aurance, a otras, y de nuevo el saqueo de América Latina ruge trepidante, desde los tiempos de Colón hasta nuestros días.

La sangría del patrimonio arqueológico e histórico no se detiene. Fue la destrucción barbárica emprendida por conquistadores y sacerdotes, por inquisidores y soldadezca. Todos feroces aves de rapiña que se robaron cada pieza de metal precioso, cada piedra que pasó por sus manos.

Protesta formal ante pillaje imperialista

El gobierno de López Obrador reclamó. Al gobierno de Macron y a la casa de subastas. Denunció que, con esta venta, se “fomentan las excavaciones ilícitas, el saqueo, el tráfico ilícito y las falsificaciones”, se “priva a las piezas arqueológicas de su esencia cultural histórica y simbólica, reduciéndolas a objetos de decoración, que socavan la integridad de las culturas y por ende de la humanidad entera”.

No es el primer acto de rapiña ni será el último. ¿Cuántas piezas están en poder de museos europeos y colecciones privadas? Tantas como estrellas tiene el cielo.

Y sin embargo, una cadena de indignaciones estalla a cada paso. Es el patrimonio arqueológico, es la cultura de los pueblos originarios, es la obra de artesanos anónimos que vivieron, sufrieron y amaron en tierra americana mucho antes de que la Corona española consiguiera mercenarios que cruzaran los mares.

La protesta diplomática, las declaraciones públicas, la demanda interpuesta por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ante el Ministerio de Justicia de Francia se ven absolutamente empequeñecidas ante la prepotencia imperialista del gobierno galo y la casa de subasta.

Convivencia de la reivindicación cultural y la discriminación

Se reivindica el patrimonio arqueológico, pero la mayoría de las y los descendientes de los artesanos de Teotihuacán, de Guerrero y Oaxaca, y de las culturas mayas y olmecas, del sureste de México -de donde provienen las piezas subastadas-, sufren carencias de todo tipo, no tienen acceso a servicios de salud ni seguridad social.

El 71 % de estas personas viven en la pobreza, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Al menos 20 % de la población indígena adulta es analfabeta: la Corona española les impuso una lengua, y desde hace siglos a amplios sectores de los pobladores de esta tierra se les negó hasta el derecho elemental a leer y escribir en el idioma dominante.

Sus territorios, los pocos que conservan, están bajo asedio de las transnacionales y megaproyectos impulsados desde Palacio Nacional. La pobreza los obliga a migrar y muchos de ellos se ven obligados a emplearse como jornaleros, tanto en entidades de México, como Sinaloa o Baja California, como al norte del Río Bravo.

Es su labor, en condiciones inhumanas, expuestos a agrotóxicos y jornadas laborales interminables a cambio de salarios miserables, la que garantiza la floreciente producción de los agronegocios.

El mismo gobierno que protestó por la subasta de piezas arqueológicas es el que propone un recorte de 40.5 % de los fondos para el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2020 y con esto quiere se elimine el Programa de Infraestructura Básica para pueblos originarios de todo México. Un hecho que distintas organizaciones indígenas han denunciado como doble discurso del presidente López Obrador, cuyas acciones están en las antípodas de su frase “primero los pobres”.

Despojar a los saqueadores

Si coleccionistas y aventureros de cuna de oro consideran que es su derecho saquear restos arqueológicos de valor incalculable, bajo el amparo de los gobiernos imperialistas, la clase trabajadora y el pueblo de México tienen el derecho de tomar por su propia mano una indemnización verdaderamente justa. A ver si así les gusta tanto quedarse con botines de sus excursiones a la América indómita.

Una medida de este vuelo claro está que no vendrá del gobierno actual. Las organizaciones sindicales que se reivindican combativas, así como las pueblos originarios y comunidades, unidos con la mayoría de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, con la movilización en las calles y métodos como el paro y la huelga, podrían imponer con su lucha la expropiación y nacionalización sin pago y bajo control obrero de todas y cada una de las empresas de bandera francesa. Para que se les quite a las potencias imperialistas la embriaguez del saqueo ininterrumpido.






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