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Entre cacerolazos, un Piñera en crisis dio su mensaje anual ante el Congreso

Apenas comenzada la Cuenta Pública (mensaje anual) ya se escuchaba el estruendo de los cacerolazos de los vecinos del Congreso en Valparaíso y de todo Chile. Piñera presentó un discurso deslucido y débil, sin proyecto y centrado en los aspectos económicos de rescate a los empresarios.

Sábado 1ro de agosto | 10:56

Pasadas las 20 horas del viernes, el presidente chileno Sebastián Piñera comenzó su Cuenta Pública al Congreso, en un discurso que parecía escrito más para cumplir con su mensaje anual, que para presentar un proyecto o un plan en medio del escenario de crisis sanitaria y económica. Es que el Gobierno y la derecha no pueden ocultar el desgaste que les provocó la lucha interna estos últimos meses, una lucha interna que les provocó más problemas que la propia oposición parlamentaria.

Al parece, Piñera y el gobierno gastaron buena parte de su fuerza en agrupar a la derecha después de la derrota de la votación en el Congreso sobre el retiro anticipado de hasta un 10% de los ahorros que los trabajadores y trabajadoras chilenas tienen en sus cuentas de capitalización previsional. Recordemos que en Chile el sistema de pensiones está en manos privadas bajo fondos de administración llamados AFP. Este negocio multimillonario que nunca derrama a favor de los aportantes, pero si hacia el sector financiero y los grandes capitalistas en forma de inversiones y prestamos, es una parte fundamental del neoliberalismo chileno, instaurado bajo la dictadura de Pinochet. Es parte de esa herencia de 30 años de desigualdad que el pueblo chileno salió a repudiar y contra el que se levantó desde el estallido de octubre del año pasado. Es por esto que el rechazo de Piñera y los principales empresarios a la ley de retiro anticipado de ahorros, y su posterior votación, haya sido un duro revés para su gestión. La popularidad de Piñera bajó casi 7 puntos en dos semanas, dejándolo en un magro 9% aún después de un cambio de gabinete en el que intentó mostrar unidad entre las filas de la coalición de derecha gobernante, parte de la cual había votado a favor del retiro del 10% de las pensiones.

Más represión

En su discurso, Piñera hizo referencia al estallido social, sobre lo cual llamó al Congreso a apoyar sus proyectos que aumentan los recursos a la policía, a una nueva ley de inteligencia, y la "protección de estructura critica" que permite militarizar lugares estratégicos en Chile sin necesidad de decretar estado de excepción.
Sobre la violación a los DDHH durante su mandato, ni una palabra.

El presidente del 9% de aprobación, al cual la gran mayoría de la población ya no le cree, se esforzó en desacreditar las demandas sociales, tratando de cualquier consigna social como "populismo", como discursos creados, cuando estas fueron las mismas que hicieron despertar a Chile, esa población que se cansó de la herencia de la dictadura y que hoy clama por un proceso constituyente donde se puedan cumplir sus expectativas.

La duda es ¿como se mantiene un gobierno de estas características, que ya es odiado por la población, y que se encuentra totalmente débil y sin estrategia? La respuesta podemos encontrarla en la oposición, que le dio no solo la sobrevida el 15 de noviembre con el "Acuerdo por la Paz", sino que hoy mismo le vota sus proyectos, como fue el de la "ley de protección al empleo", votada incluso hasta por el Partido Comunista, o antes la ley antiprotesta votada por el Frente Amplio, o el paquete de 20 millones de dólares donde 3/4 van directo a las empresas votado por todos los partidos en el parlamento.

Hoy esa oposición, que se muestra critica y que toma como suya la victoria por el 10%, es también la oposición "responsable" que le sirve de bastón izquierdo, y que comparte su programa económico para enfrentar la crisis. Programa que busca que esta crisis la paguen las y los trabajadores.

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Cacerolazos y protestas

El discurso de Piñera tiene lugar en medio de protestas en plazas y barrios, cacerolazos y movilizaciones en Araucanía por la libertad de los presos políticos mapuche. La noche del viernes no fue excepción y se hicieron escuchar en todo el país.

Plan de reactivación: recursos estatales para subsidiar y dar concesiones a grandes empresas privadas

Sin ninguna autocrítica por los casi 11 mil muertos por la pandemia y la estrategia sanitaria fracasada el presidente dio paso a explicar su plan de reactivación económica. Para él un “imperativo categórico y moral” que todos deben compartir. Para el gobierno sólo la iniciativa privada de los empresarios puede otorgar empleo y volver la “esperanza” en el progreso a millones de trabajadores sin empleo viviendo situaciones hambre y miseria.

El plan consiste en dar un subsidio al empleo. Es decir dar recursos estatales a empresas que contraten mano de obra en los siguientes meses. De seguro dando sueldos miserables debido al enorme ejército de desocupados que presionará por entrar al mercado laboral. Esto tendría que crear 1 millón de empleos y dar más de 2 mil millones de dólares a los empresarios que los reciban. Un regalo más de los que ya ha recibido a lo largo de toda la pandemia a través de los proyectos de ley del Ministro Briones.

Además de esto anunció la puesta en marcha de un plan de inversiones públicas destinada a construir viviendas, carreteras, caminos, puertos y aeropuertos, accesos de agua potable, riego y embalses, hospitales y consultorios, establecimiento educacionales, transporte público y parques. Este plan se llevará a cabo mediante el carácter de subsidio y concesión a grandes empresas privadas. Las únicas que podrían cumplir con los concursos que se realizarán. Ante esto Piñera dijo que aumentará en más de 4500 millones de dólares el gasto público. Situando un total de 34 mil millones de gasto público. Se trata de un negociado a favor de empresas estancadas como lo está el sector de la construcción, un gremio conocido por recibir altas subvenciones y dineros estatales dejando las obras incompletas o construyendo infraestructura deficiente.

Los llamados a la unidad y la conciliación con el gobierno: buscar los puntos de acuerdo con la oposición

Los grandes empresarios salieron rápidamente a saludar el plan del presidente. Juan Sutil presidente de la Cámara de la Producción y el Comercio (conocido empresario agrícola que hizo su fortuna en Dictadura Militar de Pinochet junto a otros grupos económicos) valoró el mensaje de la cuenta pública, pero, destacó que “su éxito dependerá de la paz social”. En este punto tanto Sutil como Piñera insisten, pues saben que un proceso constitucional y una recuperación atravesadas por movilizaciones de trabajadores y sectores populares puede poner en cuestión su éxito. Por eso el odiado presidente insistió en la unidad. Pero es un presidente asesino, por las muertes y violaciones a DDHH cometidos durante la rebelión popular de octubre y noviembre, y por le desastre sanitario que ha terminado con la vida de una decena de pobres y trabajadores. Porque los casos los concentran con creces las comunas populares.

La oposición ya firmó un pacto económico con el gobierno. En abril y mayo firmaron juntos un paquete de endeudamiento y uso de fondos de reserva para sostener a los desempleados pero a cambio de inyectar liquidez a las empresas privadas. Previo a este plan al servicio del capital la ex Concertación, incluyendo también a sectores del FA y el propio PC, votaron a favor la ley de despidos y suspensiones con la hipocresía del nombre de “protección al empleo”. Un plan que mandó al hambre a casi dos millones de hogares. Piñera sabe que en materia económica tiene relativo consenso previo. Tratará de interpelar nuevamente en este mismo sentido. A pesar de no presentar en esta cuenta pública un cambio de estrategia. Buscará planear la crisis pero le quedan más de año y medio de gobierno.

¿Puede la empresa privada reactivar la economía?

Piñera habló de que Chile puede en el corto plazo ser un país pionero en infraestructura digital y en energías renovables. Que incluso pudiera ser un país que exporte energía. Nada más alejado de la realidad que vive el país y el carácter rentista de los grandes empresarios chilenos que no invierten en energías renovables ni mucho menos en sistemas de redes públicos. Para Piñera se trata de repetir la misma fórmula de los ’90 hasta la fecha, y que hizo muy bien la Concertación, habilitar a los empresarios nacionales y extranjeros con fondos estatales para que privaticen las áreas de la construcción y el desarrollo energético e la infraestructura.

La mayoría de las empresas privadas en Chile se encuentran profundamente endeudadas y la tendencia es a la concentración de la riqueza. Los grupos económicos monopólicos han aumentado su fortuna por más irracional que esto parezca. Y las negociaciones colectivas en empresas de este tipo han confirmado que no quieren compartir con nadie sus riquezas. Se ha demostrado tras cuatro meses de pandemia que lo único que han hecho ha sido despedir, suspender, repartir utilidades, pagar deudas y nuevamente seguir pidiendo rescates al Estado.

El ministro de economía durante la pandemia, Ignacio Briones, ya les dio una fracción de los 2 mil millones de dólares provenientes de dinero fiscal (el famoso fondo FES) a los empresarios. Y esta plata se esfumó. No se tradujo en empleo ni en desarrollo, todo lo contrario. Podríamos decir que buena parte de esos fondos ya se encuentran en el extranjero. La teoría de que la empresa privada puede sacarnos del desastre es bastante débil. No sólo por cómo se comporta la clase empresarial sino también por el estrecho escenario internacional en donde Chile juega con la condición de doble dependencia con EEUU y China.

¿Qué plan económico?

El plan de Piñera representa al gran capital en Chile y los intereses imperialistas en el cobre, las AFP y los negocios con los grupos monopólicos chilenos. Ese es el único imperativo moral después de tanta palabrería y demagogia en el discurso. Pero se trata de un gobierno en crisis. La lucha por el 10% demostró que los trabajadores queremos recuperar nuestras pensiones y acabar con el sistema de AFP. Un pilar fundamental para la acumulación neoliberal.

Junto con exigir una Asamblea Constituyente libre y soberana sin Piñera, por tanto contra el pacto constitucional de los partidos, los trabajadores debemos elaborar y luchar por nuestro propio plan económico al servicio de nuestras necesidades y de las mayorías sociales. Es decir un plan que afecte las ganancias de los empresarios y el imperialismo. Este plan debe echar abajo el intento de Piñera de utilizar los fondos estatales para el rescate de los empresarios.

Para un plan al servicio de las mayorías se hace necesario expropiar a los grupos monopólicos, instalar un impuesto a las grandes fortunas para financiar rentas de emergencia, re-nacionalizar el cobre, para obtener recursos para crear empresas estatales de obras públicas, en base al reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados asegurando un sueldo equivalente a una canasta básica integral familiar. Este plan de obras debe estar controlado por los trabajadores para poner por delante la resolución de las necesidades sociales y no el afán de lucro y codicia de un puñado de familias ricas dueñas del país.







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