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El regreso de Elba Esther: una apuesta a la desmemoria

Desde antes de la puesta en libertad de la ex lideresa y uno de los máximos símbolos del charrismo sindical, Elba Esther Gordillo ha hecho política en distintos flancos de la vida política con la intención de recuperar el control del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). A las y los maestros nos intentan convencer de que con ella “estaríamos mejor”, sin embargo, los siguientes argumentos demuestran lo contrario.

Sábado 8 de diciembre de 2018

Ella proviene de la militancia priísta en los años 70. En 1977 entra como secretaria general de la Sección 36 del SNTE y desde sus inicios en la vida política-sindical, hace más de 35 años, no ha pisado un salón de clases.

Durante 24 años (1989-2013) dirigió el SNTE, colaborando con distintos gobiernos federales para la aplicación de medidas que han deteriorado los servicios educativos, poniéndolos cada vez más al servicio del mercado.

El manejo corrupto de las cuotas sindicales –solapada por los gobiernos de turno– fue la base para darse una vida de opulencia, pero cuando dejó de ser funcional a los intereses del régimen, eso fue utilizado por el gobierno de Peña Nieto para denunciarla por delincuencia organizada, lavado de dinero y encarcelarla.

El caso Misael Núñez Acosta

En 1981, durante en pleno desarrollo del movimiento magisterial, es asesinado de cuatro balazos el profesor Misael Núñez Acosta por gatilleros vinculados a Gordillo como Clemente Villegas, quien los contrató por 900 mil pesos, quien además fue designado por Elba Esther como ayudante del que era entonces secretario de la Sección 36, Ramón Martínez.

A Elba Esther se le señala como cabecilla del aparato gansteril responsable del asesinato del maestro Misael y de otros dirigentes opositores en el magisterio. Además la SEGOB había desechado el caso en 2002 durante una comparecencia amañada donde a pesar de las pruebas presentadas por profesores y familiares de los profesores asesinados, se impuso el “carpetazo” a la acusación. (La Jornada 30/01/2011)

La ACE y la Reforma Educativa

Una de las principales ideas que han impulsado Maestros por México y las Redes Sociales Progresistas al mando de la chiapaneca, es que con ella “no nos hubieran aplicado la reforma educativa“. Sin embargo, tanto su trayectoria política como sindical muestran lo contrario:

1. La descentralización educativa firmada en 1992, con la que el sindicato en los hechos toma el control de las nómina magisterial para poder ejercer un mayor dominio sobre las plazas, so pretexto de la “autonomía en los Estados para desarrollar el quehacer educativo”, se convirtió en una medida reaccionaria de control después de la Primavera Magisterial de 1989, que le dio más poder a Gordillo.

2. El desmantelamiento creciente de las escuelas normales, que en su momento la ex lideresa declaraba que eran “semilleros de la guerrilla”, y la eliminación de la plaza automática en 1999, frente a lo cual la burócrata sindical no opuso resistencia alguna.

3. La firma de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE) el 15 de mayo de 2008 entre Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo, producto de la cual se impuso la Evaluación Universal a los maestros.

4. Los 5 principales ejes de de la ACE. Este acuerdo permitió al charrismo reforzar su control sobre la mayoría del magisterio, lo que a su vez permitió que el gobierno impusiera la Reforma Educativa en 2013, con el pretexto de "recuperar la rectoría del Estado en la educación", lo que en los hechos significaba restar poder al SNTE:

  • a) modernización de los centros escolares, que ahora se expresa en el programa Escuelas al CIEN;
  • b) profesionalización de los maestros y las autoridades educativas, la cual se transformó en la punitiva evaluación para la permanencia;
  • c) bienestar y desarrollo integral de los alumnos, que se tradujo en las escuelas de tiempo completo, en donde los padres de familia tienen que pagar la alimentación de los estudiantes a precios muy altos, además de implicar el cierre de turnos vespertinos con el consecuente desplazamiento de maestros y la saturación de grupos en el turno matutino;
  • d) formación integral de los alumnos para la vida y el trabajo, donde se declara la intención productivista –pro empresarial– de la educación, convirtiéndola en los hechos en capacitación para el trabajo asalariado, ahora disfrazada de las tesis pedagógicas neoliberales del “aprendizaje significativo” y la “educación socioemocional”;
  • e) evaluar para mejorar, que actualmente se manifiesta en la Ley del Servicio Profesional Docente, que se impuso a pesar del rechazo del magisterio.

5. En el inicio de la ofensiva contra el magisterio, un pseudo documental llamado “De Panzazo” producido por Televisa y financiado por la organización empresarial Mexicanos Primero, la lideresa del SNTE, frente las cámaras de Televisa, se comprometió a evaluar a los maestros y avaló en los hechos uno de los ataques mediáticos mas escandalosos contra nuestra labor.

La oposición de la “maestra” a la reforma educativa, por la cual terminó en la cárcel, tenía que ver exclusivamente con la cuestión de la permanencia en el servicio docente sujeta a la evaluación, pues eso le restaba control en el manejo de las plazas, y al liquidar el derecho a la estabilidad laboral de los maestros cuestionaba directamente su papel como “representante” sindical, por lo que no podía permanecer en silencio si no quería ser blanco del descontento magisterial. Esto no tiene nada que ver con la defensa de la educación y los trabajadores, como nos quiere hacer creer Maestros por México.

Elba Esther y Esteban Moctezuma, viejos amigos

Durante los años 90, particularmente en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la charra del SNTE y el entonces Secretario de Educación, Ernesto Zedillo, pusieron en marcha el plan de descentralización educativa, el cual se desarrolló durante el sexenio del propio Zedillo, quien nombró como Secretario de Gobernación a Esteban Moctezuma, fungiendo éste como aliado de Elba Esther, pues el entonces titular de la SEP, Manuel Bartlett, tenía sus roces con ella. Sin embargo la firma del Acuerdo Nacional por la Modernización de la Educación Básica (ANMEB) permitió al charrismo del SNTE ejercer un férreo control sobre la infraestructura educativa; como las negociaciones salariales, la imposición de autoridades educativas en los Estados que sean afines a la política elbista y la nómina de los trabajadores de la educación.

Este estado de control, posteriormente la Reforma Educativa de 2013 operada por el mismo Emilio Chuayffet, ex Secretario de Gobernación con Zedillo, ahora plantea abiertamente “recuperar la rectoría del Estado en la Educación” lo cual hace una clara alusión al control del SNTE en las negociaciones, las autoridades hechas a modo y la nómina magisterial, otorgada por el propio gobierno priista 20 años atrás.

Cambiar algo para que nada cambie

El actual gobierno de AMLO ha incluido como secretario de Educación a Esteban Moctezuma, un viejo priista que además tiene un vínculo cercano con Elba Esther, tanto personal como dentro del Partido Revolucionario Institucional durante los años 90 y 2000, del cual ambos fueron secretarios generales.

Si bien existe la urgencia de un cambio profundo, la cual se expresó en las elecciones, pues miles de maestros votaron en repudio a los partidos del Pacto por México y contra la Reforma Educativa, consideramos que el mismo no va a venir de la mano de los viejos operadores del régimen, sino que para ello es necesaria la organización democrática de los trabajadores de la educación, con independencia política del nuevo gobierno y de los charros del SNTE.

Por la democratización de nuestro sindicato

La democratización del SNTE es una de las principales necesidades de nuestro gremio, pues es lo que nos puede permitir transformar nuestro sindicato en una poderosa herramienta de lucha por nuestros derechos y por la transformación profunda de la educación pública.

La anti democracia sindical que ha imperado bajo los tres grandes cacicazgos del SNTE (Jesús Robles Martínez, Carlos Jonguitud Barrios y Elba Esther) no ha sido casual, sino la condición para asegurar el control sobre los maestros mientras se dejaron pasar las políticas gubernamentales contra la educación y sus trabajadores (lo mismo con Juan Díaz). Por eso no hay democracia posible con la burocracia sindical, que responde a los dictados de arriba.

Por su parte, AMLO prometió “respetar la autonomía sindical” y su titular de la SEP ha declarado “ser operador del nuevo presidente y no de Gordillo”, aunque su pasado con ella son más que evidentes. Sin embargo, la mano del gobierno –entonces electo– detrás de la renuncia de Juan Díaz y la intención de López Obrador de mediar e intervenir en la disputa por el SNTE, no sólo pone en duda que realmente se respete nuestro derecho como trabajadores de la educación a escoger a nuestros representantes sindicales, sino que se trata de una violación abierta a la autonomía sindical, sin la cual es impensable la democracia interna. Por eso la independencia política del gobierno es condición indispensable para la lucha de los trabajadores de la educación por la democratización del SNTE.

Ante el peligro que representa el posible retorno de Gordillo, que se encuentra en campaña por recuperar la dirigencia del SNTE, la tarea del momento es cerrarle el paso, y no hay mejor forma de hacerlo que luchando por la verdadera democratización de nuestro sindicato. Para ello, desde la agrupación magisterial Nuestra Clase consideramos que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) debe concentrar todas sus fuerzas en levantar un gran movimiento magisterial independiente en todo el país, impulsando la movilización en las calles junto a los padres de familia y otros sectores de trabajadores.

Que impulse asambleas en todas las escuelas y centros de trabajo, en donde discutamos democráticamente las salidas frente a los problemas de la educación y elijamos delegados rotativos, revocables y con mandato de base para la celebración de congresos seccionales, que sean la base para convocar a un Congreso Nacional Democrático del SNTE, que desconozca a los charros y vote un plan de lucha unificado, confiando sólo en nuestras fuerzas y capacidad de organización, con independencia desligado de cualquier “apoyo” del Estado.







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