Internacional

OPINIÓN GRECIA

El OXI griego, la casta política española y Podemos

PP y PSOE, junto a los gobiernos europeos buscan imponer una claudicación de Tsipras. Podemos y Syriza se muestran impotentes ante la ofensiva de los partidos de la Troika.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Viernes 10 de julio de 2015 | Edición del día

Fotografía : EFE

Dice el refrán que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. La crisis griega está sirviendo para que muchos de los velos con los que el social liberalismo español estaba tratando de ocultar sus coincidencias estratégicas con los conservadores neoliberales del PP se caigan de golpe. En este mes de julio Pedro Sánchez cumple un año como secretario general del PSOE. Un año en el que este joven dirigente presentado como “renovador” ha puesto en marcha una campaña de gestos para presentar un nuevo PSOE orientado a la regeneración democrática, la vuelta a las esencias socialdemócratas perdidas y la limpieza de su corrupción interna.

Esta operación ha estado espoleada por la irrupción de Podemos desde las elecciones europeas. Sánchez se fijó como objetivo dejar claro que el PSOE que él representaba no era casta y ha llegado hasta el ridículo de la imitación de gestos, estilos y discursos de los dirigentes de la nueva formación. No se puede decir que haya sido una operación totalmente fallida. Al menos ha servido para frenar la caída libre en las pasadas elecciones, logrando un resultado que recuperaba un par de puntos desde la debacle de las europeas.

Paradójicamente en esta “regeneración” del PSOE está jugando un papel auxiliar la misma dirección de Podemos. En las últimas semanas los diputados de la formación de Pablo Iglesias le han dado la llave de gobiernos autonómicos como el de Aragón, Comunidad Valenciana, Extremadura o Castilla La Mancha, estos dos últimos gobernadas por los socialistas durante más de tres décadas. El PSOE no sólo recupera poder territorial, sino que lo hace con la venia y el aval de Podemos, lo cual le permite aparecer como “menos casta” y una opción de “gobierno decente” o “para la gente”.

La crisis griega

Lo ocurrido en Grecia en las últimas semanas no estaba en el guion del PSOE. Tampoco en el del PP. La prórroga del rescate dada a Tsipras en febrero y la actitud de Syriza de aceptar hasta el 95% de las propuestas de la troika en la recta final de la negociación, auguraban un proceso más “ordenado”.

Todos esperaban un acuerdo que pudiera ser utilizado para dejar claro que la única política realista es la que han estado llevando adelante los hermanos griegos del bipartidismo español, el Pasok y la Nueva Democracia. Que Syriza firmase un acuerdo con la troika, en el que a cambio de sostener una política de ajustes se aprobase un nuevo rescate, demostraría al votante español que su hermano Podemos no iba a tener otra opción que seguir la misma línea: un ajuste acordado, es decir el proyecto político de los socialistas. Así que la conclusión para el PSOE iba a ser clara: ahorrémonos experimentos innecesarios que al final terminan conduciendo a la senda de los socialistas.

La celebración del referéndum y la apabullante victoria del No ha puesto de manifiesto la firme voluntad de los trabajadores y sectores populares helenos de enfrentar la política de ajustes. Sin embargo la política de Tsipras de utilizar el No para reabrir negociaciones y llegar a un rápido acuerdo que acepte buena parte de los recortes a cambio de una promesa de restructurar la deuda, pueden convertir toda esta semana de vértigo en una circunvalación que conduzca a un punto de llegada muy similar al deseado por el PP y el PSOE antes del referéndum.

En este nuevo escenario los rostros de Rajoy y Sánchez se tornan de nuevo indistinguibles. Al escucharles valorar el resultado del referéndum griego uno tiene la sensación de haber escuchado las mismas palabras. Ambos dirigentes hacen una reivindicación de la UE y las instituciones -troika- hablando de la “solidaridad” que han mostrado para con el pueblo griego. Para social liberales y conservadores “solidaridad” es presionar para el despido de más de 300.000 funcionarios, pérdida de salario del 40% en el sector público y privado, convertir en deuda pública los agujeros de las cuentas de resultados de la banca griega y los acreedores internacionales... Con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

Pero después de esta particular visión de la filantropía, ambos dirigentes insisten en que Tsipras debe hacer un ejercicio de “responsabilidad”, “cumplir sus obligaciones” y por lo tanto llegar a un acuerdo con la troika sin ninguna concesión adicional. Rajoy y Sánchez se unen en esta política de Estado. ¿El objetivo? Imponer una claudicación lo menos honrosa posible a Tsipras que impida que la solución a la crisis griega pueda ser utilizada por Podemos y más bien sirva de ariete para frenarlo.

Toda la “regeneración socialista” se demuestra una gran operación cosmética. El bipartidismo en decadencia se une para intentar sobrevivirse como la casta política imprescindible. La mejor garantía de que cualquier proceso de cambio político que pueda abrirse después de las elecciones generales sea lo más gatopardista posible. Por si necesitan ayuda, ahí está Ciudadanos que hace frente común con ambos partidos en esta cuestión de Estado.

Podemos, en el otro lado, vive preso de los propios límites de su estrategia y la de su socio Syriza para enfrentar esta ofensiva de los partidos de la casta. Desde Iglesias hasta Miguel Urbán, eurodiputado y dirigente de Anticapitalistas, se han mostrado completos defensores de la línea de Tsipras. Las intenciones de éste de convertir el abrumador No en una herramienta de presión para alcanzar un Sí negociado hace que vaya a ser muy difícil que el acuerdo que se alcance no sea vendido en toda Europa, y en el Estado español por el PP y el PSOE, como una renuncia a sus aspiraciones y una victoria de las políticas realistas que encarnan los partidos del bloque del centro; conservadores y social-liberales.

En Grecia el resultado del referéndum plantea una contradicción dentro del campo del No. Por un lado está el gobierno de Tsipras y ANEL que quieren usarlo para legitimar un acuerdo de capitulación. Por el otro, expresó el rechazo masivo a esas políticas y plantea la necesidad de promover y organizar la movilización obrera y popular para derrotar todas las políticas de la troika, las imposiciones imperialistas y un posible tercer memorándum firmado por el gobierno Syriza-ANEL.

En el Estado español lo que suceda en las próximas semanas va a tratar de ser utilizado en beneficio de un refuerzo de los partidos de la casta. La victoria del No cayó como un jarro de agua fría en las sedes del PP y el PSOE y ha sido un espaldarazo para el partido de Iglesias. Una claudicación de Syriza en la mesa de negociación puede invertir rápidamente la ecuación. Aquí como en Grecia, es necesario plantear una estrategia de ruptura con la troika, para imponer un programa que haga pagar a los capitalistas por su crisis por medio del desarrollo de la lucha de clases, en la perspectiva de conquistar un gobierno de los trabajadores y el pueblo.







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