Internacional

FRANCIA | CONGRESO DEL NUEVO PARTIDO ANTICAPITALISTA

"El NPA amenazado de implosión": debate sobre un artículo publicado en Le Monde

Un artículo publicado hace unos días en el diario Le Monde de Francia por Sylvia Zappi habla de “amenaza de implosión" sobre el Nuevo Partido Anticapitalista. El relato de las causas y características de la crisis está marcado por una visión sesgada de la situación, dejando fuera elementos decisivos que queremos desarrollar.

Martes 4 de agosto | 10:11

Artículo publicado originalmente en francés por el comité de redacción del sitio Révolution Permanente, parte de la Red Internacional La Izquierda Diario. Se trata de un debate con un artículo aparecido en el diario Le Monde, en el que se habla de una amenaza de implosión del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Francia. El sitio Révolution Permanente es impulsado por la Corriente Comunista Revolucionaria en el NPA


El artículo [de Le Monde], basado en un boletín de debate al que tuvo acceso su autora, Sylvia Zappi, explica que las altas tensiones que rodean a los debates previos al congreso del NPA son principalmente el resultado de una "serie de reveses electorales y estratégicos" desde las elecciones presidenciales de 2017 y del hecho de que el partido se ha "aislado políticamente al construirse en oposición a todas las corrientes de izquierda".

No sabemos si esta interpretación puede reflejar algún tipo de sesgo por parte de la autora, pero ciertamente es compartida por una serie de antiguos miembros de la Liga Comunista Revolucionaria [LCR, partido de la extrema izquierda francesa que se disolvió para fundar el NPA en 2009] o del NPA, algunos de los cuales están ahora en La Francia Insumisa [LFI, partido animado por Jean Luc Melenchon], el Partido Comunista (PCF) e incluso el Partido Socialista (PS). Este tipo de razonamiento se deriva de una lógica, basada en las elecciones y la relación con la izquierda institucional, que no es la de la lucha de clases y la perspectiva revolucionaria, que inspira a una gran mayoría de los militantes del NPA. El relato de una oposición que acusa a la dirección histórica de "querer acercarse a los amigos de Jean-Luc Mélenchon y abandonar la ’pureza revolucionaria’ por un reformismo juzgado culpable" ofrece una explicación sin duda conveniente, pero falsa y que oculta lo esencial.

Esta postura es incorrecta, porque no muestra en absoluto lo que está en juego. Contrariamente a lo que dice Sylvia Zappi, nadie acusa a esta dirección de "querer acercarse a los amigos de Jean-Luc Mélenchon". Los camaradas que han sido seducidos por esta perspectiva ya lo han hecho, en varias oleadas de salidas de militantes y líderes del NPA hacia el Front de Gauche y luego hacia el LFI.

Esta línea oculta lo esencial, porque la realidad es mucho más compleja. Las fuentes de la crisis actual del NPA se encuentran más bien en la incapacidad de su antigua corriente mayoritaria para pesar y construirse en las movilizaciones históricas de los últimos años (movimiento contra la Ley del Trabajo de Hollande, movimientos de los trabajadores ferroviarios con su convenio, los Chalecos Amarillos y luego la reforma de las jubilaciones de Macron), y más generalmente en el fracaso del proyecto fundador del NPA.

Los verdaderos motivos de la crisis actual

Lo principal en esta situación es, en primer lugar, que si la anterior dirección está considerando ahora la posibilidad de una escisión, que algunos esperan que sea "amistosa", es porque se ha convertido en una minoría en la base de la organización y su historial como mayoría relativa a partir del congreso de 2018, no le permite abordar el próximo congreso con el más mínimo optimismo.

Esta apreciación no es tanto la de los plazos electorales, como la de la intervención del partido en las últimas secuencias de la lucha de clases y ante los nuevos fenómenos políticos que puedan haber surgido en este campo. Más allá de las intervenciones a menudo correctas de Olivier Besancenot en los medios de comunicación, el NPA y sus dirigentes tuvieron grandes dificultades para comprender la situación, intervenir correctamente y aparecer como una alternativa creíble a los ojos de miles de personas que participaron de estas movilizaciones.

Esta evaluación es menos negativo en lo que respecta a otras tendencias. Junto a Gaël Quirante, a quien menciona el artículo de Le Monde y que desempeñó un papel destacado a la cabeza de las movilizaciones de los trabajadores de correos y otros sectores en Hauts-de-Seine, encontramos a la mayoría de los militantes que, según el artículo, tienen "influencia en ciertas movilizaciones de jóvenes o en los sectores radicales del movimiento social".

Es el caso de nuestro camarada Anasse Kazib, figura destacada en la lucha de los trabajadores ferroviarios contra el Pacto Ferroviario en 2018 (de precarización para el sector), y la histórica huelga de los trabajadores del transporte en el contexto del movimiento contra la reforma de las pensiones en diciembre-enero pasado. Como parte de este movimiento, Anasse fue un portavoz de la Coordinación RATP-SNCF (ferroviarios y transporte metropolitano), que desempeñó un papel decisivo en el mantenimiento de la huelga de transporte y, por tanto, del movimiento, en un momento en que los dirigentes sindicales pedían una tregua de fin de año.

Este es también el caso de los activistas que estuvieron en el origen del Pôle Saint-Lazare [El Polo de Sanit Lazare unificó a trabajadores ferroviarios y del transporte con activistas sociales y contra la violencia policial racista, en particular los del Comité Adama, que pide justicia por el joven Adama Traoré asesinado por la policía], a través de la Intergare ("interestaciones", un colectivo de trabajadores ferroviarios sindicados y no sindicados resultante de la batalla de los ferrocarriles contra el pacto ferroviario en 2018) y sus vínculos con el Comité Adama.

Pôle Saint-Lazare reunió a miles de militantes del movimiento obrero y de los barrios populares para manifestarse junto a los Chalecos Amarillos. Una política ofensiva, llevada a cabo en un momento en el que los dirigentes sindicales hacían todo lo posible para evitar la convergencia entre el movimiento sindical y los chalecos amarillos, llegando incluso a condenar la "violencia" de los Chalecos Amarillos manifestada en un comunicado del 6 de diciembre, a la que parte de la dirección del NPA se adaptó desgraciadamente.

No es de extrañar que, en este contexto, la mayoría de los camaradas que se unieron al NPA como resultado de los últimos movimientos, tanto en el ámbito del trabajo como en el de la juventud, lo hicieron por invitación de camaradas que eran miembros de tendencias distintas a la de la antigua dirección de la LCR.

Un problema importante de esta última corriente es que ha perdido en gran medida el hábito de participar en luchas con políticas independientes de las burocracias sindicales y políticas, de ganarse la confianza de los actores de estas luchas mediante actos militantes concretos, y de proponer a estos activistas que se unan y construyan un partido que defienda una alternativa revolucionaria y una perspectiva comunista. Estas políticas consideradas "a la antigua" han sido sustituidas por la ilusión de que la participación electoral con un buen candidato desencadenaría automáticamente en adhesión militante (y en las elecciones, en más votos) al "partido anticapitalista".

En relación con lo anterior, el problema más general al que se enfrenta el NPA es el fracaso de su proyecto fundacional, basado en estas ilusiones pero también en las concepciones desarrolladas a lo largo de los años por la agrupación internacional que se reivindica como "la Cuarta Internacional", y a la que la mayoría de los activistas siguen refiriéndose con su nombre original de "Secretariado Unificado" (SU). Este proyecto, nacido a principios de los años noventa, consistía en construir partidos "amplios", "estratégicamente indefinidos", es decir, partidos que no adoptaran una posición clara entre la reforma y la revolución, entre las reformas "progresivas" del capitalismo y el derrocamiento revolucionario del sistema en una perspectiva socialista o comunista.

Esta política, que ha dado lugar a diversos tipos de alianzas con las corrientes reformistas denominadas de "izquierda", también ha provocado una serie de desastres para las organizaciones del SU, desde la pérdida, en Brasil, de una organización ("Democracia Socialista") que apoyaba y participaba en el gobierno social-liberal de Lula en 2003, hasta el reciente retroceso de Podemos en el Estado español y, en Italia, el desastre de la "Refundación Comunista".

Es con esta concepción de la construcción del partido con la que debemos romper definitivamente hoy si queremos que los 11 años de existencia del NPA sirvan para hacer avanzar el movimiento revolucionario y no terminen en un completo fracaso como las experiencias citadas anteriormente.

“¿Quien quiere matar al perro lo acusa de tener rabia?”

Es esta realidad, en la que las corrientes de izquierda del NPA avanzan, cosechando los frutos de su intervención en la lucha de clases, mientras que el peso relativo de la antigua mayoría de la LCR disminuye congreso tras congreso, lo que la dirección saliente busca ocultar. Maniobras como tratar de evitar que los nuevos miembros que se unieron al partido después de los últimos movimientos importantes voten para el próximo congreso, o utilizar como chivos expiatorios y pretextos -las "tendencias" que cuestionarían las decisiones tomadas y no pagarían sus cuotas de manera justa- forman parte de un deseo de ignorar un verdadero balance político del NPA, 11 años después de su creación.

El aspecto central de este caso es que la mayoría histórica de la antigua LCR no está dispuesta a aceptar ser una minoría dentro de la organización que se creó originalmente. Sin embargo, la mayoría de los militantes se opone a la escisión y tiene la intención de mantener el NPA y refundarlo sobre la base de un análisis que tenga en cuenta el cambio radical de la situación, el retorno en vigor del conflicto entre clases y la perspectiva de grandes levantamientos sociales con potencial revolucionario. Todos estos son elementos que cuestionan, y requieren que aclaremos, las vagas delimitaciones estratégicas del proyecto inicial.

Lo que sí es cierto, sin embargo, es que en las actuales circunstancias la desaparición del NPA como organización anticapitalista independiente beneficiaría a las organizaciones de la izquierda institucional, en particular a LFI, que ya tiene sus ojos puestos en las elecciones presidenciales y que desearía poder prescindir de una candidatura a su izquierda, que pudiera tener cierta audiencia.

Por eso Adrien Quatennens, en representación de LFI, escribió a la dirección de la NPA hace unas semanas para proponer una reunión para discutir las próximas elecciones presidenciales. Una elecciones en las que esta organización cree que puede llevar a Mélenchon a la segunda vuelta, apostando por una "entrada" a la segunda vuelta con cifras más estrechas que en 2017.

Preservar el NPA y convertirlo en una herramienta para construir un gran partido revolucionario

Contrariamente a esta lógica de escisión y división, que conduce a un pequeño partido con casi ninguna presencia en el movimiento obrero, e incluso a la desaparición total del NPA, la situación política debería empujar a los anticapitalistas a una lógica completamente diferente. En esta nueva situación marcada por el resurgimiento de la lucha de clases a escala internacional, en la que se librará una feroz batalla sobre quién pagará los costes de la crisis sanitaria y económica, en la que los partidos institucionales encuentran cada vez menos credibilidad entre las masas y en la que, por diversos cauces, surge la urgencia de poner fin a esta sociedad capitalista racista, patriarcal y ambientalmente destructiva, la existencia de organizaciones anticapitalistas y revolucionarias independientes será más que nunca un factor decisivo.

Esto no significa que el NPA sea perfecto, ni mucho menos, pero puede convertirse en un instrumento de recomposición de una extrema izquierda que lucha por un gran partido revolucionario, alimentado por militantes de diferentes tradiciones y por miles de trabajadores y jóvenes que han despertado políticamente en las últimas movilizaciones. Es fundamental para no "pesar" del lado de la LFI y la EELV (verdes), sino del lado de los trabajadores en lucha y sus intereses, para el derrocamiento del sistema capitalista y una sociedad sin explotación y opresión.

Lejos de proponer la simple continuación de los "debates entre tendencias", considerados responsables de la crisis del NPA, creemos que un período de lucha de clases como el que se ha abierto desde 2016 ofrece una nueva perspectiva para la construcción de un gran partido revolucionario en Francia. La de "dar cuenta" de los diversos sectores y militantes que han levantado valientemente la cabeza en las movilizaciones de los últimos años, abriendo las puertas del partido (en lugar de cerrarlas) para discutir los balances estratégicos de las recientes luchas y las posibilidades de reconstruir una extrema izquierda anticapitalista y revolucionaria que esté a la altura de la situación.

Esta es la apuesta política que los militantes de Revolutión Permanente en el NPA pretenden defender junto a otras tendencias partidarias, en el próximo congreso y más allá.







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