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El Frente Amplio busca su tercer gobierno

A pocos días del 26 de Octubre, el frenteamplista Tabaré Vázquez continúa con un leve favoritismo para vencer en la segunda vuelta al candidato Blanco Luis Lacalle Pou que aparece segundo en las encuestas; y que además recibirá para esa instancia la mayor parte del apoyo de los votantes del partido Colorado.

Jueves 9 de octubre de 2014 | Edición del día

Tal como planteábamos en la nota anterior las próximas elecciones nacionales en Uruguay muestran una imprevista incertidumbre acerca de cuál será el resultado final.

Ya casi se da por hecho que el Frente Amplio (FA) no tendrá como hasta ahora mayorías parlamentarias propias, lo que lo obligará a mayores negociaciones y acuerdos con la derecha tradicional y el Partido Independiente, en tiempos de ajustes y crisis que se avecinan tanto en el país como a nivel regional.

Sin grandes promesas ni propuestas de cambio y con la sensación que todos los candidatos aplicarán algún tipo de ajuste económico, la población vive con poco entusiasmo el acto eleccionario, más allá de que en estas últimas semanas se observan actos y movilizaciones algo más concurridas y masivas.

La desilusión con el progresismo frenteamplista

Ni aún los más entusiastas simpatizantes del FA esperan a esta altura grandes cambios o sorpresas de cara a un posible tercer gobierno. El aura transformadora de una coalición política que generó la esperanza entre los trabajadores y el pueblo se ha ido progresivamente diluyendo. A fuerza de realpolitik y desengaños los propios frenteamplistas fueron viendo como su dirigencia se integraba paulatinamente al régimen político para terminar siendo hoy prácticamente un partido tradicional más.

Se podría decir que el FA fue históricamente casi como la encarnación del progresismo en Uruguay, desde su oposición a la dictadura, pasando por la conducción de la central obrera nacional desde hace más de 40 años, hasta la representación de las demandas más sentidas de la población como la oposición a las política neoliberales y la corrupción de los partidos de la derecha, la lucha contra la impunidad y por los derechos democráticos como el derecho al aborto y al consumo de drogas. Sin embargo en sus más de 10 años de gobierno (y anteriormente dirigiendo el gobierno de Montevideo) el FA no ha plasmado en hechos lo que declama en los discursos y hasta en su Carta Fundacional y otros programas votados en posteriores congresos

Asistimos así a una campaña política fría y apática donde los trabajadores pasivamente casi resignados se vuelcan a votar al FA con la casi única esperanza de que la situación no empeore. Intuyen que si llega la crisis y ganan los blancos o colorados los ataques al nivel de vida serán más frontales y directos. Esto tuvo su expresión en el importante apoyo de sectores obreros al paro del pasado 18 de septiembre pasado, donde los trabajadores claramente pasaron de ver en el FA una esperanza de cambio, a verlo como la alternativa menos mala que permitirá luchar en mejores condiciones por mantener las conquistas logradas.

Que pasó en estos 10 años

Es cierto que a partir del 2005 las condiciones económicas mejoraron lentamente, aunque es una verdad a medias si se analizan con detenimiento las cifras y resultados económicos. La situación sin duda es mejor que en los catastróficos años de la crisis del 2002 , pero a duras penas se equipara a los neoliberales años ‘90 y mucho menos se acerca al nivel de vida anterior a la dictadura.

Si frente a tanta relación armoniosa con el imperialismo se comenzaban a levantar las primeras voces de resistencia, en 2009 la candidatura de José Mujica (apoyado por el Partido Comunista), ex guerrillero y preso de la dictadura, despertó nuevas ilusiones. Algunos se esperanzaban con el prometido giro a la izquierda y avizoraban un gobierno que, aunque discursivamente, se pusiera a tono con otros gobiernos nacionalistas y populistas de la región.

Nuevamente los hechos mostraron la realidad pura y dura. De entrada Mujica, aunque un aspecto de su campaña electoral fue la “deuda social” que le faltó al primer gobierno del FA, le aseguró a los empresarios que no peligraban sus ganancias y luego trató de "pobres viejitos" a torturadores y asesinos confesos de la última dictadura, para evitar abrir un proceso de juicio y castigo a los responsables.

Mientras trataba de vagos a los trabajadores, tratando de dividirlos de los sectores más pobres de la sociedad a los que trató de llegar con asistencialismo y subsidios, elogiaba a empresarios negreros o atacaba a los empleados públicos con el mejor discurso neoliberal, abrió aún más la puerta al capital extranjero prometiéndoles jugosos negocios, si es necesario a costa de la depredación de los recursos naturales y la contaminación.

La reforma del Estado que ataca conquistas históricas de los trabajadores públicos y la ley de asociación público privada que da marco legal al saqueo imperialista fueron los caballitos de batalla de una gestión que se esmeró en mantener intacta la ganancia empresarial y la estructura capitalista del país.

En 2013 y 2014 el gobierno de Mujica ha venido profundizando algunos de los rasgos más derechistas de los gobiernos del FA. Tomando la agenda de la derecha, aumentó la represión sobre todo en los barrios obreros y populares, y se desató entre la justicia y la policía una política sistemática de persecución de los militantes sociales y políticos. Para esto se valieron de oficinas creadas en los tiempos de la represión como el Departamento de Operaciones Especiales, oficina que depende del Ministerio del Interior dirigido por el Tupamaro Eduardo Bonomi, ratificado por Vázquez en caso de acceder a un nuevo gobierno.

Y hasta tuvo que enfrentar la huelga docente más importante de las últimas décadas por su intransigencia a otorgar un aumento de salario digno, con el objetivo de mantener las cuentas fiscales y aleccionar al conjunto de los trabajadores, imponiendo los techos salariales. Es por eso que Hoy, a menos de un mes para las elecciones las últimas encuestas divulgadas dan una exigua ventaja a Vázquez, casi un empate técnico.

Mientras los analistas políticos subrayan las grandes coincidencias entre los programas de gobierno de los tres partidos principales, Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado los trabajadores y el pueblo parecen mostrar con su apatía y falta de entusiasmo que presienten que el modelo "progresista" post neoliberal está llegando a su fin.







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