Cultura

MÚSICA Y LITERATURA

Crónicas de resistencia: un canto por la paz

En el libro Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) Gonzalo Planet recupera la obra de los músicos y hermanos Labra Sepúlveda y Harley Labra Bassa para repasar biográficamente las vidas en las poblaciones pobres de Santiago bajo la dictadura pinochetista.

Gonzalo Schwenke

Crítico literario

Viernes 25 de septiembre | 13:36

Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018)

Gonzalo Planet (Santiago, 1978)

Ediciones Pez Espiral, 2018, 172 páginas.

Sol y lluvia es considerado parte del cancionero del Canto Nuevo, junto a quienes forjaron la resistencia cultural a la dictadura en el ochenta. Ellos se distinguen de otros por las canciones festivas y bailables, sorteando la censura a través de la creatividad de los afiches artesanales, y por las letras de canciones enfocadas en revelar el diario vivir de las comunas periféricas de Santiago. Es decir, ser pobre o estar desempleado durante el régimen cívico militar no es un tránsito, sino que significa vivir el hambre y participar de ollas comunes en las que no había para todas las familias.

Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018), es el tercer libro del periodista Gonzalo Planet quien en once capítulos reúne a los hermanos Labra Sepúlveda y Harley Labra Bassa para repasar biográficamente las vidas en las poblaciones de Vicente Navarrete, San Gregorio, La Legua o el Zanjón de la Aguada.

Además de recordar la vida de sus padres, relatan la infancia que se desarrolla en zonas aledañas, el vínculo de la política y la cultura durante los setenta, el golpe de Estado, la detención y tortura por los aparatos de represión, el trabajo serigráfico que los caracteriza, la relación con la iglesia y el lleno total en el concierto del Estadio Nacional (1999). Las extensas entrevistas finalizan con palabras de Amaro Labra asumiendo en 2018 como diputado de la república por el Partido Comunista.

La periodista e investigadora Marisol García en el libro Canción Valiente (2013) señala la calidad de las letras de este grupo, puesto que vivencian el mundo más cercano en las poblaciones de San Joaquín: “Este canto popular-popular (…) acogió problemas humanos y colectivos, pero no como un gesto de rescate o reivindicación, sino por ser conflictos que estaban allí” (286). Asimismo, me parece que crear el vínculo entre arte y el cotidiano posibilita que exista un campo de representar a los representados. Una identificación de los habitantes de un lugar en el que emergen las identidades individuales y colectivos.

Uno de los puntos débiles radica en la falta de rigor investigativo y de orden que representa la ausencia de índice. Este gesto, que bien podría pasarse por alto, confluye en la desprolijidad como algunas noticias que no tienen dato de publicación, al igual que ciertas fotografías en blanco y negro que no están precisadas en el hecho autoral. Las discografías no tienen continuación por fecha, sino que han sido insertadas a medida que la conversación lo requiera. De hecho, el disco “Hacia la tierra” (1993) tiene la fotografía por ambos lados, no así, los demás que están a una sola cara (“A desatar la esperanza!!” 1986, “+personas” 1988, y “Testimonio de paz” 1989) o aparece solamente la carátula (“La vida siempre!!!” 2000, “La conspiración de la esperanza” 2004, y “Clima humana” 2013). De lo anterior, no permite que estén integradas las letras de las canciones y tampoco el apartado a disposición del lector. No es lo mismo insertar fotografías, noticias o afiches publicitarios a medida que la entrevista lo requiera, que entregar los discos y las letras con la debida importancia que se merecen.

Por otro lado, coloco en relevancia la serigrafía de los hermanos Labra, los que vinculan el quehacer (hoy en día formas de generar publicidad), con elementos que no contaban y herramientas que fueron creando: “Era un taller esencialmente para proveer de lucas para parar la olla” señala Jonny (31). Esta situación se relaciona con el tema Aunque solo tuviera de Schwenke & Nilo: “Aunque solo tuviera/ aunque solo tuviera un pedazo de tela/ con pinceles de sueño pintaría un discurso/ con vocales gigantes/ consonantes moradas”, dando cuenta de la ausencia de materialidades pero que, con un trozo de tela, creyendo en las declaraciones sobre lienzos se defienden los recursos y derechos básicos para la población de un país. Entonces, Sol y lluvia se ha convertido en un tipo de registro de identidad que devino en canto, y que Charles llama “la paciencia era la resignación, y la pazciencia era la acción” (33), puesto que, “vivir en dictadura es vivir en una de las peores prisiones que uno pueda imaginar” (29) confirma Amaro.

En efecto, el grupo recoge el manifiesto de la canción protesta argentina y de Violeta Parra a través relaciones intertextuales. La relación es fácil de reconocer en la canción con todos de Mercedes Sosa: “Salgo a caminar/ Por la cintura cósmica del sur”, en tanto, que en el tema Voy a hacer el amor de Sol y lluvia: “Tomo tu mano y salgo a caminar/ por la triste y vigilada ciudad”. Ambos temas musicales del repertorio latinoamericano colocan a disposición la relevancia del trabajo del artista quien debiese recorrer los lugares que le pertenecen, esto es, reconociendo siempre del lugar que se proviene.

Si bien el libro contiene errores y pertenece a los discursos oficiales, entiéndase esa conflictiva relación entre lo dicho por la Fundación que financia y la omisión de los procesos creativos previos a la realización de los discos. Sol y lluvia: voces de la resistencia (2018) no deja de ser un documento meritorio de un nicho de artistas que no han sido debidamente estudiados o valorados y que durante los ochenta configuraron la canción de resistencia.







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