Mundo Obrero México

VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS

Como docente de educación pública te exijo a ti, Estado…

Buscamos dialogar con la legítima preocupación por la seguridad de los docentes y los alumnos y debatimos con las posturas que criminalizan a los alumnos, o responsabilizan a madres y padres de familia proponiendo salidas punitivistas.

Jueves 16 de enero | 17:58

Frente al escenario del Colegio ubicado en Torreón, donde un niño de once años perpetró un tiroteo que le arrebató la vida a algunos estudiantes, a su maestra del Colegio y a sí mismo, dejando heridos a otros más, se suscitaron múltiples reacciones en el sector de educación pública, en el que han resaltado las condiciones de los docentes y la vida de los estudiantes, en su mayoría provenientes de la clase trabajadora y sectores empobrecidos.

Desde esta perspectiva abordamos algunas interrogantes que buscan dialogar con la legítima preocupación por la seguridad de los docentes y los alumnos y debatimos con las posturas que criminalizan a los alumnos, o responsabilizan a madres y padres de familia proponiendo salidas punitivistas.

1. ¿Es un problema individual o del contexto social?

Las nuevas generaciones nacieron bajo un contexto de pobreza signado por la violencia de la guerra contra el narcotráfico, desapariciones, feminicidios, inseguridad, asesinatos de activistas que defienden sus territorios y comunidades contra los megaproyectos. Esta realidad se refleja en sus colonias, en las series, música, cine, videojuegos, noticieros y redes sociales, lo cual genera una normalización de la violencia en la vida de nuestros alumnos, incluso muchos la enfrentan como el único modo de coexistir en sus familias para sobrevivir. Es por ello que no podemos considerar que el problema sea un problema meramente individual sino que los jóvenes son el último eslabón de una cadena de violencia provocada por este sistema económico y político basado en la desigualdad y la explotación.

2. ¿Por qué las madres y padres de familia no pueden estar con sus hijos?

Muchos niños han crecido sin la atención de sus padres, se crían solos o con los abuelos, esto debido a que los padres son forzados a cumplir con las extensas jornadas laborales que impone la patronal, en condiciones de trabajo precarias, tomando en cuenta además el tiempo de traslado para llegar y regresar. Claro que hay excepciones, pero esa no es la regla. La mayoría se presiona por tener ingresos económicos que garanticen alimentos, vestimenta, útiles escolares y pasajes para que sus hijos puedan estudiar diariamente.

La economía es una presión, muchos hogares son sostenidos por el trabajo de ambos padres. Ni qué decir cuando las madres deben garantizar solas el sustento: muchas veces se las ven duras para llegar a fin de mes, sostienen dobles trabajos, además de llegar a garantizar la comida y limpieza en la casa.

Así se configura una rutina que deja poco tiempo para que exista comunicación, espacios de convivencia y de recreación en común para generar nuevas dinámicas en la que los padres realmente puedan disfrutar del crecimiento y desarrollo de sus hijos.

Poder tener derecho a un ambiente con esas características, implicaría construir otro tipo de relaciones sociales, más sanas, en las que también se pueda jerarquizar el disfrute de la cultura y el arte de forma colectiva, tanto en la comunidad donde habitan como más allá de ella.

3. ¿Se han perdido los valores en la educación de nuestros alumnos?

En estos tiempos nos encontramos en una sociedad degradada que nos impone una educación que exacerba el individualismo basado en un bienestar personal que no retoma las condiciones del otro, ni las demandas colectivas, cuestión que se complejiza cuando prima la competencia para satisfacer las necesidades del mercado.

Los docentes críticos ante las terribles vidas que enfrentamos muchos maestros y alumnos, muchas veces en silencio, pensamos que urge destacar en nuestra enseñanza la práctica de la solidaridad, el apoyo mutuo, la empatía en la forma de relacionarnos y el trabajo colectivo en beneficio de los intereses de las grandes mayorías.

Este tipo de educación será un grano de arena para pelear por otra sociedad en la que desaparezca la desigualdad que genera la sociedad capitalista actual, así cómo la pobreza, la explotación y la mercantilización del conocimiento.

4. ¿Es responsabilidad de las madres y los padres de familia o del Estado?

El Estado impone un sentido común en el que se tiende a responsabilizar al núcleo familiar. Verlo desde esta perspectiva te impide observar que el Estado ha dejado en la marginalidad a millones de familias trabajadoras, niega el derecho a que en las colonias existan parques, gimnasios, bibliotecas y centros recreativos para un correcto desarrollo de los individuos, niega el acceso a la educación media y superior a los menores, recorta presupuesto a la educación, salud y cultura, despoja y desplaza en beneficio de las grandes trasnacionales.

Es responsabilidad del Estado por no garantizar un pleno desarrollo de la niñez y jóvenes, ni garantizarnos el elemental derecho a vivir sin violencia.

5. ¿Es necesaria la unidad entre madres y padres de familia con los docentes?

Nuestra principal fortaleza como docentes es la unidad con las madres y padres de familia que en distintos momentos nos han apoyado cerrando escuelas, calles y avenidas para pelear en común en defensa de la educación pública y gratuita y contra la reforma educativa, en solidaridad pero también por el futuro de nuestros niños y jóvenes.

Cotidianamente nos apoyan ante la falta de material, infraestructura, hostigamientos y abusos de los directivos, por eso la SEP ha comandado una fuerte política al interior de las escuelas para dividirnos, como cuando sugiere que en casa se echa a perder lo que se hace en la escuela.

Ante las duras problemáticas que padecen nuestros alumnos, que pueden llevarlos a situaciones extremas, nuestra respuesta inmediata no puede ser culpabilizar, ni criminalizar, basándonos en algunas malas experiencias con padres y madres. Debemos tratar de comprender que viven realidades complejas ocasionadas por la dinámica que les es impuesta, como hemos desarrollado en líneas anteriores.

Creemos que es necesario defender mejores condiciones de vida juntos, tanto docentes como madres y padres de familia, pues somos quienes padecemos malas condiciones laborales y sociales; también tenemos familias, hijos e hijas que quisiéramos ver más tiempo y que nos causa angustia saber todos los problemas y peligros que tienen que enfrentar.

6. ¿Qué podemos hacer los docentes ante estas problemáticas?

Como primera respuesta a la problemática actual de las escuelas, consideramos que la autoorganización democrática al interior de las mismas, con la participación de maestras y maestros, alumnas y alumnos, madres y padres, permitiría no sólo deliberar acerca de cómo mejorar las condiciones de la educación, sino que sería una vía muy importante para el saneamiento de las relaciones intraescolares.

De esta manera, podríamos organizarnos para exigir no tener aulas hacinadas, sobrepobladas y en malas condiciones, puesto que tiene una repercusión pedagógica, ya que es una situación que influye de manera negativa en los procesos de enseñanza–aprendizaje, es complicado resolverles todas las dudas de las y los alumnos, brindarles una atención especializada, generar dinámicas, impartir clases y atender sus necesidades.

Lo anterior implicaría exigir al mismo tiempo que se construyan más escuelas, con más maestros en servicio, pero además con instalaciones para el desarrollo real en el terreno de las artes, la ciencia, el deporte y la cultura, llevando necesariamente la

cuestión a la lucha por aumentar el presupuesto educativo que podría provenir, por ejemplo, del no pago de la deuda externa, de cobrar impuestos progresivos a las grandes fortunas, de renacionalizar la industria y los recursos energéticos y de abolir la Guardia Nacional que da continuidad –en respuesta a la exigencias de la Casa Blanca- a la militarización del país y con ello a las escenas de violencia que todos conocemos.

Por otra parte las autoridades, en beneficio de las políticas educativas que se llevan adelante, tienden a silenciar e ignorar las necesidades de los alumnos. En muchos casos los directivos, ante las diversas situaciones que identificamos que enfrentan nuestros alumnos, nos piden no involucrarnos para no meternos en problemas, ni tener demandas o conflictos con las madres y padres de familia, volviéndonos cómplices de la adversa realidad que padecen sistemáticamente los niños y jóvenes.

Auto organizándonos democráticamente en las escuelas, podríamos exigir que existan suficientes psicólogos y orientadores por turno en primaria y secundaria, para que puedan brindar un acompañamiento integral a los alumnos que enfrentan algún tipo de violencia, o problemáticas que impiden su proceso de aprendizaje y desarrollo humano. Podríamos también, hacernos partícipes en la elaboración de planes curriculares que estén basados en un contenido crítico para abrir reflexiones, científico y social, al servicio del pueblo trabajador.

Junto a ello, es necesario organizarnos para luchar por reducir la jornada laboral, por ejemplo a 6 horas, 5 días a la semana, sin reducción salarial, lo que permitiría que las madres y padres pasaran más tiempo con sus hijos e hijas.

Pero si la violencia social es, en última instancia, la causa de la violencia en las escuelas, nuestros esfuerzos deberían ir encaminados a erradicar las causas de esa violencia, es decir, a superar el sistema económico y social que le da origen: el capitalismo.

La autoorganización democrática en las escuelas, entonces, podría ser parte del impulso de la necesaria organización independiente y la lucha de los explotados y oprimidos, para avanzar en la perspectiva de un gobierno de los trabajadores y el pueblo, de ruptura con el capitalismo, para resolver realmente las necesidades de las grandes mayorías, y con ello acabar con las causas profundas de la violencia social.







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