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Altamira, NPA y “partidos amplios”: la ignorancia no ayuda a revertir el fracaso

Con el título “El NPA amenazado de implosión”, el diario francés Le Monde, el pasado 22 de julio, hizo pública la crisis del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) por la amenaza de ruptura por parte de su antigua mayoría (lo que queda de la vieja dirección de la disuelta Liga Comunista Revolucionaria).

Fredy Lizarrague

Dirigente del PTS, integrante de su Comisión Internacional

Lunes 10 de agosto | 09:07

Se trata de un hecho trascedente para las corrientes marxistas revolucionarias ya que Francia es un país donde la tradición trotskista tiene enorme importancia y es la cuna del Secretariado Unificado dirigido por el histórico dirigente Ernest Mandel (autodenominado Cuarta Internacional).

Hemos traducido el artículo sobre este asunto, publicado en Révolution Permanente, diario digital de la Corriente Comunista Revolucionaria en el NPA (CCR) que integra, junto al PTS de Argentina y grupos de otros países, la corriente internacional Fracción Trotskista – Cuarta Internacional (FT-CI).

En un artículo, Jorge Altamira pretende analizar el hecho pero, en lugar de sacar alguna conclusión provechosa, busca atacar “faccionalmente” al PTS y al FIT-U. Lo que logra es mostrar su ignorancia y cuánto tiene de “liquidacionista” (término que utiliza reiteradamente, sobre el que volveremos) del trotskismo su propio pensamiento (y práctica). Dicho sea de paso, en la reciente Conferencia virtual Latinoamericana y de los Estados Unidos, la dirección del PO (“oficial”) mostró no haber aprendido nada de la ruptura con su “socio fundador”, ya que repitió argumentos similares contra las posiciones del PTS.
Primero despejemos algunas cuestiones que tienen que ver con la pura ignorancia.

Con soberbia porteña, Altamira afirma: “En el NPA tienen presencia todas las corrientes del FIT-U de Argentina”. En realidad, el pequeño grupo La Commune, de la Liga Internacional Socialista (LIS) a la que pertenece también el MST argentino, no forma parte del NPA desde hace muchos años (cualquiera puede enterarse con sólo leer su publicación, si bien sale con suerte cada 3 meses). La Unidad Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), a la que pertenece Izquierda Socialista, anuncia que en Francia está representada por un llamado Grupo Socialista Internacionalista que no tiene ni página web, y tampoco es parte del NPA. La extinta Coordinadora por la Refundación de la Cuarta Internacional (CRCI), que alguna vez fue impulsada por el PO nunca hizo el menor esfuerzo por construir alguna organización en Francia. La única corriente de las que integran el FIT-U que interviene en la lucha de clases, en la vanguardia obrera y juvenil francesa y es parte de las tendencias que luchan contra la política oportunista y liquidacionista de la dirección del NPA, es la CCR que publica su diario Révolution Permanente e integra, como ya dijimos, la FT-CI.

En segundo lugar, Altamira no aplica el método que él mismo propone, con el que acordamos: “Los partidos revolucionarios no prueban su vigencia por parámetros exitistas. Sus programas y métodos de acción y organización deben ser juzgados en el terreno de la lucha de clases”. Sin embargo, mientras nos dice que el NPA es “una suerte de frente de izquierda” ya que está integrado por diversas tendencias, en la única frase donde hace alguna referencia a la lucha de clases francesa afirma que “Las huelgas generalizadas que sacudieron a Francia hace poco, por un lado, y las movilizaciones de los chalecos amarillos, por el otro, pusieron al descubierto la inviabilidad de una ‘extrema izquierda’, o sea revolucionaria, que muta a movimientista y electorera”. Si se trata de una “suerte de frente de izquierda”, alguien mínimamente serio e informado debería hacer el balance del papel de cada una de las principales tendencias del NPA en esos enormes procesos de la lucha de clases que vienen recorriendo Francia. Al menos debería estudiar un poquito la lucha de los chalecos amarillos que comenzó en 2018 (si no se quiere tomar el trabajo de leer el libro de Juan Chingo, dirigente de la CCR, puede leer sus artículos traducidos al castellano en el suplemento Ideas de Izquierda de La Izquierda Diario) y la histórica huelga del transporte parisino contra la reforma de las jubilaciones en 2019. Pero como nuestras publicaciones seguramente serán consideradas “faccionales”, puede leer la prensa burguesa y ver el artículo de Le Parisien que refleja el enorme impacto de las apariciones televisivas del dirigente ferroviario “revolucionario y marxista” Anasse Kazib, miembro de la CCR/NPA; o esta importante publicación especializada en medios (Arrete sur Images); o el explícito reconocimiento al papel de la CCR y Révolution Permanente en la “Coordinación RATP-SNCF” (colectiveros y ferroviarios de la región parisina) durante la lucha contra la reforma de las jubilaciones por parte de la conocida revista International Socialism impulsada por el Socialist Workers Party de Gran Bretaña de Alex Callinicos, con el que mantenemos diferencias históricas.

No hay peor ignorante que el que no quiere saber, porque su objetivo deliberado es ocultar la emergencia de una tendencia trotskista revolucionaria en Francia. Hasta ahora, los principales partidos que se reclaman trotskistas en aquel país (considerados como “extreme gauche” y, aunque en decadencia, parte de la realidad política francesa) representan distintos grados de liquidacionismo y centrismo.

El “liquidacionismo” hace referencia a un término utilizado por Lenin para calificar, entre 1908 y 1912, a las tendencias que se oponían a la estrategia revolucionaria y a la organización de un partido ilegal en la Rusia zarista (entre ellos, la mayoría de los mencheviques y otros grupos socialdemócratas). En la actualidad, los liquidacionistas abiertos niegan la necesidad de construir partidos revolucionarios como consecuencia de abandonar la estrategia y el programa de la revolución socialista. Pero Lenin consideraba que también conducían al liquidacionismo los que, por una política sectaria, se negaban a aprovechar las posibilidades de construir partidos bajo la legalidad limitada que ofrecía el régimen zarista (los otzovistas). El “centrismo” es una categoría que utilizó mucho Trotsky para definir a los partidos o corrientes que oscilan entre el reformismo y la política revolucionaria (no es una categoría que utilice Altamira, aunque le vendría bien recordar lo que dijo Trotsky: “El centrismo está muy dispuesto a proclamar su hostilidad hacia el reformismo, pero nunca menciona al centrismo”). El centrismo en el movimiento trotskista tiene distinto tipo de expresiones, desde oportunistas a sectarias, lo que se relaciona con diferentes grados de “liquidacionismo”, más abierto (los que declaran el fin de la estrategia revolucionaria y la necesidad de construir partidos acordes) o más encubierto (los que tienen una práctica que conduce a resultados similares).

En Francia no sólo tenemos el liquidacionismo abierto que lleva adelante la vieja dirección de la LCR en el propio NPA, sino también el centrismo de los “ortodoxos” de Lutte Ouvriere (LO) que se mantiene como “partido revolucionario estricto” organizado bajo el centralismo democrático, pero practica un sindicalismo que no combate seriamente a la burocracia sindical, un electoralismo ramplón y una política totalmente impotente que los lleva a mantenerse “en formol”, aislados en el nacionaltrotskismo. La tercera corriente es el Partido Obrero Independiente Democrático (POID) que agrupa a lo que queda de la vieja corriente dirigida por Pierre Lambert, luego de la expulsión de sus dirigentes históricos (“cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”) del Partido Obrero Independiente (POI) que se autodefinía como integrado por trotskistas, anarco-sindicalistas, socialistas y comunistas, pero que en realidad estaba cada vez más integrado a la burocracia sindical. Altamira, que tanto “denuncia” nuestra lucha por construir un partido revolucionario en Francia, ¿habrá pensado alguna vez en la realidad política de la “extrema izquierda” en ese país?

La pasividad sindicalista, electoralista y sectaria de LO “conduce al liquidacionismo” (como diría Lenin) por default, por abstenerse de la lucha política de tendencias que ha sido característica del movimiento socialista desde su origen, con Marx y Engels. La intervención de compañeras y compañeros simpatizantes de la FT-CI residentes en Francia, en el NPA, que en su fundación reunió a más de 9000 integrantes y que permitía que los revolucionarios desplegáramos claramente nuestro programa y estrategia con publicación propia, buscó constituir una acción contraria al liquidacionismo que ya venía de antes en la LCR. Su tradición pablista-mandelista llegó hasta la renuncia explícita a la lucha por la dictadura del proletariado a mediados de los ’90. Pero este liquidacionismo, en Francia, no llegó al extremo de la integración del NPA a las corrientes abiertamente pro-imperialistas y reformistas francesas, como el Parti de Gauche de Melenchon (PG) o el Partido Comunista Francés (PCF). Se mantuvo como partido centrista “anticapitalista”, cuestión que no ocurrió en Italia, ni en Portugal, Brasil o el Estado Español. Si se trata de capitulaciones de la izquierda europea, recordemos que los antiguos socios italianos del PO en la fundación de la CRCI, el grupo dirigido por Marco Ferrando y Franco Grisolia, estuvieron ¡15 años! dentro de Rifondazione Comunista (el reconvertido estalinismo italiano, después de la disolución del Partido Comunista de Italia). Altamira dice que RC fue una “resistencia” a la disolución del PCI. Lo que no dice es que esa “resistencia” fue capituladora, centroizquierdista, llegando a apoyar al gobierno imperialista de Romano Prodi de 1996 a 1998 (luego repetirían ese apoyo en 2006), y los futuros socios del PO ¡permanecieron adentro hasta 2006! Esto ya lo criticamos en su momento.

El NPA tuvo varias rupturas hacia el PCF y el PG, mientras las tendencias de izquierda avanzaban. Es falso decir que el NPA “siguió, en el campo de la IV Internacional, el mismo derrotero de la socialdemocracia, primero, y el stalinismo después, en el desarrollo de su integración al estado”. ¿Cuáles serían las acciones del NPA equivalentes a la traición de 1914 que convirtió a la socialdemocracia en socialimperialista o a la contrarrevolución en la URSS y la traición de la lucha contra el fascismo en Alemania que convirtieron al stalinismo en un aparato abiertamente contrarrevolucionario? El NPA nunca llegó al nivel de “integración al estado” de, por ejemplo, Rifondazione Comunista. Por esto, el NPA representa -por ahora- una organización donde no es un “desatino” luchar por un programa y una estrategia revolucionaria, como lo demuestra el propio desarrollo de la CCR, que impulsan nuestros compañeros de la FT-CI. Por el contrario, es una obligación en Francia intervenir en ese proceso para intentar evitar que el liquidacionismo termine, allí, con todo vestigio de trotskismo. Por supuesto que la eventual ruptura del NPA planteará el difícil desafío de avanzar en el camino de la construcción de un verdadero partido revolucionario. Para ello, sería un paso adelante un acuerdo de las tendencias que defienden la necesidad de un programa y una estrategia claramente revolucionaria e internacionalista, perspectiva que plantean tanto la CCR como la corriente Anticapitalismo & Revolución (A&R) o la Fracción L’Etincelle, que son las principales corrientes de la izquierda del NPA. Lo que es seguro es que los centenares de integrantes de la CCR, que ha conquistado dirigentes y militantes en el movimiento obrero (ferroviarios, colectiveros, aeronáuticos, automotrices, docentes, salud y otros) y en el movimiento estudiantil, así como la enorme penetración en los sectores de vanguardia de Révolution Permanente (sitio ampliamente reconocido que llegó a superar las 2 millones de visitas mensuales durante las movilizaciones de los “chalecos amarillos” y más de 3 millones durante el pico de la pandemia en Europa), tienen la voluntad inquebrantable de asumir ese desafío. Esta base ya está conquistada.

Como se ve, el desarrollo de la CCR junto con la FT-CI es lo contrario de lo que afirma Altamira cuando dice: “Quienes ingresaron al NPA sabían muy bien lo que estaban haciendo: ofreciendo cobertura a una liquidación contrarrevolucionaria”. Sólo la lucha tenaz, teórico-política y práctica, internacionalista, por la construcción de un partido cuartainternacionalista en Francia ofrece una respuesta al liquidacionismo.

¿Cuál es el balance de la “lucha por la reconstrucción de la Cuarta” que viene llevando adelante Altamira y su corriente? En Francia ya sabemos que no existen. Nos hemos referido a Italia, donde la organización de Ferrando y Grisolia se dividió en 2006 y luego (como PCL) integró la CRCI hasta la ruptura con el PO en 2017. La juventud de dicha organización formó luego la Frazione Internazionalista Rivoluzionaria (FIR) que impulsa el periódico La Voce delle Lotte y viene integrándose a la FT-CI. El único lugar, por fuera de Argentina, donde puede considerarse que existía una organización históricamente aliada al PO con una mínima entidad es Brasil, otro país de cierta tradición trotskista. Allí, Altamira fue parte de la fundación (en los años del exilio) del partido Causa Operaria, que siempre practicó un crudo sindicalismo y que hoy bate récords de subordinación al PT, mucho más que el propio PSOL. ¿Cuál fue el balance de esa experiencia? ¿Qué lecciones revolucionarias dejó de su intervención en la lucha de clases de Brasil? Nada.

La CRCI desapareció sin ningún balance claro, y sin que hayan surgido grupos (por no hablar de partidos) que merezcan el nombre de tales por fuera del propio PO. Como ya hemos señalado, la defensa del “método precioso” de “frente único” (Ramal dixit) de impulsar la reconstrucción de la Cuarta en base a cuatro puntos generales, oficia de cobertura de una práctica nacionaltrotskista donde no hay experiencia y control político internacionalista común en busca de las lecciones estratégicas de la lucha de clases. Cada organización “hace lo que quiere” y sólo se discuten algunas declaraciones generales en muy esporádicos Congresos o Conferencias.

La referencia al “frente único” (como si el método para impulsar la reconstrucción de la Cuarta Internacional pudiera equipararse a la táctica del “frente único” obrero que defendió la Tercera Internacional) es muy significativa: muestra que, a nivel internacional, la tradición del PO comparte el método de construcción que le critican al NPA: el “frente único” de tendencias, eso sí, de diferentes países. ¿Por qué a nivel nacional es “liquidacionista” lo que a nivel internacional es un “método precioso”? No puede responder “por el programa”, ya que el “método precioso” parte de cuatro puntos generales y conferencias que votan declaraciones que no se basan en la práctica política común de las organizaciones. Así terminaron organizando (ambos sectores del PO) una “Conferencia Internacional” en abril del 2018, con el Partido de los Comunistas Unificados de Rusia, una organización que reivindica a Stalin y que tiene buenas relaciones con Putin. ¿Terminaremos presenciando conferencias con amigos de Xi Jinping?

Conclusión: el “método precioso” de la CRCI es el que termina “ofreciendo cobertura” a distintos grados de “liquidación contrarrevolucionaria”.

La dirección del PO “oficial” no ha presentado ningún balance del método de la CRCI y, de hecho, lo defiende cuando buscan justificar su propio abstencionismo y nacionaltrotskismo desechando cualquier intervención en los procesos que llevaron a la formación de partidos “anticapitalistas” amplios. Mientras, la corriente de Altamira y Ramal defiende acríticamente todo lo realizado. Quizá lo segundo es lo más llamativo, ya que sus dirigentes ¿no deberían preguntarse si no hay algo equivocado en sus concepciones después de haber sido expulsados en minoría del partido que crearon o fueron importantes referentes y habiendo quedado, a nivel internacional, sólo en relación con el pequeño PT de Uruguay?

La reciente “Conferencia virtual Latinoamericana y de EEUU” tuvo el mérito de mostrar públicamente los acuerdos político-programáticos que defendemos las 50 organizaciones participantes, que incluyen importantes lecciones de la lucha de clases de Chile, país que fue el centro del ascenso en 2019, así como las diferencias políticas que mantenemos en amplios terrenos y los muy diversos grados de desarrollo de cada corriente y/o grupo. Por el grado de diferencias previamente conocido, la Conferencia no podía plantearse dar pasos para “reconstruir la Cuarta Internacional”, sino debatir de cara al activismo y la militancia, incluso de las corrientes cada vez más enfermizamente enemigas del FITU como el grupo de Altamira-Ramal y el nuevo MAS, y realizar acciones en común. Para evitar los efectos muy dañinos que les puede producir una sobredosis de crítica a lo que hacen otros, sería bueno conocer el propio balance de tan tristes derroteros.







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