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MEDIO ORIENTE

Trump reconoce a Jerusalén como capital de Israel y recalienta Medio Oriente

A pesar de las advertencias de presidentes de todo el mundo, Trump reconoció este miércoles a Jerusalén como capital del Estado de Israel. Una provocación a los palestinos y los pueblos árabes.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 6 de diciembre | 15:55

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció este miércoles a Jerusalén como capital del Estado sionista de Israel a pesar de las advertencias de los principales países de Europa, Medio Oriente y Asia, sobre las catastróficas consecuencias que pueda traer la decisión.

Siendo una medida que tiene más carácter simbólico que real, ya que la embajada de Estados Unidos continuará en Tel Aviv al menos cuatro años más, la decisión parece más sujeta al pragmatismo que tiñe la política internacional de Trump y que se acomoda a sus problemas domésticos.

Sin haber logrado ninguna victoria en su agenda parlamentaria (salvo la reciente reforma impositiva), con divisiones en su propio partido y con la investigación sobre la trama rusa pisandole los talones, Trump presentó la decisión sobre Jerusalén como el cumplimiento de una de sus principales promesas de campaña.

Así en su discurso buscó diferenciarse de los presidentes de los últimos veinte años por haberse negado a hacer este reconocimiento a pesar de que el propio congreso de los Estados Unidos lo votó en el año 1995: "En 1995 nuestro Congreso aprobó una ley por mayoría en la que reconocía a Jerusalén como capital de Israel. Sin embargo desde ese momento todos los presidentes se negaron a reconocerla y mudar la embajada. Ellos pensaron que retrasar este reconocimiento llevaría a la paz. Sin embargo después de dos décadas no estamos más cerca de un acuerdo duradero en la región", y concluyó "Si bien los anteriores presidentes tomaron esto como una promesa de campaña, no lo hicieron. Yo hoy estoy cumpliendo".

Esta decisión tomada cuando falta poco para terminar el año político, parece tener toda la carga de un desesperado gesto oportunista. No hay una sola linea de coherencia entre un discurso en el que las palabras más nombradas fueron paz, seguridad y estabilidad y la decisión de reconocer a Jerusalén como capital del Estado sionista, lo que no hace más que inflamar los ánimos al constituir una provocación lisa y llana para los pueblos árabes, empezando por el Palestino.

De esta manera Trump inició un proceso para trasladar la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv hacia Jerusalén en un proceso que puede tardar hasta cuatro años, según afirmaron fuentes cercanas al gobierno.

Ningún país tiene su embajada en Jerusalén, y tampoco reconocen que esta ciudad sea la capital de Israel. El este de Jerusalén, que es reclamado por los palestinos como capital de un hipotético futuro Estado propio, fue ocupado por Israel desde la Guerra de los Seis Días, en 1967, y fue anexionada en 1980 en una decisión unilateral israelí que fue rechazada por ilegal en las Naciones Unidas.

Pese a esto y a la oposición de los líderes árabes, el reconocimiento de Estados Unidos hacia el Estado sionista amenaza con tirar más combustible a una región que ya se encuentra prendida fuego.

El pronunciamiento de Trump que solo fue festejado por el derechista Netanyahu con un mensaje en el que dijo que Jerusalén "en la capital del pueblo judío desde hace 3000 años", fue rechazada sin embargo por todo el arco político internacional, desde las Naciones Unidas hasta los líderes árabes.

El presidente Turco, Recep Tayyip Erdogán, ya convocó para los próximos días una cumbre que reunirá a los líderes de los 57 países miembros de la Organización de Cooperación Islámica (OCI).

Los voceros de Hamas por su parte denunciaron que la decisión de Trump "ha abierto las puertas del infierno", en medio del primero de tres "días de furia" convocados en los territorios palestinos para protestar contra esta decisión. La decisión unilateral de Trump también afecta la relación de fuerzas dentro de las direcciones palestinas en las que el líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás ya venía golpeado y con muy baja popularidad y que ahora deberá aparecer sosteniendo alguna respuesta "radical" si no quiere terminar fagocitado por sus competidores e incluso con un nuevo repunte de popularidad del propio Hamas.

La decisión de Trump, en lo que parece una desesperada maniobra política sin calcular las consecuencias, no solo modifica la linea que había tenido Estados Unidos hasta el momento sino que tiene todo el potencial de ser un fósforo encendido en medio de un mar de combustible.








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