Cultura

ESTRENO

¿Sigue la guerra fría?

Una crítica de la película “Dos Vidas” de los directores Georg Maas y Judith Kaufmann, estrenada el jueves 25.

Viernes 26 de septiembre de 2014 | Edición del día

Basada en la novela de Hannelore Hippe, "Eiszeiten", “Dos vidas” narra la historia de Vera. Criada en un orfanato que los nazis crearon en Noruega para perpetuar la “raza aria”. Ya en tiempos de las dos alemanias, fue reclutada como agente de la Stasi (policía secreta) y se hizo pasar por Katrine, una prófuga de la Alemania socialista. Con esa identidad construyó una familia, a quien ama. La caída del muro de Berlín, y una causa judicial que investiga la apropiación de niños en el orfanato nazi, hace peligrar la vida que logró forjar, por esto intentará ocultar su verdadera identidad hasta último momento.

Si bien “Dos vidas” comienza con una atractiva secuencia de presentación que promete un thriller atrapante, a medida que el relato avanza el interés va mermando. Concentrados en explicarnos una trama que cada vez se va complejizando más, la dupla de directores, conformada por Maas y Kaufmann, pierde atención en el conflicto humano que significa la situación planteada. De esta manera, las resoluciones emocionales que los personajes le dan a las situaciones, están signadas por las necesidades de los directores de cerrar la trama y no por la necesidad interna de los personajes. Esto lleva a situaciones que rozan el ridículo, la aparición del abogado en la casa de la protagonista en plena noche para dar una información clave y luego, cuando los directores ya no lo necesitan, retirarse sin siquiera saludar, hacen que la película evidencie sus hilos y deje al descubierto la manipulación a la cual nos buscan someter.

Hacia el final, y a pesar del suceso trágico que culmina el relato, la película parece querer dejarnos tranquilos: la heroína se ha arrepentido y se lo ha podido comunicar a su familia, y mejor aún, hay abogados honestos que serán el pilar de una nueva sociedad post muro de Berlín y que velarán por la verdad y la justicia.

La sensación que queda después de ver “Dos vidas” es que está hecha a la medida de un público occidental “bien pensante”, que puede salir del cine indignado con el pasado nazi y las persecuciones criminales de la burocracia en el Este, para poder dormir tranquilos en un capitalismo alemán como mejor horizonte al cual llegar. No casualmente, Alemania la eligió, en su momento, para que sea su representante en el Oscar.







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