Cultura

MEDITERRÁNEO DA CAPO

Serrat en el Gran Rex: crónica de un viaje

No sabía qué ponerme, quería ir bien vestida, pero sencilla, me decidí por un jean y una camisa, con florcitas, porque iba a ver al de “Tu nombre me sabe a hierbas” y “Lucía”.

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Domingo 28 de octubre de 2018 | 13:35

No sabía qué ponerme, quería ir bien vestida, pero sencilla, me decidí por un jean y una camisa, con florcitas, porque iba a ver al de “Tu nombre me sabe a hierbas” y “Lucía”. Tanto poema de amor, que uno nunca sabe.

Llegué cuarenta minutos antes, había dos cuadras de cola para entrar al teatro. “¿Esta es la fila para platea?” pregunté, y no me lo creía ni yo. Iba a ver a Serrat en segunda fila del teatro Gran Rex, por primera vez en mi vida.

Esta vez eligió presentar el disco Mediterráneo, como un viaje, Mediterráneo Da Capo es el nombre del espectáculo. El mismo explicó el porqué del nombre al comienzo del show, tras sonar la primera canción: “quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa…” Y ya una se traslada a su propia niñez, a sus propias playas de las que no quiere desprenderse.

Quiso celebrar los 47 años del disco Mediterráneo, porque siempre es bueno volver, recorrer el mundo, experiencias, conocer personas, y volver, siempre el mar llevándose todo para traerlo de vuelta. “Ustedes dirán por qué los 47 años y no los 50, que es un número más redondo…” La respuesta no se hizo esperar y nos arrancó una sonrisa a todos, porque era obvia: “pues, porque quiero, porque ya no quiero esperar”, dijo con su acento catalán.

Cuando vas promediando la vida, es lo que pensamos todos, ya no quiero esperar para amar, para sentir, para escribir las cosas que quiero, para luchar, para ser libre. Canté con él cada una de las canciones y las sentí mías, porque “Que va a ser de ti” me recordó a mi viejo, cuando me fui de casa, a un barrio del sur, sin teléfono, con latitas de durazno como macetas para mis plantas, pero me las arreglé.
También habló de historia, porque Serrat es un gran contador de historias, nos habló de Ulises, de la guerra de Troya y del caballo e inmediatamente nos llevaba a otra canción. Nos mostró con su poesía el mar colmado de plástico, el mar que todos enfermamos y contaminamos.

Nos cantó “Lucía” y habló de las mujeres a las que les escribió canciones durante toda su vida. “Nadie se muere de amor, pero hay mujeres que mueren por amores malos” dijo, y arrancó aplausos de pie de todo el público. A estas palabras siguió una canción muy querida por mí: “La mujer que yo quiero” . A mi mente vino una tarde de hace más de 20 años, cerca de Ranelagh, cuando un jovencito de ojos verdes me dijo esa frase. Caí en la cuenta de lo feliz que fui, de lo que sufrí también pero siempre para adelante.

Dijo que Miguel Hernandez también era un profundo admirador de las mujeres y llegó el turno de “Menos tu vientre”, el mismo muchachito de los ojos verdes me la dedicó un día, jamás me habían dedicado una canción. Sus ojos andan mezclados ahora en un mar que ya no lo traerá, que lo dejó en un océano profundo. Yo también estaba haciendo un viaje junto con Joan Manuel.

El público estallaba. Desde donde estaba, delante de todo, podía girar la cabeza y mirar hacia arriba, la gente cantaba de pie, aplaudía.

Canté “disculpe el señor” junto a él, lo grabé y se oye mi voz a la par de la de Serrat. Cómo no iba a cantar la canción de los pobres que van a reclamarle al dueño de las tierras lo que les corresponde, disculpe el señor pero se nos llenó de pobres el recibidor, y al otro día se votaba el Presupuesto de 2019 en el Congreso, entonces mi garganta ya emocionada, elaboró las lágrimas que vinieron después, cuando, siguiendo con Miguel Hernandez, cantó: “Para la libertad”, “para la libertad, sangro, lucho, pervivo”. Se me vino a la mente la imagen de mis compañeros que iban a pernoctar frente al Congreso, que iban a amanecer colgando las banderas mientras yo llegaba a la fábrica. Claro que Serrat no sabía todo eso, pero yo decidí que él les cantaba a ellos.

No sé qué nombre ponerle a mi mar, pero el recorrido de esa noche fue sublime, puertos donde ya no me esperan y otros donde sí, pueblos blancos donde los muertos ya son más que los vivos, muchachos de ojos verdes que son faro para otros barcos.

Fueron pasando más canciones, “Esos locos bajitos” “Tu nombre me sabe a hierba” “Algo personal” “Cantares” y “Fiesta”, mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas, mi barrio, mi casa, mi mamá, mi perro amarillo.
Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle, se acabó la fiesta. Había que irse, tomar el subte para llegar a casa, “vuelve el pobre a su pobreza”. Pero por una noche olvidé que cada uno es cada cual, como reza la canción y al otro día, tarareé en la fábrica todo el día “Disculpe el señor”, porque en el Congreso estaban reprimiendo, porque ahí estaban mis compañeros y yo quería salir corriendo para allá.

Para la libertad, sangro lucho y pervivo, para libertad. Nuestras banderas ya estaban plantadas en la calle. Al salir de la fábrica ese iba a ser mi paradero.
Habrá reseñas más específicas sobre Meditarráneo Da Capo, pero este fue mi viaje, mi recital, cierro los ojos y están ahí, todos los seres que amé y que amo, mis compañeros y mi lucha. Claro, quería compartir esto con ustedes.







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