Cultura

ESTRENO // LA ESPOSA PROMETIDA

Paradojas de la verdad en el cine

Jueves 16 de octubre de 2014 | Edición del día

“La esposa prometida” narra la historia de Shira, una joven de una familia judía ortodoxa que, al morir su hermana (madre de un recién nacido), es inducida por su familia para casarse con su ex cuñado, evitando que este se vaya a Bélgica con el pequeño.

Rama Bursthein, directora del film, celebra que esta es la primera película que cuenta el judaísmo ortodoxo desde adentro: "Lo que me impulsó fue ver una película israelí, no diré cual, que me hizo llorar por cómo presentaba a nuestra comunidad. Ni siquiera estaba bien investigado, y sentí que quizá fuera hora de
alzar una pequeña voz desde dentro". Es decir que, en las intenciones de la operaprimista, el film debía defender las tradiciones y ritos de esta comunidad ultraconservadora contra los “prejuicios” a los que son expuestos. Sin embargo, y justamente por tratarse de un retrato tan fiel, la misoginia, la opresión que sufren las mujeres, la hipocresía, quedan expuestos en cada escena.

Los personajes de cine, igual que la vida misma, tienden a tener no solo un deseo consciente, sino también un inconsciente, varias veces contradictorios entre sí. Este conflicto, aunque no esté explicitado, es intuído por el público a partir de ciertas grietas que puede abrir una buena interpretación actoral, como es el caso de Hadas Yaron que protagoniza esta película. Shira, parece ir en busca de su libertad y la película busca presentarnos el casamiento con su ex cuñado como una decisión suya; sin embargo basta ver ese rostro sufriente que sobre el final, cuando queda sola en el cuarto con su nuevo marido, se transforma en una verdadera cara de espanto, como quien duerme con su enemigo, para entender que la decisión no la hace feliz. Que es algo impuesto por su cultura, las tradiciones y la institución religiosa. Un sacrifico como ella misma define cuando aún no está decidida.

“La esposa prometida” no oculta sus intenciones, sólo así podría explicarse una escena donde un rabino ortodoxo ayuda a una señora mayor a elegir un horno atentando contra la rítmica básica del film, o la decisión final de que la solterona consiga su marido (todo llega). A pesar de estos momentos, la honestidad y la empatía con la protagonista que genera la directora nos permite aprehender un mundo al cual difícilmente tengamos acceso, y probablemente, si observamos con una mirada atenta, este film nos permita pensar sobre la temática mucho más profundamente que un film de propaganda y denuncia.

Sobre todo, dejará inscripta en nuestro recuerdo una imagen. La mirada final de terror de la protagonista sola en su cuarto ante su marido “libremente elegido”.







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