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DOMINGO - EDITORIALES INTERNACIONAL

¿Obama como estación de paso a un consenso más neoconservador?

El tema de hoy del NY Times y el londinense The Observer/The Guardian son las elecciones de medio término de EE.UU del próximo martes.

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Domingo 2 de noviembre de 2014 | 15:15

El Times lleva varios artículos destacados sobre el tema, entre ellos algunos sobre aspectos parciales de las elecciones a gobernadores en algunos estado clave, un aburridísimo artículo de Frank Bruno llamado "El penoso lloriqueo de 2014", donde recae en todos los los lugares comunes del típico clasemediero antipolítico ni tan progre ni tan conservador que de todas maneras es un testimonio de una campaña electoral que no entusiasma al periodista de la nota ni a nadie, y luego un artículo llamado "Cómo Obama perdió América", de Ross Douthat.

En este último artículo, el autor intenta explicar el bajón de popularidad de Obama de este año. Este tiene una popularidad del 40 %, la más baja de su período en el gobierno, y se espera que los republicanos no solo mantengan el control de la Cámara de Representantes (diputados) sino también que le ganen la mayoría en el Senado a los demócratas. Este escenario es vislumbrado por Obama quien ya está pensando en el día después y se habla de nuevas concesiones a la agenda conservadora de la oposición. Douthat recuerda que Mitt Romney, el contendiente republicano de Obama a la presidencia en 2012, había construido toda su campaña alrededor del supuesto de que si la economía continuaba deteriorada Obama perdería. Y sin embargo, con un mayor índice de desempleo que el actual, Obama triunfó en 2012, mientras que hoy perdería. También plantea que el segundo gobierno de George W. Bush mantuvo "cifras económicas decentes", pero que lo que lo hundió decisivamente fue la continua guerra de Irak. Entonces, Douthat ofrece 4 explicaciones parciales de la impopularidad de Obama en la actualidad:

1) Se lo culpa por la intransigencia republicana. La teoría favorita de los demócratas, según la cual solo un evento inusual puede favorecerlo, por ejemplo, que a pesar de la desilusión de su base social, se perciba a los candidatos republicanos como todavía peores. 2) La economía. Aunque el desempleo bajó del 8 al 6 % desde que Obama asumió su segundo mandato hace dos años, la recuperación económica es débil y los "sectores medios" (un concepto que en EE.UU designa prácticamente cualquier cosa, pero que se lo suele utilizar cada vez más en los últimos años como el equivalente de otra construcción arbitraria: un proletariado blanco de buenas condiciones laborales que votaría a los republicanos) están desilusionados. 3) El Obamacare: la reforma a los seguros de salud aprobada en 2010, que en los dos últimos años se demostró un fiasco, ya que si bien asegura a millones que antes no tenían cobertura de salud, mantiene el sistema privado y una división en cuatro tipos de prestaciones, donde los más pobres tienen que pagar obligadamente grandes sumas de dinero extra si se enferman y con pocas prestaciones, aunque pagan bajas cuotas, mientras que para los ricos es al revés y con niveles de excelencia. 4) La política exterior. Solo el 35 % aprueba su gestión en este ámbito. Según Douthat, esto no quiere decir que los votantes extrañen la política de la era Bush. El affaire Edward Snowden, la tregua con Al-Assad en Siria, Ucrania los eventos en Irak son los eventos negativos que cita, tal vez dando a entender que precisamente lo que prima es la continuidad con el neoconservadurismo de Bush, y el hecho de involucrar al país, hacia finales de su segundo mandato, en una nueva guerra como la declarada contra el Estado Islámico (ISIS), o más bien al hecho de no terminar una intervención en Medio Oriente que ya lleva más años que la guerra de Vietnam.

The Observer/The Guardian también dedica su editorial a las elecciones norteamericanas del martes, también en un tono sombrío, aunque con una evidente opinión más explícitamente de apoyo a Obama y de descargar las culpas de la baja popularidad no solo en la agenda de la derecha, sino denunciando que parte del aparato demócrata le da la espalda a su presidente. The Guardian se consuela con que, a pesar de la baja popularidad de Obama, el Congreso como institución es aún más impopular en las encuestas.

"Para muchos votantes, el obstruccionismo mutuo y el partidismo en Washington, ejemplificados en las disputas sobre el sistema de salud y el presupuesto, simbolizan todo lo que funciona mal. Visto desde esta perspectiva más amplia, por lo tanto, estas elecciones son menos un referéndum sobre Obama, y más sobre los republicanos que no hacen nada, o mejor dicho, llevan adelante tácticas dilatorias en el Congreso, así como también será un referéndum sobre un número desalentador de demócratas desleales que buscan a diario impedir, burlar, desafiar y demonizar a Obama".

Según, el Guardian, a diferencia del NY Times, las razones del pesimismo de los votantes frente a la administración actual son tres: 1) Débil recuperación económica que no logra sacar del endeudamiento a los hogares 2) Preocupación por el liderazgo global de EE.UU, que se lo considera como en declive, sin dirección, que no impone respeto, 3) Percepción de falta de honestidad en el manejo de asuntos como el ébola, el control de armas, las reformas en la salud, y las actividades ilegales de las agencias de espinaje gubernamental.

El diario del progresismo británico ve una campaña demócrata que, a diferencia de la agenda republicana, prioriza la igualdad laboral entre sexos, el aumento del salario mínimo y una alivio para quienes se han endeudado para poder estudiar.

Lo que no dicen ambos diarios, es que la agenda política en estas elecciones se ha corrido marcadamente a la derecha. Esto, a pesar de que los archiconservadores republicanos del Tea Party han sido desplazados y han ido perdiendo terreno dentro del aparato del partido de oposición, a manos de políticos del establishment tradicional. Sin embargo, esto se hizo al costo de una "victoria moral" del Tea Party: sus banderas han sido tomadas por los "moderados" dentro del Partido Republicano, y también los los demócratas. En las últimas elecciones de medio término, a su vez, se da una tendencia a una concurrencia a las urnas (el voto no es obligatorio en EE.UU y se realiza en días laborables) de un electorado más blanco, más viejo y más conservador, todo lo cual favorece los republicanos, y cuesta encontrar motivación para entusiasmar a una movilización masiva de la base del electorado demócrata, con más peso de las minorías raciales y los jóvenes, ayudados por el aparato del partido, como ocurrió en 2008 cuando Obama accedió por primera vez a la presidencia.

Por otra parte, frente a la nueva guerra en Medio Oriente que está comenzando Obama contra el ISIS, los antiguos movimientos antiguerra, que tuvieron un poder de movilización enorme cuando en marzo de 2003 Bush lanza la guerra contra Irak, están ausentes, más allá de pequeña. Esto se debe en gran medida a la cooptación de sus dirigentes, que terminaron haciendo campaña por Obama o haciendo prevalecer la lógica del "mal menor". Como suele ocurrir, también en EE.UU gobiernos demócratas con un tinte más "progresista" terminan siendo una estación de paso hacia un fortalecimiento de la derecha, por ser "reformismos sin reformas", más allá de que un triunfo republicano no dé verdaderamente cuenta de una derechización de la sociedad norteamericana que no es tal, sino que por el contrario, puede chocar con las expectativas de cambio generadas, una especie de "nunca menos" a la norteamericana. Sin embargo, los demócratas están pensando ya en la posibilidad de un recambio propio por derecha, hacia un “Hillary Clinton 2016”. La ex Secretaria de Estado de Obama califica como un recambio dentro del mismo partido gobernante como un Daniel Scioli o una Dilma Roussef a la norteamericana, con un perfil mucho menos “disruptivo” que lo que significaron las ilusiones progresistas en Obama como primer presidente afroamericano en una país con una historia brutal de esclavismo y opresión







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