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Naishtat: “Es una tesis de la película que la normalidad es algo peligroso”

Entrevistamos a Benjamín Naishtat, director de la película ROJO que se estrena este jueves en salas nacionales

Violeta Bruck

@Violeta_Bk

Jueves 25 de octubre de 2018 | Edición del día

ROJO es la tercera película de Benjamín Naishtat (Historia del miedo, El movimiento). Tras su paso por distintos festivales, en donde obtuvo importantes reconocimientos como los premios a Mejor Dirección, Mejor Actor (Darío Grandinetti) y Mejor Fotografía (Pedro Sotero) en el Festival de San Sebastián, este jueves 25 se estrena en salas nacionales. Desde La Izquierda Diario realizamos esta entrevista con su director.

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Hay una amplia producción de películas sobre el golpe militar en Argentina, aunque muy pocas sobre los momentos represivos previos y la complicidad de un sector de la sociedad civil. ¿Qué se propone aportar ROJO en particular? ¿Cómo surge esta motivación?

Efectivamente hay muchas películas sobre los 70, porque es un tema que no pierde ni va a perder actualidad, sino más bien todo lo contrario. ROJO pone el foco en la gente común, o que se cree normal. Es una tesis de la película que la normalidad es algo peligroso, y eso está explorado de diversas maneras a lo largo de la película. Estaba la motivación de explorar ese momento previo al golpe porque es una época muy poco visitada por el cine, seguramente porque tiene un aspecto controversial revisar cosas que sucedieron durante el tercer peronismo y también porque lo que sucedió después opaca aquel tiempo inmediatamente anterior.

La construcción de los personajes tanto principales como secundarios, detalles, comentarios, distintas escenas, la ambientación, las elecciones estéticas, todo va sumando y aportando a construir un clima de época. Hay un trabajo pensado desde todos los ángulos de producción de la película. ¿Cómo fue el trabajo colectivo de todo el equipo para aportar en este sentido?

Hubo un gran trabajo por parte de los equipos artísticos, que se involucraron en todos los aspectos creativos de la película. Julieta Dolinsky, directora de arte, realizó su propio trabajo de investigación, y junto con su equipo desarrolló una propuesta estética de gran sutileza y rigor histórico, propia de un imaginario muy particular, el de una ciudad de provincia en el año 1975. Hay gran detallismo en los decorados y es a mi juicio uno de los puntos más logrados de la producción. De la misma manera el fotógrafo Pedro Sotero hizo una investigación estética, a través de referencias que revisamos juntos, para dar con cierto lenguaje un tanto anacrónico, propio del cine y la televisión de aquel tiempo, con el que la película es contada. Luego desde el sonido el diseñador Fernando Ribero también aportó una serie de ideas de gran audacia técnica para generar un sonido setentoso y dar cuerpo a una película que se presenta como venida de esa década.

En medio de la trama policial que sigue algunas reglas clásicas, incluso la participación de un detective, existen momentos de humor negro y escenas que irrumpen quizá con algo de absurdo. ¿Cómo trabajaste este aspecto que aporta de una manera particular a la historia?

La película está construida como una especie de policial negro. Como espectador me encantan los géneros, el género tiene vocación popular e invita al espectador a transitar un imaginario conocido. El humor y el absurdo vienen a descomprimir una atmósfera de época que es por momentos muy opresiva, y a la vez dan cuenta de un verosímil, ya que la Argentina es y ha sido ante todo un país plagado de absurdidad
, y de eso tenemos pruebas sobradas en la literatura - con Arlt a la cabeza.

Si tenés que pensar en influencias cinematográficas, ¿de qué películas o directores hablás?

Concretamente para este proyecto hubo una serie de referencias que ayudaron a armar esa puesta de género que se buscó construir, todas de la época: el Coppola de La Conversación, el Boorman de Deliverance, el Friedkin de Contacto en Francia e incluso cosas de la televisión como Columbo. También para el absurdo algo del cine de Elio Petri estaba dando vueltas en mi cabeza.

Cuando recibiste el premio en San Sebastián hiciste una crítica a las políticas culturales del actual gobierno que tuvieron mucha repercusión. ¿Cómo ves la situación actual del cine y la cultura?

No digo nada revelador, sobre todo en esta semana en que se vota el presupuesto: este gobierno considera que la cultura (como la educación y la salud) son columnas de una planilla de excel que se pueden achurar sin consecuencias. En contrapartida, hay constante reasignación de recursos a las fuerzas represivas. Lo que en realidad me sorprende es que este gobierno aun tenga simpatizantes y una base electoral, porque resulta curioso que alguien vea en todo esto un proyecto de país, un futuro para los pibes. No resisten el menor análisis, y esa es la clave: que no se analice nada, que no se debata, que no se piense y que nos ahoguemos en el ruido sordo que tan bien saben orquestar. En ese sentido creo que la destrucción de la cultura, de la que el cine independiente forma parte, es un objetivo estratégico de este gobierno.

ROJO se estrena en un contexto donde se puede ver un surgimiento de neo fascismos en Europa y también en Latinoamérica con la cercana realidad de Brasil. ¿Qué conexiones ves de la historia con el momento actual?

Veo con muchísima preocupación lo que sucede en Brasil, donde justamente estaré en pocos días presentando la película. Me entero con tristeza de que algunos colegas cineastas brasileños piensan irse del país si efectivamente gana Bolsonaro, porque no saben hasta dónde es capaz de llegar. Hay muchos puntos de contacto entre ese momento en que transcurre la película y este presente histórico, aunque también hay diferencias: los setenta latinoamericanos se entienden en el contexto de la Guerra Fría. Veo más este tiempo parecido a lo que pasaba en los años 20, cuando se iba gestando el auge del fascismo en distintas partes del mundo. Una sociedad que asimila mal las transformaciones técnicas y económicas que impone el capitalismo (ahora el de la era de la información), produciendo grandes dosis de alienación y frustración donde se va cocinando el caldo del totalitarismo.







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