Política

IGLESIA Y DICTADURA

Murió el cura Mijalchyk, “asesor espiritual” de genocidas en Tucumán

Premiado por el Vaticano a pesar de los testimonios y las denuncias por delitos de lesa humanidad, murió impune.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Miércoles 8 de junio de 2016 | Edición del día

“Esto es un invento de Laura Figueroa. Esto es cosa de zurdos. Porque los zurdos hace rato me quieren agarrar porque soy capellán castrense y le doy asistencia espiritual al general Menéndez, como se la di a Zimmermann y Cattaneo hasta que se murieron y a Bussi hasta que lo trasladaron”. Con esas palabras se expresaba José Eloy Mijalchyk cuando en 2010 un documento, hasta entonces secreto, sobre la Jefatura de Policía lo indicaba como fuente de información policial. Según la documentación entregada por Juan Carlos Clemente durante el juicio de Jefatura I, Mijalchyk era informante del Servicio de Información Confidencial. En el día de ayer, a los 75 años, falleció un emblema de la relación entre la iglesia y la dictadura.

El “padre Pepe” murió impune. El 13 de diciembre de 2013 fue declarado “libre de culpa y cargo” de ser partícipe secundario en los supuestos delitos de privación ilegítima de la libertad, con apremios y vejaciones, y torturas agravadas en perjuicio de Adolfo Méndez Brander y Margarita Laskowski; y homicidio triplemente calificado en perjuicio de Gustavo Adolfo Fochi. Ese día, como en todas las audiencias de la megacausa Arsenales II-Jefatura II, Mijalchyk se vistió con una sotana de “gala”, en contraste a su sotana marrón con la que buscaba dar su imagen de cura “humilde”.

Mijalchyk ya era conocido como el “padre Pepe” dentro del centro clandestino del Arsenal Miguel de Azcuénaga, en las afueras de la capital tucumana. Algunos sobrevivientes recuerdan que vestía ropa de calle pero que nunca se sacaba el cuello blanco de la sotana. Un sobreviviente relató que una vez le preguntó si rezaría por la suerte del grupo de secuestrados y Mijalchyk le respondió “¡Para lo que les va a servir!”. Mijalchyk, como párroco de la iglesia Cristo Obrero en El Colmenar, recababa datos de inteligencia sobre la zona, con nombres, datos y hasta croquis de los domicilios.

Mijalchyk forma parte de los 43 curas que se registraron en visitas a los centros clandestinos en Tucumán desde el inicio del Operativo Independencia. Su rol en el Arsenal era hablar con los detenidos y convencerlos de hablar “con total sinceridad” ante los torturadores. Los curas también sirvieron para dar fundamentos morales a los métodos del genocidio, incluyendo “asistencia espiritual” a torturadores.

Ya en el último tramo de la dictadura, mayo de 1982, por pedido suyo fue nombrado capellán auxiliar del Regimiento 19 de Infantería.

Iglesia y Dictadura

Desde un primer momento, Mijalchyk contó con el apoyo del Arzobispado tucumano. Aunque el juez Bejas no había dictado una prisión preventiva cuando lo procesó, si dictó una caución real de 150.000 pesos. A principios de enero de 2011, Mijalchyk presentó como parte del pago una camioneta Ford Ranger modelo 99, valuada en 35.000 pesos. El resto de la fianza, 115.000 pesos, fueron pagados por el Arzobispado. Además, desde el Arzobispado –el arzobispo era Luis Villalba, ahora nombrado cardenal en la era Bergoglio– se organizaban las movilizaciones de apoyo durante el juicio. En el largo tramo que va desde las primeras denuncias, su procesamiento y el juicio, el cura siguió dando misas.

Mijalchyk también contó con la bendición de las altas esferas del Vaticano. A pesar de las denuncias el papa Benedicto XVI le dio, en marzo de 2006, el título de “Prelado de Honor de Su Santidad”. Título que lo habilitó a ser considerado como parte de la “familia pontificia”, título que mantuvo tras el período papal iniciado por Jorge Bergoglio

De acuerdo a datos oficiales, como partícipe del genocidio solo se encuentra condenado a prisión perpetua un cura, seis fueron imputados (dos murieron sin condena, uno está prófugo y tres en proceso) y cuatro fueron citados como testigos. Mijalchyk era el único cura absuelto. Una figura de la relación entre Iglesia y genocidio, y también de la impunidad.







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