Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

Moralismos, medicalización y lucha contra el SIDA: reflexiones desde el 1 de diciembre

Desde el principio el VIH y el SIDA fueron cuestiones políticas. La película recién estrenada “120 pulsaciones por minuto” de Robin Campillo nos recuerda la historia de Act-Up París y su trayectoria de lucha.

Viernes 1ro de diciembre | 19:03

No está mal refrescar la memoria de nuestras genealogías, ya que sin grupos es posible que el activismo “queer” o lo que queda de él nunca hubiera sido posible, reinventándose, trans-formándose.

Hoy día parece haberse desvanecido la idea de “los grupos de riesgo” aunque la “enfermedad social” del prejuicio y el estigma sigue llevando a la armarización de las personas seropositivas como “peligros potenciales”. Cuestiones como el racismo, la homofobia, la aporofobia (odio a la pobreza), el “pánico moral”, siguen surgiendo tras determinados gestos que aumentan en según qué ámbitos.

Hoy día la esperanza de vida parece haberse aumentado, aunque los recortes también han aumentado la diferencia entre los enfermos con posibilidades y los que tienen menos acceso a los recursos, entre la población migrante y la autóctona, entre la diversa y la uniforme. Pero la industria farmacéutica no parece detenerse en ningún lado y ha surgido la polémica sobre la “Profilaxis Pre-Exposición” también conocida como PrEP. Esta suerte de “condón químico” se emplea como medida de prevención y parece haberse popularizado, aunque su fama es mayor que su uso, todavía en el ámbito español.

Aunque la labor preventiva realizada va orientada hacia los cuidados personales y mutuos, hacia la lucha contra la ignorancia y el conocimiento de cuáles son las prácticas que conllevan riesgo y cuáles son más placenteras dentro del “safe sex”, nos lleva a enfrentarnos con un dilema. Se nos puede acusar de “moralistas” o “conservadores” por renegar de esta forma de sexo libre, “a pelo” y a la vez “seguro”, pero la forma en la que se está gestionando esta medicalización de la prevención, mediante el triunfalismo y un modelo de comunidad competitiva, virilizada y en la que se promociona la ignorancia no parece un modelo a aspirar.

Esto no quiere decir que el PrEP sea totalmente rechazable, no seré yo quien tiré la primera piedra. Máxime cuando estas medicaciones pueden servir para neutralizar el virus o disminuir la carga viral, es decir cuando la medicina sirve a un fin terapéutico o para “aumentar la esperanza de vida”. El problema es que hoy por hoy, el PREP se plantea como un medicamento elitista, solo preparado para gente con posibilidades y con un fin de conquista y trofeo, tal y como hemos visto algunas urbes occidentales.

La polémica está servida, aunque uno sigue apostando por el sexo seguro no por retrógrado sino porque la industria farmacéutica no ha demostrado, al menos al comienzo de esta enfermedad llena de connotaciones sociopolíticas, nunca ha sido un aliado fiable ni desinteresado.






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