Géneros y Sexualidades

PAN Y ROSAS

México: la violencia y precarización tienen rostro de mujer

El año 2015 estuvo marcado por el recrudecimiento de la violencia de género y la precarización femenina, así como por la exigencia de justicia en contra de las violencias machistas, el acoso laboral y sexual y en defensa de derechos laborales de las mujeres.

Viernes 8 de enero de 2016 | Edición del día

La violencia machista y la precarización femenina son fenómenos mundiales que se extienden de forma importante a Centroamérica y América Latina, y a otras latitudes como el Estado Español o la India, pero México se ha convertido en el mejor ejemplo de la violencia contra las mujeres y de la precarización del trabajo y la vida para nosotras. De esta situación en nuestro país, hay dos precedentes: hace más de 20 años con el nuevo reparto de trabajo, en la fase neoliberal, se profundizó el modelo maquilador en nuestro país y se incorporó en masa a las mujeres al trabajo, no como un derecho, sino de manera precaria, para extraer cuantiosas ganancias de la superexplotación de las mujeres.

Al tiempo que se desarrollaba el fenómeno del feminicidio, el asesinato misógino de mujeres, que tiene su fundamento, por un lado, en una ideología patriarcal que considera a las mujeres como propiedad del varón o bien, de segunda clase; y por el otro, en el sistema capitalista en el que se ve a las mujeres como mercancías, considerándolas desechables.

El feminicidio tiene características generales: es un asesinato de clase donde, en la mayoría de los crímenes, las víctimas son de escasos recursos, de sectores populares; que se combina con otra característica, la impunidad.

El feminicidio emite dos mensajes: por una lado, que las mujeres somos desechables, y por otro, es un mensaje aleccionador contra el conjunto de las mujeres que se salen de los roles asignados por la cultura patriarcal.

La alerta que no llegó

Se cumplen cinco meses de la declaración de la Alerta de Violencia de Género en el Estado de México, que generó importantes debates durante el 2015 y los más de 8 millones de pesos destinados a la misma, se han ocupado para lápices, imanes, calcomanías y otras medidas que para nada han logrado frenar la continuidad y la extensión de los asesinatos de las mujeres, la impunidad y la complicidad gubernamental.

Esto demuestra que la Alerta de Género no será una verdadera solución al aumento de violencia contra las mujeres, sino que, por el contrario, sirve de nuevo pretexto para legitimar la presencia del ejército y la policía en las calles, aún cuando está demostrado que ahí a dónde se extiende la presencia de los militares y marinos, se profundiza el fenómenos de los feminicidios y otros fenómenos como el juvenicidio y la desaparición forzada.

Se pone de nueva cuenta al descubierto a un régimen político podrido hasta la médula. El cual tiene inscrito la corrupción y la violencia contra las mujeres, como condición indispensable de su sostenimiento, es el Estado quien profundiza las bases estructurales para que la violencia contra las mujeres se reproduzca impunemente.

Nuevas fuerzas, nuevos desafíos

Si bien 2015 estuvo marcado por la violencia, a lo largo del año vimos irrumpir a las maestras cuestionando la aplicación de la Reforma Educativa, la evaluación punitiva, peleando en defensa de sus derechos laborales, la gratuidad de la educación y la represión. También a final del año vimos luchar a las mujeres en la ciudad del feminicidio, Ciudad Juárez, las obreras de la maquila. Las mismas que hace más de 20 años, fueron quienes comenzaron a denunciar que asesinaban a sus compañeras, hijas y hermanas. Ciudad Juárez es la ciudad de mayor concentración industrial de todo el país.

Aglutina a más de 390 mil trabajadores con los salarios más bajos, sin derechos laborales y con una fuerte participación femenina. Es ahí en dónde las últimas semanas la vida cotidiana de los juarenses se modificó abruptamente por los plantones de obreras y obreros de la maquila, que exigen el derecho a sindicalización, mejora de las condiciones de trabajo y el alto al acoso sexual. Los obreros y obreras de las fábricas Lexmark, Eaton, Comscope y Foxconn han realizados paros y plantones, al frente de los cuales han estado en su mayoría mujeres, dando vida a un proceso de lucha que muestra que en esa ciudad está cambiando algo, y que allá en los lugares más difíciles, se puede luchar.

El movimiento de las obreras de la maquila en una de las ciudades más violentas del mundo para las mujeres, Ciudad Juárez, nos debe alentar a salir a luchar por nuestros derechos. En Juárez las trabajadoras enfrentan el acoso por parte de la patronal y el gobierno, pero como lo hicieron las obreras de Sandak, ya han marcado un precedente, que las mujeres de la clase obrera empiezan a despertar. La moneda está en el aire, la historia está por escribirse.

Precisamente con la intención de aportar a que las mujeres nos hagamos fuertes para dar estas batallas, las integrantes de Pan y Rosas realizamos en noviembre del 2015 el primer Encuentro Nacional de Mujeres “Pan y Rosas”, en contra de la violencia contra las mujeres, el feminicidio y el trabajo precario, contando con la participación de más de 200 jóvenes, estudiantes y trabajadoras, de entre ellas las valerosas obreras de Sandak quienes además de luchar por su fuente de trabajo, ven la necesidad de la organización de las mujeres contra este sistema que nos oprime y explota.

Este nuevo año, las mujeres de Pan y Rosas, como el resto de las mujeres del país, tenemos nuevos desafíos por delante, entre ellos, dar continuidad al primer Encuentro de Mujeres “Pan y Rosas” para organizar a cientos de nuevas compañeras y ser partícipes e impulsoras de un fuerte movimiento de mujeres en las calles que se haga parte de estas luchas, peleando contra la precarización y la violencia feminicida. Nuestra bandera es aportar a la organización de las mujeres y de toda la clase trabajadora para pelear contra la opresión y explotación.

Es desde esta perspectiva, que te invitamos a levantar un Comité de Pan y Rosas en tu centro de trabajo, colonia o escuela.

¡Que vivan las obreras de Lexmark y Sandak!







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