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Medios de Comunicación: “corazón de la nueva hegemonía”

No es ninguna novedad que los medios de comunicación juegan un rol político e ideológico en la sociedad, tampoco lo es decir que los medios tradicionales (prensa, radio, televisión) están al servicio del poder político y económico. Pero lo que nos interesa analizar en esta columna es cómo esa subordinación a los poderes “fácticos” ha pegado un salto en las últimas décadas, sobretodo a partir del proceso de concentración y transnacionalización de los medios de comunicación en el contexto el neoliberalismo y tras los cambios ocurridos tras el proceso denominado “globalización”.

Viernes 23 de enero de 2015 | 14:34

"Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido" (Malcom X)
Pilar Calveiro, cientista política, analiza en el libro “Violencias de Estado: la guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global.” (2012) el proceso de reconfiguración hegemónica del mundo, partiendo de analizar dos “construcciones discursivas”: la primera, la “guerra contra el terrorismo” y la segunda, la “guerra contra el narcotráfico”.

La autora parte del concepto gramsciano de hegemonía, en tanto para lograr y mantenerse en el poder los grupos hegemónicos requieren de una cuota de coersión pero también de consenso. Así, desde los años 80 se viene desarrollando una nueva reconfiguración hegemónica del mundo, basada en lo que denomina una “vocación de control”, donde los estados y grupos de poder utilizan la violencia para imponer su orden social, político y económico neoliberal.

Pero como señalamos más arriba, esta imposición de la violencia por los estados y grupos hegemónicos no puede hacerse sin una cuota de consenso, de legitimación de sus ideas, para lo cual deben “ofrecer una concepción del mundo creíble y aceptable”, como señala la autora. En este marco la violencia estatal debe construir discursos ideológicos, percepciones, imaginarios, es decir, subjetividades en las que el rol de los medios de comunicación, si bien no exclusiva, es central, sobretodo en la “era” de las nuevas tecnología y las comunicaciones.

La construcción del “terrorismo” y los medios de comunicación

Así los discursos en torno a la “guerra antiterrorista” y “guerra contra el crimen” son una construcción del poder global que le permite crear las condiciones para la imposición de la violencia, siendo ambos conceptos, “funcionales a las actuales formas de organización acumulación y concentración del neoliberalismo […] En ambos casos se construye desde una perspectiva bélica un problema de orden social y político”.

Los recientes hechos ocurridos en Francia tras el asesinato de parte de la planta de caricaturitas y periodistas de Charlie Hebdo, los atentados de Atocha, y obviamente los atentados a las torres gemelas en estados Unidos el 11 de septiembre, entre otro hechos, han instalado la noción de la amenaza “terrorista” global desde los medios de comunicación para ser parte de los imaginarios cotidianos de cualquier “ciudadano/a” del siglo XXI, pero también han legitimado acciones bélicas, intervenciones, invasiones, operativos “antiterroristas” en varios lugares del mundo.

Calveiro sitúa precisamente los años 90 el momento en que los medios de comunicación tematizaron el fenómeno “terrorista” como un asunto central que representaba una amenaza para la seguridad “global”. En este sentido los medios de comunicación y el discurso político tematizaron, a partir de fenómenos muy diversos o distintos entre sí, un nuevo problema al que llamaron terrorismo internacional.

La “amenaza terrorista” en Chile

En el caso de Chile, como venimos analizando en columnas anteriores, se viene construyendo en los medios de comunicación, pero también y en primera instancia desde los discursos políticos y grupos de poder, el discurso sobre la existencia de “grupos terroristas” que realizarían “atentados”, sindicando centralmente a organizaciones y comunidades mapuche, así como a grupos anarquistas, como autores.

El ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo ha declarado recientemente que "en Chile no hay espacio para el terrorismo […] lo que queda muy claro, es que luego de 10 años en Chile y cerca de 300 artefactos explosivos e incendiarios aquí hay muchas más personas que podrían estar involucradas", (La Tercera, 21/09/2014) y tras la última bomba en reforzó la idea: "nadie en nuestro país se puede sentir con la libertad de colocar artefactos explosivos y atentar contra instituciones".” (emol, 26/1272014), reafirmando la existencia de acciones y grupos “terroristas” en el país, como lo hicieron todos los gobiernos anteriores tras la dictadura militar.

Así paradójicamente la exigencia de derogación de la Ley Antiterrorista aún vigente desde la dictadura militar abrió un espacio, “justo” en el contexto de los “bombazos” en Santiago, para que el Gobierno enviara el proyecto de modificación, que en muchos aspectos es peor que la Ley anterior, sostenido por el discurso de su “modernización” y “adecuación a los estándares internacionales” de lucha contra el terrorismo. Todas construcciones discursivas, acompañadas de coberturas mediáticas sobre los “bombazos” y “atentados incendiarios” en La Araucanía, que finalmente naturalizan y legitiman medidas represivas, tanto judiciales como policiales.
Calveiro señala que la dominación se ejerce a través de redes comunicativas que penetran en todos los ámbitos: productivo, represivo, educativo, recreativo, y dado que los procesos de comunicación no son simétricos sino unidireccionales, finalmente se instala, se tematiza, se forma opinión, o se “formatean sujetos” como diría la autora.

Pero no sólo el terrorismo, también la “delincuencia”

Así los medios de comunicación juegan un rol decisivo en la justificación y legitimación no sólo de la “lucha contra el terrorismo”, sino también de las políticas criminalizadoras o políticas de “encierro creciente” (sistema carcelario) que además al privatizarse se ha vuelto un negocio rentable. La “lucha contra la delincuencia” forma parte del control social de aquellos que “quedan fuera del sistema”. Así mediáticamente la famosa “puerta giratoria”, las historias de delincuentes juveniles, los titulares de las noticias sobre robos de casas y autos o estafas telefónicas, los datos de “inseguridad” o clamores por “paz ciudadana” son parte de los tips que se han convertido en parte de nuestros imaginarios cotidianos.

Para Calveiro el poder hegemónica, a través de los medios de comunicación “agitando la bandera de una “criminalidad” que señala a los pobres y encubre las poderosas redes de los que ellos mismos forman parte, provocan alarma social y difunden escenarios de caos como estereotipos que manejan políticamente para alentar demandas de seguridad centradas en políticas represivas”.

En síntesis, así como antes se perseguía al “subversivo”, hoy se persigue al “terrorista” o al “delincuente”, como una nueva forma de disciplinamiento social de todo aquello que “amenace”, no se subordine o cuestione el sistema. La conclusión es contundente: si vamos a hablar de violencia, lo que hoy prevalece es la violencia de estado o terrorismo de estado. Y los medios de comunicación son el “corazón” que legitima, justifica y naturaliza esta violencia.






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