Sociedad

SALUD Y CONDICIONES LABORALES

Malestar docente y el sistema de insalubridad laboral

Enfermarse en este sistema es algo muy complejo. Trámites, maltratos y una norma completamente ajena a las necesidades de las trabajadoras de la educación. Un sistema que debería ser integral y prevenir las enfermedades. La propuesta del Frente de Izquierda.

Jueves 1ro de octubre de 2015 | Edición del día

Carla, docente de 3er grado, se levantó con 39° de fiebre y decide llamar a la escuela para abrir un memo y pedir médico laboral. Le costó comunicarse con la escuela pero al fin lo logró, pidió el memo y enseguida llamó a OBSBA, para pedir el otro médico a domicilio. Por teléfono una operadora le avisa que en el “transcurso de la tarde” estarán pasando y que por nueva normativa cobran $100 la visita. Carla, que hace más de 15 años que es docente, sabe que ambos médicos tendrán sus tiempos, aprovecha y envía a sus hijos a la escuela y vuelve a su casa, a descansar. Cuando llega al médico de OBSBA le avisa en un principio, que por órdenes jerárquicas, no dan más certificados laborales. Le diagnosticaron gripe, “viral” con 48hs de reposo. Algo común cuando en la escuela se comparte el trabajo con tanta gente.

El médico del Rawson, como tantas otras veces, no se presentó. Carla no pudo dormir la siesta ni salir a comprar algo ya que si el médico llega y no estás en tu domicilio, es todo un problema.

Se reintegra a la escuela, pide el memo y un turno en el Rawson (ahora descentralizado) que le dan recién para el viernes. Vuelve al grado y los chicos la abrazan diciendo que la extrañaron. Pregunta si estuvo alguna suplente y le comentan que no, que por dos días no se puede pedir suplencias pero que estuvieron con la vice y la bibliotecaria. El presentismo ya está descontado. Para sus adentros dice: “espero que esta vez no me maltraten y me justifiquen los días”.

La insalubridad del sistema de salud

El sistema de salud laboral que tenemos los docentes, como tantos otros gremios, no está construido sobre la base de la atención y la prevención de diferentes enfermedades relacionadas con lo laboral, sino sobre la base de la “continuidad” del trabajo. Es un sistema de salud que no tiene como finalidad curar, prevenir o acompañar, sino para ponerle un sello al memo y volver al aula lo antes posible, aún enfermos.

La normativa oficial, se constituye en verdaderas trampas para el maestro a la hora de pedir un tratamiento. Muchas veces los trámites son tan lentos, los requisitos innumerables y la normativa tan “insensible”, que los docentes con enfermedades importantes no llegan a curarse. Hay veces que eligen por el 70 T (licencia por razones particulares) antes que afrontar toda la burocracia del sistema de salud.

Estadísticas alarmantes

El presentismo impone un elevado nivel de sobre exigencia por parte de los docentes, y esto se ve claramente reflejado en la encuesta realizada por Ctera sobre salud laboral docente. El 79,5% de los docentes concurrimos a trabajar enfermo. Entre las mujeres, el 15,4% soporta trastornos ginecológicos, el 24,5% perdió un embarazo y el 14,5% tuvo un parto prematuro. Incuso, más del 80% de las maestras y profesoras consultadas reconoce trabajar aun estando enfermas. Esta situación es aún peor en las denominadas “escuelas de riesgo”, allí el 31% de las docentes tiene trastornos ginecológicos y el 30,9% perdió un embarazo. El informe también refleja que los días de licencia por maternidad no son suficientes para el 70% de las maestras, ya que el 20% no amamantó a sus hijos por causas de horario de trabajo.

Otro informe de la Dirección de Sanidad Escolar de la Nación, señala que más de un 20% de los docentes está en período de licencia prolongada o realiza tareas pasivas en las escuelas como consecuencia de las enfermedades laborales.

A esto habría que sumarle, la responsabilidad judicial de nuestro trabajo, sobre los estudiantes como lo demostró el terrible caso del asesinato de Agustíny el posterior intento de separación del cargo de Elsa y Alejandra. Hoy está en debate ya que el nuevo Código civil y comercial, establece que es el titular de las escuelas el que debe responder por el daño causado o sufrido por sus alumnos menores de edad, pero los directivos o maestros no se encuentran exceptuados si existe dolo o culpa.

Un sistema que debería ser integral

Otro estudio indica que más de 35 por ciento de los docentes padece enfermedades de orden psicológicas, no ajenas a las diferentes problemáticas sociales que se expresan en la escuela, como el conocido síndrome de "Burn Out"[1] o conocido como "cabeza quemada", nada extraño para la cotidiana multitarea que realizan hoy los docentes.

Ansiedad, irritabilidad, insomnio y contracturas son hoy algunos de los síntomas más frecuentes en el colectivo docente. Los problemas psicológicos están relacionados con las condiciones sociolaborales en que se ejerce la docencia. En estos síntomas están presentes también las condiciones edilicias, las problemáticas sociales del grado, el salario que no alcanza y una extensa jornada laboral muchas veces de dos o tres turnos, es decir más de 9:30hs frente a estudiantes. Además del trabajo no remunerado en las casas. En algunos casos se observa una especie de frustación de que el niño “no aprende”, ligando la sensibilidad de la tarea docente con el desarrollo personal e intelectual de los estudiantes. Tampoco hay suficiente tiempo de descanso durante la jornada de trabajo.

Todo estas problemáticas ¿dónde están contempladas en nuestro sistema de salud?

Un sistema de salud que no va más y la propuesta del FIT

La descentralización de la atención acerca los trámites, pero no resuelve lo burocrático y el papelerío para pedir una licencia. Menos aún soluciona el problema de fondo: los aspectos insalubres del trabajo docente.

La lógica patronal con la que se maneja el sistema de salud laboral docente refuerza nuestros padecimientos. Silvia Montoya, ex Directora General de Evaluación de la calidad educativa, en una investigación para la UCA abordó la cuestión de las licencias. A pesar de reconocer que un tercio de los docentes no se toman ni un día de licencia al año, desarrolló una serie de recomendaciones para reducir aún más las licencias tomadas, ya que califica al actual régimen de licencias por enfermedad y por estudio como “permisivo”. Para hacer más difícil tomar licencias Montoya termina su estudio recomendando “incentivar el presentismo” y “cambiar los métodos de reporte de las licencias”. Siguiendo esta línea, en el año 2007 el PRO nombró a Daniel Ferranti, como jefe del Servicio de Reconocimientos Médicos. Un “polémico” médico que levantaba el otorgamiento de tareas livianas a personas con diagnósticos severos como leucemia, infartos, VIH y lesiones cerebrales. La denunció lo corrió de lado. Además, sigue existiendo un sistema de otorgamiento de apto psicofísico en la docencia para el otorgamiento de la ficha censal, que incluye una cantidad de estudios que son normativos, no pensado para el acompañamiento de la salud y la prevención, junto con maltratos para obtener el apto. Sin ir más lejos ¿se acuerdan cuando hacíamos la fila afuera en las rampas y escaleras con 4° de sensación térmica?

Solamente cambiando las causas de las enfermedades laborales podremos mejorar nuestra salud psicofísica. Para eso, desde el Frente de Izquierda y los Trabajadores, proponemos reformar la jornada laboral docente de 6 horas, con un salario mínimo igual a la canasta familiar y un tope de 4hs frente al curso y el resto del tiempo destinado a otras tareas como corrección, preparación de clases y capacitación en servicio. Asimismo es necesario adecuar los establecimientos educativos para reducir los niveles de ruido que atentan contra nuestra salud vocal.

Desde el FIT también proponemos aumentar el presupuesto para tener una mejor atención en la salud, con un sistema integral que pueda prevenir las enfermedades de los docentes y que contemple todas los padecimientos y necesidades de los trabajadores. También vamos a pelear por una jubilación optativa a los 25 años de servicio, sin límite de edad, y con el 82% móvil.

[1] Burnout (“estar quemado”) es un tipo de respuesta prolongada a estresores emocionales e interpersonales crónicos en el trabajo. Se ha estudiado particularmente en profesiones en que es central la relación directa con los usuarios de un servicio y en donde dicha relación lleva un alto componente de experiencias de intercambio emocional. Como tal no es una enfermedad, sino que caracteriza el tipo de respuesta, la cual se define operacionalmente como el resultado de tres componentes: agotamiento emocional (sensación de estar emocionalmente sobrepasado y de haber agotado los recursos emocionales), realización personal (sensación de logros y competencias en el trabajo) y despersonalización (este último componente es conceptualizado mejor como edurecimiento emocional en este estudio y se refiere a la sensación de una respuesta insensible y distante a los receptores del servicio) (Christina Maslach ,”Burnout”, en Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo, OIT, 2001).







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