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OPINIÓN

MPN: 55 años ininterrumpidos en el poder en Neuquén

El Movimiento Popular Neuquino cumplió 55 años desde su fundación. Nunca perdió una elección a gobernador en la provincia, y gobernó con dictaduras y gobiernos constitucionales.

Domingo 5 de junio de 2016 | 19:01

Ayer se cumplieron 55 años de la fundación del único partido provincial que hoy sigue gobernando una de las provincias argentinas. Y lo hace de manera ininterrumpida desde su fundación, un 4 de junio de 1961, cuando nacía como artilugio para eludir la proscripción del peronismo. Pero el Movimiento Popular Neuquino (MPN), luego tomaría una dinámica propia, conservándose en el tiempo como partido provincial, independiente del PJ.

De la proscripción del peronismo a la “identidad neuquina”

El MPN surge en 1961 como una forma de eludir la proscripción del peronismo, y ya 1963 llega al poder en la provincia, para mantenerse hasta hoy de manera ininterrumpida. Entre sus fundadores, y núcleo central del MPN hasta nuestros días, se encuentra la familia Sapag, quienes se instalaron, llegados del Líbano, en 1890 en Zapala. Elías y Felipe Sapag son quienes intervienen activamente en política desde la década del 30, participando a mediados de la década del 40 de la fundación del efímero Partido Laborista de Neuquén, luego llamado Partido Único de la Revolución, que se fusionará más tarde en el Partido Justicialista. Frente a la proscripción del peronismo, el PJ se divide en torno a qué hacer, y un sector se reúne el 4 de junio de 1961 en la Asamblea Provincial Peronista que sesiona en Zapala y funda el Movimiento Popular Neuquino. Dos años después, la fórmula Felipe Sapag – Pedro Mendaña se impone en las elecciones provinciales, y desde entonces el MPN no perdió una sola elección a gobernador.

Pero lo que surgió como una manera de eludir la proscripción del peronismo terminó conformándose en un partido provincial con autonomía propia, cimentando su poder en el manejo del Estado de una provincia nueva (fundada recién en 1955). La construcción de grandes obras hidroeléctricas, rutas y planes de viviendas, y un Estado ligado a la extracción del petróleo (en ese entonces con la vieja YPF estatal) le dieron estabilidad al MPN y una base “popular” que le permitieron esa autonomía. Esa “particularidad neuquina” se fue transformando en una identidad propia explotada contra los grandes partidos nacionales, en particular el peronismo.

El MPN y la dictadura

En el año 2006, en la reforma de la carta orgánica de Zapala donde se propuso un artículo para condenar a los funcionarios de la última dictadura militar e impedir que desempeñen cargos públicos, el MPN se levantó de la sesión negándose a ese artículo diciendo que “hay que gobernar para adelante”. No es para menos, sabiendo que sus principales dirigentes fueron funcionarios de distintas dictaduras.
La dictadura de Onganía designó en 1970 como gobernador de Neuquén a Felipe Sapag, considerado como uno de los “líderes naturales”.

El 24 de marzo de 1976 asume como interventor de la provincia Eduardo Vicente Contreras Santillán, 2° Comandante de la VI° Brigada de Infantería de Montaña. Contreras Santillán designó a Máximo Domínguez como Director de Recaudaciones, quien luego sería parte de gabinete de Jalil durante su mandato como intendente.
Mario Morán fue funcionario y decano de Ingeniería en la Universidad Nacional del Comahue durante la dictadura y Ministro de Educación de Sobisch.

El 13 de abril de 1976 asume como interventor Gral. de Brigada (R) José Andrés Martínez Waldner. En su asunción están presentes Sapag y su esposa. En declaraciones dijo que integrarían su gabinete hombres de Neuquén “que tengan un cabal conocimiento de la provincia y una honestidad sin tacha”. Entre los designados se encontraba el Lic. Emilio Eduardo Moreta, Ministro de Economía, y luego Ministro de Economía del gobierno de Salvatori (1987-1991).

Cuando el 12 de diciembre de 1978 asume la Intervención el Gral. de Brigada (R) Domingo Manuel Trimarco, declara que los ministerios vacantes serán ocupados por personas de Neuquén o de la Patagonia. Entre ellos estaban el Ing. Ricardo Nicanor Gutiérrez como Ministro de Obras y Servicios Públicos, quien fue luego Prosecretario de la Cámara de Senadores en 1999 y el Lic. Alberto Manuel Fernández como Ministro de Bienestar Social quién ocupó el mismo cargo en el gobierno de Salvatori y una banca como Diputado del MPN en el Gobierno de Sapag (1995-1999).
Estos fueron algunos de los nombres del MPN que ocuparon cargos en las distintas dictaduras (para más datos ver MPN y dictadura, de Noelia Barbeito)

Un régimen petrolero

Los vaivenes en la historia del MPN no pueden separarse de los de la industria petrolera en el país. Primero apoyado en la estatal YPF, desarrolló una economía provincial totalmente dependiente de la explotación de los hidrocarburos, combinada con la construcción de las grandes represas y la obra pública para la construcción de una provincia en pleno desarrollo. En los 90 acompañó las privatizaciones menemistas, recibiendo parte de la entrega a las multinacionales de la vieja YPF, lo que derivó en los estallidos de Cutral Co y Plaza Huincul al elevarse a más de dos dígitos los niveles de desocupación. Estos pusieron en crisis al gobierno de Felipe Sapag, pero no lo suficiente para terminar con la hegemonía del MPN. Su sucesor, Jorge Sobisch, se jactó de ser un “lobista de las petroleras” por su asociación a la española Repsol. Más cercano en el tiempo, el ex gobernador Jorge Sapag acompañó la “expropiación” (a buen precio) de Repsol del kirchnerismo, que terminó en el acuerdo secreto con Chevron para entregar Vaca Muerta a esa multinacional norteamericana.

A lo largo de décadas, el MPN se constituyó en una especie de “partido Estado” (donde los límites entre uno y otro muchas veces son difusos), con un régimen muy dependiente del petróleo, donde la “alternancia” se da dentro del mismo partido y donde la oposición siempre fue débil, limitándose a obtener diputados y algunas intendencias.

Sindicatos y lucha de clases

Al igual que el peronismo, el MPN tienen una relación “orgánica” con los grandes sindicatos, basada en su estatización. Esta relación nunca fue armónica, aunque es la que le ha permitido superar las grandes crisis provinciales. Desde fines de los 60 hasta comienzo de los 80, con las grandes luchas de los obreros de la construcción (como el Choconazo), pasando por las luchas de los desocupados en los 90, las luchas de estatales y docentes hasta la crisis por el asesinato del maestro Carlos Fuentealba en el 2007, los grandes sindicatos (en especial el de petroleros) jugaron un rol de estabilización del régimen y el partido de gobierno, evitando la intervención en gran escala de los trabajadores con sus métodos.

Quienes jugaron un rol de “oposición social” al MPN fueron los sindicatos estatales y de los trabajadores y trabajadoras de la educación, que especialmente en los 90 mantuvieron un gran nivel de movilización. Al calor de ellos se fue forjando una importante y numerosa vanguardia de lucha, que fue la base de la militancia y activismo de esos sindicatos, junto a los centros de estudiantes secundarios, terciarios y universitarios y un movimiento democrático que alimentó el llamado “denevarismo”.

El límite de este activismo (tomado de conjunto) es que no se transformó, siquiera un sector, en alternativa política al MPN y a la oposición de los partidos del régimen (PJ, UCR y sus variantes). Más bien se limitó a la lucha en el terreno sindical (aún con distintas estrategias), y cuando intervino en policía lo hizo, abierta o veladamente, para apoyar a variantes de centroizquierda (la Alianza luego de los Cutralcazos, o el UNE, partido surgido a mediados de la década del 2000 por iniciativa de un sector de la CTA, que terminó siendo parte del gobierno del radical Farizano) o directamente interviniendo en las internas del MPN (llamando a votar a Sapag contra Sobisch después del asesinato de Fuentealba).

Un sector nuevo de esa vanguardia, forjado al calor del “que se vayan todos”, los piquetes y los paros generales del 2001, fueron los ceramistas, que recuperaron su sindicato en el año 2000 y luego supieron poner a producir bajo control obrero Zanon para evitar el cierre y los despidos (y posteriormente Stefani y Cerámica Neuquén). Influenciados por el PTS, supieron combinar una política de coordinación para la lucha y, a la vez, “hegemónica” teniendo política hacia “la comunidad”, fuera de todo corporativismo. Levantando la necesidad de “un partido de trabajadores” independiente de toda variante patronal, fueron parte de la conformación del Frente de Izquierda en 2011, llegando a obtener una banca rotativa (que ocuparon Alejandro López y Raúl Godoy, del PTS, por los ceramistas). Esta experiencia se vio truncada por la posterior orientación de un sector de los independientes de La Marrón Ceramista, pero intentó en su momento ser una alternativa política.

Superar la “hegemonía” histórica del MPN en la política provincial (incluyendo en los grandes sindicatos) es una tarea pendiente. Para ello hay que tomar críticamente las experiencias del pasado, superando sus límites. El Frente de Izquierda, que levanta una política de independencia de clase, es un punto de apoyo para poner en pie ese partido, con peso en los sindicatos, centros de estudiantes, el movimiento de mujeres, que se plantee tanto como alternativa al MPN como a los demás partidos del régimen.







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