Internacional

CRISIS POLÍTICA EN BRASIL

Los trabajadores y la juventud pueden dar una salida por izquierda

Las manifestaciones de este domingo fueron menores a lo que se esperaba y de lo que informaran la Policía Militar y la prensa, pero fueron capaces de cambiar la relación de fuerzas.

Jueves 17 de marzo de 2016 | Edición del día

Asestaron un duro golpe a Dilma, promovieron al “Partido Judicial” como árbitro de la crisis y expresaron que ésta alcanza al conjunto de la “política tradicional”, es decir, no solo al gobierno sino también a los principales referentes de la oposición. La posibilidad de que Lula asuma como “superministro” para intentar salvar o dar sobrevida al gobierno, lejos de significar una atenuación de la crisis puede agravarla.

Ante la crisis económica internacional y sus repercusiones nacionales, con un país al borde de la depresión, todos los sectores dominantes tienen acuerdo en que los ataques implementados hasta ahora bajo el gobierno de Dilma son insuficientes para recomponer las tasas de ganancia y de inversión empresariales. Entrega de las reservas de petróleo de la zona marítima del Pre-sal negociada entre Dilma y la oposición, privatización de Petrobras, recortes presupuestarios en las áreas sociales, aumentos de tarifas públicas, devaluación salarial por la inflación, más de 1,5 millón de puestos de trabajo eliminados, reforma previsional.

Todo esto que el actual gobierno está haciendo es insuficiente. Necesitan recortar más gastos sociales, privatizar más, terminar con las vacaciones remuneradas y el aguinaldo y entregar más recursos nacionales al capital financiero internacional (imperialismo).

La crisis económica y el desgaste de los partidos dominantes dificulta la implementación de más ataques y soluciones acordadas entre los actores tradicionales de la política. En este marco, el “Partido Judicial” emerge instrumentalizando la corrupción para “lavar” la imagen del sistema político y atribuir mayor legitimidad a los ataques a las condiciones de vida de las masas y a los recursos nacionales; así como arbitrar un desenlace de las disputas entre los distintos sectores dominantes que sea funcional a ese objetivo, sea con el gobierno actual o con un nuevo gobierno. El “Partido Judicial”, el “Partido Mediático” y la oposición de derecha encabezada por el PSDB y los movimientos derechistas que surgieron en las redes sociales vienen actuando en común para crear una opinión pública favorable a la destitución de Dilma.

Ni el PT ni la derecha pueden formar un gobierno estable

El gobierno de Dilma intenta implementar la mayor cantidad de ataques que la relación de fuerzas le permita. Como el PT llegó al poder como un gobierno de colaboración de clases, y como Lula se hizo un presidente popular en base a un ciclo de crecimiento económico excepcional que permitió esa colaboración de clases, Dilma solo podría romper ese equilibrio por derecha.

Esto es, enfrentándose cada vez más a las bases sociales que la llevaron al poder. Se agotó la “división de tareas” que estuvo vigente a lo largo de 2015, en la que Lula y el PT de los sindicatos y movimientos sociales criticaban las medidas reaccionarias de Dilma para impedir la explosión de luchas de resistencia y defender a su gobierno frente a los ataques de la derecha desde afuera, preservándose para las elecciones de 2016 y 2018. Esa división de tareas solo sería posible de mantener si la crisis económica no se agravase y si la combinación entre la acción del “Partido Judicial” y la acción del “Partido Mediático” no fuesen capaces de colocar a Dilma en jaque por derecha.

Por más que los petistas justifiquen su asimilación de métodos corruptos, propios del capitalismo, contraponiendo el uso que hacen de esos métodos al uso de la derecha, el giro ajustador de Dilma debilita el culto al “mal menor”, que no impide la desmoralización de las bases sociales del PT por el lodo de corrupción que necesitan tolerar.

Se configura en el país un escenario de impasse estratégico en el que ninguna de las fuerzas políticas es capaz de constituir un gobierno mínimamente estable. A pesar de que la ausencia de intervención del movimiento de masas como un actor independiente en la crisis empurre la tendencia al surgimiento de gobiernos más a la derecha, esos gobiernos tendrán la dificultad para estabilizarse e implementar los ajustes, que la burguesía necesita y estarán atravesados por crisis políticas y económicas de todo tipo.

Crisis éstas que abrirán escenarios favorables al desarrollo de procesos de lucha de clases (como hoy se ve en Río de Janeiro) e incluso a la intervención independiente de sectores de masas por fuera de la política de contención de la lucha de clases del PT (como vimos en los secundarios de San Pablo a fines del año pasado, en junio de 2013 y en distintas huelgas, como las de los recolectores de residuos, choferes y trabajadores de la construcción civil, en los últimos años.

Por una salida independiente, obrera y popular

El Movimiento Revolucionario de Trabajadores apuesta a que sectores de masas de los trabajadores y la juventud puedan dar una respuesta por izquierda a la crisis política y económica que atraviesa el país. Una respuesta anticapitalista que confronte con el lodo de corrupción y el mar de ajustes de esta democracia del soborno controlada por el PT y el PSDB. Esa es la única perspectiva que puede al mismo tiempo evitar que los capitalistas descarguen la crisis económica sobre nuestras espaldas y que nuevos pactos cambien el sistema político en la superficie para en esencia no cambiar nada. Una reforma de las instituciones dominantes que garantice la impunidad de siempre, con mayor saqueo de riquezas nacionales y una explotación aun mayor de la población por nuevos grupos capitalistas e imperialistas. Muchos jóvenes y trabajadores se preguntan qué hacer en caso de que surja una prueba efectiva del involucramiento de Lula y Dilma con el escándalo de corrupción en Petrobras conocido como “petrolão”.

No necesitamos la operación Lava Jato para saber que Dilma y Lula están involucrados hasta el cuello en los escándalos de corrupción. Podemos estar seguros de que al igual que ellos, los jefes del PSDB y del PMDB también lo están. Podemos estar seguros también de que el “Partido Judicial” quiere remover el sistema de soborno del PT para abrir camino a un nuevo sistema de soborno con la marca tucana o un sistema cero kilómetro para que los capitalistas puedan deleitarse. Es por eso que no podemos quedarnos pasivos ante la Operación Lava Jato ni tener la más mínima ilusión en este Poder Judicial que fue hecho para servir a los intereses capitalistas. Los trabajadores y la juventud tienen planteado enfrentarse con los pilares de la democracia para los ricos, para darle una salida por izquierda a la crisis económica y política que atraviesa el país.

En el MRT opinamos que la única alternativa estratégica a esta democracia de los ricos es la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre basado en sus propios organismos de democracia de masas, que rompa con el capitalismo y batalle por una sociedad sin explotados ni explotadores. Sin embargo, sabemos que la mayoría de los trabajadores creen en reformas de esta democracia, como alimentan las direcciones de la CUT y del PT, aun cuando estos estén dejando pasar verdaderas contrarreformas.

Es por eso que al mismo tiempo que rechazamos el impeachment de la derecha, llamamos a todos los sectores de vanguardia de la clase trabajadora y la juventud a luchar para que los sindicatos y las centrales sindicales rompan su colaboración con el gobierno del PT e impulsen un movimiento nacional contra los ajustes y por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana para atacar de raíz la impunidad, frenar los ataques en curso y enfrentar los problemas estructurales del país. Impongamos por la fuerza de la movilización que todo político sea revocable y gane igual que un profesor, que todo juez sea elegido por el voto popular, que Petrobras y el Pre-sal sean 100 % estatal y controlados por los propios trabajadores, que la deuda pública no sea pagada y su dinero sea destinado a salud y educación.







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