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Las denuncias contra el acoso sexual, personaje del año

La revista estadounidense Time eligió como personaje del año a las protagonistas del movimiento #metoo, que siguió a las denuncias por acoso sexual en Hollywood. ¿Tercera ola?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Domingo 10 de diciembre de 2017 | 00:05

Todos los años, la revista estadounidense Time elige personalidades destacadas. Para su tapa de 2017, eligió a las protagonistas del movimiento #metoo (Yo también), que siguió a las denuncias por acoso sexual en Hollywood.

En octubre seis actrices presentaron una denuncia colectiva por acoso y abuso sexual contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein. La denuncia desató una ola que alcanzó a personalidades del cine y la televisión (como Kevin Spacey y Louis CK), pero trascendió a otros ambientes. Durante los últimos meses se conocieron denuncias de acoso y abuso contra legisladores republicanos y demócratas, entre los que se encuentran el senador por Alabama Roy Moore (R) y Al Franken (D) del estado de Minnesota.

Pasa en Hollywood, pasa en la vida real (aunque la revista Time no lo diga)

Uno de los aspectos progresivos del hashtag y el movimiento #metoo es que mostró la estructura de impunidad sobre la que se sostiene la poderosa industria de Hollywood. Y aunque la revista Time no lo diga, las relaciones de poder que establecen productores y directores no serían posibles si no se desarrollaran en una sociedad profundamente desigual donde las mujeres cobran salarios más bajos, son discriminadas y humilladas de diversas formas solo por su género. Dicho sea de paso, no es un capricho señalar que entre las “Persona del año” de Time, las mujeres son excepciones.

La realidad desborda cualquier tapa de revista. No está de más recordar que el año 2017 comenzó con la multitudinaria Marcha de las Mujeres sobre Washington (EE. UU.), la primera marcha contra el presidente Donald Trump. Y el 8 de marzo, como parte del Paro Internacional de Mujeres, volvió a expresarse un extendido movimiento social y político que reconoce en la violencia contra las mujeres uno de los gestos más descarnados de las sociedades capitalistas, cada vez más desiguales.

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Los grandes de medios de comunicación (incluida Time), la industria cultural y las corporaciones (que han tomado parte de la agenda del feminismo liberal) aparecen sorprendidas por el acoso y los abusos en Hollywood. En los últimos meses le han dedicado atención y espacio porque se sienten mucho más “cómodos” hablando de las denuncias de un porcentaje ínfimo y, al mismo tiempo, pueden guardar silencio sobre los abusos que sufre el 99 % de las mujeres.

Lejos de Hollywood y el “techo de cristal” de las estrellas de cine y las profesionales, la mayoría de las mujeres lucha en los sótanos en una realidad plagada de desigualdad y violencias. La precarización y el trabajo no remunerado solo agravan la brecha salarial (que denuncian incluso las principales estrellas de cine). El acoso laboral de jefes y supervisores es tan cotidiano para las trabajadoras que se ha naturalizado como un “gaje del oficio”. Y si las denuncias de Hollywood habilitan discusiones entre trabajadoras, estudiantes y jóvenes de esos “sótanos” no es gracias a los medios de comunicación, que silencian sus voces.

Si las mujeres poderosas, que cobran miles de dólares por aparecer en una película o en televisión, son humilladas y acosadas, ¿qué les pasa a los millones de mujeres que todos los días trabajan en empleos mal pagos, que son la mayoría de los pobres y la mayoría de las personas que sufren la violencia sexista, pero también la xenofobia y el racismo? ¿Qué pasa con aquellas personas cuya opresión está legitimada en un orden social donde una minoría dueña de todo vive del trabajo de quienes no tienen nada? En última instancia, para ese orden social es funcional y conveniente hablar de algunas denuncias y “deshacerse” de las manzanas podridas; esto le permite que su estructura siga más o menos intacta.

No todo lo que brilla es oro

Otro debate que queda soslayado en la revista Time es que tanto en el caso de Weinstein como en el de Spacey, las empresas que los empleaban decidieron despedirlos y ambos ingresaron en una clínica de rehabilitación. Como si existiera una patología a la que responde su comportamiento, que no es otro que abusar de personas que se encuentran en una jerarquía inferior, en el contexto de una sociedad que reproduce ese comportamiento constantemente en múltiples ámbitos.

Alrededor de este problema, Clara Serra en la revista Contexto señala que la forma en la que Hollywood manejó el escándalo, “no deja de parecer una estrategia higienizante por parte de una industria que ante todo quiere cauterizar una herida por la que podrían desangrarse millones de dólares”. Esto pone el foco también sobre cómo son “digeridos” o integrados los reconocimientos de los medios de comunicación y la industria cultural al movimiento de mujeres y el feminismo.

De la misma forma que Hollywood incorporó y “digirió” en los últimos años varios aspectos de la lucha de las mujeres y las personas LGBT, está en su ADN transformar un problema que toca de cerca su estructura de poder (y sus negocios) en algo que revalorice su rol de productor y reproductor de valores. De hecho, al desprenderse de Weinstein y Spacey, la acción afirma que Spacey es un problema (algo que nadie negará) pero al mismo tiempo, deja una conclusión lógica (por omisión en este caso): Hollywood no lo es. Hipocresía sin límites.

Una pregunta similar podríamos hacernos sobre la revista Time que, a la vez, da cuenta de un fenómeno social y político, y aprovecha para “exorcizar” un poco a los medios de comunicación que no son neutrales cuando hablan de la violencia machista, la misoginia o la discriminación. De hecho, son parte de la maquinaria de revictimización y silenciamiento que ha funcionado durante años al servicio de la invisibilización de la violencia. Y basta recordar los últimos casos de femicidios en los que, casi sin importar en qué país estemos, la culpa recae directa o indirectamente sobre las mujeres. Y cuando no es así, se nos reduce a meras víctimas, incapacitadas de ser sujetos de cuestionamiento o transformación alguna.

En el debate abierto alrededor de esta suerte de “tercera ola” centrada en la violencia, ya empiezan a oírse voces que alertan sobre la efectividad de un método que ha vuelto a centrar la pelea contra la violencia machista en el plano individual. Ileana Arduino hace una pregunta incómoda en un artículo reciente de Cosecha Roja a propósito del caso de Gustavo Cordera, “gran parte del feminismo lo que mejor hace es evidenciar el carácter estructural de las violencias y exigir transformaciones radicales, ¿por qué se conformaría –ante el desastre imperante– con seguir profundizando la senda punitivista?”. Como suele suceder, las preguntas incómodas son las más interesantes.

Seguramente Time no busca estas ni otras discusiones, quizás solo quieren vender revistas. Pero no son pocos los sectores del feminismo y movimiento de mujeres que ya abrieron el debate sobre las estrategias para luchar contra el patriarcado y su socio más beneficiado, el capitalismo, aunque nada de eso salga en la tapa de la revistas.








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