Cultura

A 100 años de la Revolución Rusa

La salud como conquista de las masas en el sistema sanitario soviético

La Revolución Rusa de 1917 fue un acontecimiento que irrumpió en el mundo demostrando que una nueva sociedad puede construirse transformando todas las relaciones sociales, garantizando el pleno acceso a la salud.

Viernes 1ro de diciembre | 18:10

La salud como derecho siempre fue una bandera de lucha del movimiento obrero. Hacia finales del siglo XIX los obreros alemanes lograrían arrancar al canciller Von Bismarck conquistas democráticas que les permitirían confeccionar un seguro de enfermedad y un seguro contra la invalidez por vejez. Tanto obreros como empresarios efectuaban contribuciones económicas para mantener este seguro, y de esta forma el canciller de hierro va sostener en un mensaje imperial al Parlamento que "inútilmente los socialistas tocarán la flauta para atraer a los obreros hacia sus excesos”.

A nivel mundial los trabajadores fueron conquistando los seguros de salud, conformando las obras sociales para afrontar las enfermedades en un mundo donde la atención medica era de ejercicio privado. En distintos países los obreros iban conquistando el acceso a la salud por medio de la configuración de las obras sociales. Sin embargo, la Revolución Rusa va a marcar un antes y un después en la historia de la organización sanitaria.

Hacia 1913 la mortalidad infantil en Rusia alcanzaba cifras desde los 240 a 270 niños muertos por cada 1.000 nacidos vivos. El 95% de los nacimientos tenían lugar en los domicilios y en condiciones insalubres, ocasionando el aumento de la morbimortalidad maternoinfantil. El abandono de los niños fruto de embarazos no deseados era una realidad alarmante. En ese año solo se registraron 9 clínicas pediátricas y 19 guarderías en Moscú. La esperanza de vida apenas llegaba a los 35 años[1].

Con la revolución, el gobierno de los soviets creó en julio de 1918 el Comisariado del Pueblo de Salud Pública “Narkomzdrav”, nombrando en su dirección al médico bolchevique Nikolai Semashko. El naciente comisariado tuvo que enfrentarse a una gran crisis social y sanitaria que castigaba al pueblo ruso desde la época de los zares. Las epidemias devastaron a la población civil, así como también a los soldados en el frente: el tifus, cólera, escorbuto, viruela, enfermedades venéreas, malaria y la hambruna era desenfrenada, y la situación continuó deteriorándose a lo largo del guerra civil[2].

Semashko basó un sistema de atención médica en varias ideas: principios comunes de organización y centralización de la atención médica, igualdad de acceso a la atención médica para todos los ciudadanos, métodos y tratamientos de prevención unificados, la eliminación de la base social de las enfermedades, la realización de amplias medidas sanitarias, epidemiológicas y terapéuticas, involucrando al público en la atención de salud, dando prioridad a los niños y las madres.

Se trazaron los lineamientos para la aplicación de una política sanitaria activa de educación para la salud e higiene denominada “Ilustración sanitaria”. Esta medida se desarrolló rápidamente durante los primeros años del poder soviético para luchar contra las enfermedades[3]. La educación para la salud era considerada vital no solo para combatir y prevenir las enfermedades, sino también para garantizar la salud continua de la población que construiría la nueva sociedad.

En el ámbito de la salud sexual, el programa soviético de educación también la consideró urgente debido a las restricciones sobre el sexo y la alarmante incidencia de enfermedades venéreas. De esta forma se desarrolló la educación sexual en la unión soviética, que precedió a medidas importantes para disminuir la morbimortalidad de las mujeres, como fue la legalización del aborto. Medidas que se propagaron hasta las regiones rurales[4].

Servicios operativos

El modelo sanitario soviético puesto en vigencia se sustentaba en la organización de los soviets, la participación del pueblo en la toma de decisiones sobre los problemas de salud; en la prevención y la promoción de la salud, y fue cimentado por la planificación socialista de la economía.

Los centros primarios de atención se nucleaban en las diferentes comunidades como postas sanitarias con feldshers (agentes sanitarios) bajo la responsabilidad médica sanitaria de los Hospitales de Rayón. Allí se desarrollaba la participación comunitaria, se resolvían las patologías ambulatorias más prevalentes sobre las principales especialidades: pediatría, medicina de adultos y ginecólogos-obstetras. Si el problema no podía resolverse en el primer nivel, se lo intentaba resolver en un segundo nivel representado por los centros de atención denominados Oblastos, que eran centros de mayor complejidad y mayor equipamiento. Todas las industrias contaban con un servicio médico que se encargaba de la atención de los trabajadores y de realizar actividades de promoción de la salud y prevención de las enfermedades laborales.

La jornada laboral de los trabajadores de la salud era de 6,5 horas, distribuidas en 3 horas para la atención clínica, 3 horas de asistencia a domicilio y media hora para la educación para la salud. La protección sanitaria, desde los médicos más calificados hasta los feldshers, llegaba a los hogares. En la zona rural, los koljoses (granjas colectivas) se encargaban de garantizar el equipamiento de los hospitales rayones, y el Estado de pagarle el sueldo a los trabajadores.

La formación de los profesionales de la salud tenía gran particularidad, ya que a partir del tercer año de medicina los estudiantes debían definir si se dedicaban a los adultos, a los niños o a las mujeres. Hacia 1913 existían 13 escuelas de medicina. por lo tanto una política sanitaria fue la de aumentar los establecimientos para la enseñanza de las ciencias de la salud. Los estudiantes eran becados y de esta forma aumentaron el número de graduados entre médicos, enfermeras, parteras y feldshers.

Se jerarquizaba la investigación sobre los problemas más urgentes de la población, y la industria fue nacionalizada para producir los productos farmacológicos necesarios para combatir las enfermedades. Se creó la división químico-farmacéutica en el Instituto Ruso de Química Aplicada y en el Instituto de Investigación Químico-Farmacéutica encargados de producir antibióticos, vitaminas, antitoxinas y vacunas.

Otro lineamiento sanitario importante fueron las actividades de medicina física y deportiva[5]. Todos los habitantes de la Unión Soviética tenían un tiempo diario de dos horas para realizar actividad física con el propósito de disminuir la prevalencia de las enfermedades crónicas.

El sistema de salud soviético representaba la forma de organización sanitaria más avanzada en las primeras décadas del siglo XX. Las políticas socialistas en salud les permitieron desarrollar la formación de nuevos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y parteras para afrontar el legado sanitario del zar. Elevaron la esperanza de vida, disminuyeron la mortalidad infantil y materna, combatieron las enfermedades infecciosas y de transmisión sexual, a pesar de la guerra civil y las adversidades y carencias del naciente Estado proletario.

Esto llevó a que muchos especialistas en salud pública investiguen y se admiren de la sorprendente organización soviética de la salud, como fue el caso de Henry Sigerist -catedrático de la John Hopkins University- quien luego iba a ser su principal defensor en la medicina de occidente[6]. El sistema de salud no quedó exento de la burocratización estalinista, pero a pesar de ello las masas rusas habían conquistado el derecho a la salud.

En 1958 la OMS envía a 23 especialistas para investigar la organización sanitaria soviética, quienes elaboraron un informe publicado cinco años más tarde advirtiendo sobre un nuevo paradigma de organización sanitaria que garantizaba una salud pública de calidad al conjunto de la población. Ya a fines de los años setenta y con dictaduras militares sembradas por el capital en los países latinoamericanos, la OMS publica el documento “Salud para todos en el 2000” estableciendo a la Atención Primaria de la Salud (APS) como una estrategia para alcanzar esa meta, basándose en los 60 años de experiencia del modelo sanitario soviético.

Esta estrategia sanitaria implicaba un cambio subversivo en el sistema sanitario que terminó fracasando: las dictaduras militares aniquilaron la estructura de los sistemas sanitarios y también toda posibilidad de autoorganización de las masas para el beneficio del empoderamiento de la salud.

Con la caída de la URSS los seguros privados en Rusia florecieron como malezas. Los hospitales perdieron capacidad instalada y equipamientos. El sistema sanitario soviético terminó cayendo en las recetas privatizadoras del Banco Mundial y del FMI, para ser masticado por la voracidad capitalista de la industria farmacéutica y de la medicina privada.

Leé más notas del DOSSIER: Salud pública en tiempos de CEOs

[1] Baranov A.A., Albitsky V.Y. "Mladencheskaya smertnost: Infant mortality rate: lessons from history and the prospects for a reduction.", Kazan Medical Journal Nº 5, 2011.
[2] John F. Hutchinson, Politics and Public Health in Revolutionary Russia, 1890-1918. Baltimore 1990.
[3] Peter Kenez, The Birth of the Propaganda State: Soviet Methods of Mass Mobilization, 1917-1929 Cambridge 1985.
[4] Bridger Susan, Women in the soviet countryside women’s roles in rural development in the Soviet Union. Cambrige 1988.
[5] Starks Tricia. The Body Soviet: Propaganda, higgiene and the revolutionary state. The University of Winconsin press. 2008.
[6] Sigerist Henry and Older, Julia. Medicine and Health in the Soviet Union. 1937






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