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La política del kirchnerismo para enfrentar a Macri: “tragar sapos” como Massa y Urtubey

Desde el espacio que lidera la expresidenta se propone un “amplio frente de unidad”, que no excluya a quienes han garantizando el ajuste de Cambiemos.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Lunes 14 de enero | 23:53

El inicio del año encuentra al conjunto de las coaliciones políticas trabajando bajo el estricto orden impuesto por el calendario electoral. Calendario que, a cada momento, se amplía o ramifica en alguna dirección. A pesar de los deseos de Marcos Peña, el desdoblamiento de comicios parece deporte nacional.

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Con una campaña ya lanzada y cruzada por la agenda securitaria, desde sectores del peronismo se insiste en el llamado a conformar un “amplio frente de unidad” para derrotar a Macri. Este frente, dicen sus impulsores, debe prescindir de las diferencias pasadas, conformando un espacio que aglutine al conjunto de la oposición.

La apuesta se sostiene en datos aportados por las encuestas y la percepción diaria de la realidad. Aunque las consultoras hablan de una leve mejora en las expectativas futuras, la gestión presidencial es considerada negativa por dos de cada tres personas. El ajuste en curso y sus gravosas consecuencias sociales también miden a la hora de los sondeos.

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Los pedidos de unidad tiene como usina destacada al kirchnerismo. La lista de convocados a un frente -que también se presenta como “patriótico”- goza de la suficiente amplitud como para alcanzar a quienes colaboran con la gobernabilidad de Cambiemos.

En estos días, uno de los voceros destacados de esta “estrategia” fue José Luis Gioja. El presidente del PJ pidió “tragarse algún sapito” en aras de un acuerdo unitario. El hombre no se anduvo con vueltas y se declaró partidario de “hacer la unidad hasta que duela”.

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Llamado (urgente) para “ventajita”

El llamado a la unidad tiene como uno de sus interlocutores privilegiados a Sergio Massa. El líder del Frente Renovador, según confesión de sus partidarios, acaba de mutar hacia una estrategia electoral que busca presentarlo como claro opositor. Sin embargo, si hay alguien que “no resiste un archivo”, ese es el ex diputado nacional.

No había transcurrido un mes de la gestión de Cambiemos cuando Massa se subió a un avión con Macri para viajar al Foro Internacional de Davos. Ante lo más concentrado del gran capital imperialista, fue presentado como ejemplo de un peronismo “racional” que aportaba a la nueva gestión.

Los tres años siguientes confirmaron esa vocación. El FR dio apoyo parlamentario a gran cantidad de medidas de ajuste. Ejemplifiquemos: el acuerdo con los fondos buitre –que permitió el brutal salto en el endeudamiento- no hubiera sido posible sin el concurso de ese espacio.

El nombre de Massa se puede sumar a la extensa lista de “traidores” que el kirchnerismo hizo nacer a partir de las elecciones de 2015. Al nombre del tigrense se puede adicionar, por ejemplo, el de Diego Bossio, baluarte del Bloque Justicialista. A este espacio hay que contabilizarle el aval a la contra-reforma previsional y al Presupuesto 2019.

Quienes recorren los pasillos del poder señalan que Mauricio Macri eligió, hace ya tiempo, un apodo para Massa: “ventajita”. La connotación es evidente y no requiere explicación.

Por estas horas, quien llama con énfasis marcado a “ventajita” es el kirchnerismo. El mismo espacio que, desde 2013 lo consideró un enemigo acérrimo. Massa, con seguridad, sonríe.

Excluidos y auto-excluidos

José Luis Gioja lamentó otra ausencia, la de Juan Manuel Urtubey. La “autoexclusión” del mandatario se ajusta más a la realidad que el pedido del diputado sanjuanino. Aunque a veces despliegue un discurso que incluye críticas, Urtubey se presenta en la escena nacional como un firme apoyo a la política que implementa Macri.

El hombre ya lanzó su pre-candidatura presidencial por el espacio Alternativa Federal, lanzado en común con Juan Schiaretti, Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto, el campeón peronista de la xenofobia.

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En su lanzamiento propuso “construir un espacio desde la gente, desde nosotros, no desde el poder”. La declaración suena a insulto viniendo de un integrante de la oligarquía salteña. Máxime teniendo en cuenta las múltiples denuncias por la pobreza que recorren el territorio que gobierna.

A la penuria que sufren cientos de miles de personas se suma, además, una discriminación abierta hacia los pueblos originarios. Por estas horas, la comunidad wichi sigue reclamando contra la exclusión que sufre por parte del oficialismo provincial.

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Pragmatismo y ladrillos

Hace ya más de una década, en diciembre de 2008, el kirchnerismo apoyó la candidatura del ex carapintada Aldo Rico como intendente en San Miguel. En aquel entonces, el inefable Luis D’Elía afirmó que “los ladrillos también se hacen con bosta". El dirigente social repetía un apotegma del propio Perón.

Bajo esa premisa, el kirchnerismo forjó una coalición de gobierno que incluyó a tirios y troyanos. Dirigentes sindicales burocráticos como José Pedraza o Gerardo Martínez; gobernadores cuasi-feudales como Gildo Insfrán o el mismo Urtubey; represores y genocidas, como Sergio Berni y César Milani. Todos ellos fueron parte del “proyecto nac&pop”.

En 2019 el kirchnerismo vuelve a proponer la ingesta masiva de sapos. En aras de enfrentar al “mal mayor” plantea aglutinar sin distinciones. Hace un par de meses, adelantando esa agenda, Cristina Kirchner pidió “unir” pañuelos celestes con pañuelos verdes.

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De relatos, programas y realidades

Los meses por venir serán un verdadero laboratorio de la rosca política dentro del peronismo. Emilio Monzó, a su modo, podrá celebrarlo. Resulta imposible afirmar hoy en que cuajará la discusión abierta a partir de llamado a un frente de unidad. Mientra el llamado a Urtubey tiene un (fuerte) aroma a maniobra política, los ruegos a Massa podrían ser correspondidos.

Mirando a diciembre, el kirchnerismo se propone como administrador del Estado en una eventual Argentina post-macrista. Pero la herencia a recibir será la de un país radicalmente distinto de aquel en que se construyó el relato triunfante del “proyecto nac&pop”. A las condiciones de la economía internacional se suman las de un país sometido a los dictados del FMI y de un brutal endeudamiento.

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Desde el otro lado del Atlántico, el ejemplo de Grecia marca los contornos de la nueva realidad. Desde hace un puñado de años, allí gobierna la coalición de centroizquierda Syriza, reivindicada en su momento por el kirchnerismo y otros espacios. Lo hace aplicando un ajuste brutal que hundió las condiciones de vida de las amplias mayorías populares.

En estas nuevas condiciones, sin avanzar en la ruptura con el FMI y atacar los intereses del gran capital –extranjero y local- el discurso kirchnerista que propone “distribución de la riqueza” o aumentos de salario, no pasa de la simple promesa electoral. Una remake progresista de la recordada Pobreza Cero que vendrá a disfrazar un nuevo ciclo de ajuste.







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