Mundo Obrero

OPINIÓN

Inicio de la campaña electoral del FIT Unidad: molinos de viento con bases de hierro

El sábado a la tarde temprano, la cita fue en el "Museum", el motivo: el inicio de la campaña del Frente de Izquierda Unidad en la Ciudad de Buenos Aires, con nuestros candidatos Myriam Bregman y Nicolás del Caño.

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Domingo 14 de julio | 22:56

Estuvieron con nosotros también muchos más de nuestros compañeres luchadores que integran nuestras listas. Se hicieron presentes como invitados, los candidatos de los otros partidos que integran el FIT Unidad.

El lugar es un edificio histórico de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en la Calle Perú 535 del barrio de San Telmo, una callecita angosta, empedrada, que nos vio llegar a todes, para escuchar a nuestros candidatos, pero también para abrazarnos, para compartir un café y charlar, para curiosear y comprar los libros de nuestra editorial, escuchar música y bailar.

Museum era una antigua ferretería industrial. Este singular edificio de exposición y ventas de la firma nacional del ingeniero mecánico Domingo Nocetti, dedicada a la
fabricación de maquinaria agrícola, está construido casi íntegramente en hierro, por
piezas prefabricadas, y montadas en obra. Entre sus productos se encontraba un molino de viento, cocinas económicas, una prensa hidráulica para fardos de lana y hasta un bañadero para ovejas.

La figura que se encuentra en lo alto del frente del edificio es la de un forjador de acero, precisamente porque tiene que ver con el nombre de la marca de los productos que vendían.

Tiene unos curiosos remates que parecen Art-Decó, cuando aún no se había gestado ese movimiento arquitectónico. Está firmada también por el Ing. D. Noceti y como
constructor: Moliné Hnos. Fue de las primeras edificaciones porteñas con armazón de hierro, fabricadas en los talleres del francés Gustav Eiffel.

Este fue el lugar elegido por el PTS para lanzar la campaña del FIT Unidad, un
establecimiento donde se vendían artefactos para el laburo en el campo. Imaginemos por un momento ese gran salón lleno de vida, con empleados caminando de un lado a otro, el brillo del acero iluminado por el sol entrando por los grandes ventanales del frente, el ruido de las maquinarias moviéndose, un molino de viento dispuesto a ser trasladado a los campos, entonces los álamos, los tilos, la avena, el maíz, sus colores rompiendo las paredes del gran galpón. Una fuerza imparable.

En ese gran salón se pararon nuestros candidatos y fueron aplaudidos, porque en sus discursos hablaron de fábricas recuperadas y puestas a funcionar por los trabajadores, donde no les alcanza la plata para pagar los servicios; porque mencionaron a las mujeres de la villa 31, a los jóvenes repartidores que laburan en condiciones más que precarias.

Entonces la imagen del molino de viento y el forjador de acero se hacen más que
presentes.

Después hablaron ellos, Nicolás del Caño y Myriam Bregman, Nico hizo mención a
Cristina, que dice que quiere “discutir”, no si hay que pagar o no la deuda, sino quién debería pagarla. A lo que le respondemos que discutan entre ellos si tienen ganas, nosotros no transamos con los usureros.

También llamó a poner en pie toda la fuerza militante para armar una gran campaña para que la izquierda esté presente.

Myriam se refirió a que la izquierda tiene que estar porque somos los únicos que vamos a cuestionar las cosas importantes, las jubilaciones de nuestros viejos, la comida de nuestros hijos en las escuelas, a los que pretenden alimentar con lentejas.

Ella perdió a su mamá hace unos días, se despidió de ella en un hospital público. Como yo. Mi mamá también murió en un hospital, psiquiátrico, en Temperley, detrás de unos muros blancos, donde las mujeres hacían pis, desnudas, en las veredas de los pabellones. Entonces “Yo sé, Myriam, yo sé de lo que estás hablando” pensaba cuando la escuchaba.

"La rusa" estaba encendida. Su discurso, su tono de voz entrecortado de a
ratos por las lágrimas, demostraba su odio de clase. Esos son los candidatos que yo
voto, los que nos nombran por nuestro nombre de pila, como cuando Myriam nombró a Katy Balaguer, ex obrera de Pepsico, luchadora incansable por los derechos de las mujeres, organizadora de la Agrupación Bordó, que además, pinta unos cuadros espectaculares. Esa es mi clase, la que está de mi lado.

Nosotras somos las que no podemos esperar, las que nos asqueamos de las listas que tienen a Mazur, a Urtubey, a todes esos que no se les movía un pelo cuando reprimían a nuestros compañeros en Lear o en Pepsico.

No podemos esperar porque la burocracia sindical también espera llegar a las elecciones y pacta paritarias a la baja, que se las come la inflación aún antes de cobrar la primera cuota.

¿Qué vamos a esperar? Por eso estábamos ahí, para salir a construir esa gran fuerza
militante y que la izquierda dé qué hablar, y mucho. Mi compañera Irene es candidata en nuestras listas, ella soporta como yo la opresión patronal, la persecución sindical e ideológica que vivimos en la fábrica. Entonces, ¿Qué nos quieren contar esos tipos que dicen que son hombres comunes, o esas mujeres candidatas que dicen que entienden al pueblo pobre?

Yo veo a mis compañeras almorzar con un mate cocido y un pan. Que no
me hablen de las cosas que entienden si no las viven.

Quieren ignorar a la marea verde que viene arrasando con todo, que no va a parar hasta conseguir el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, que no va a parar hasta que no nos maten más.

Las mujeres en las líneas de producción somos explotadas cada día. Por eso ayer cuando Myriam decía: “rompan todo, rompan todo” la entendí, claro. Cuando habló de nuestras madres que no llegan a jubilarse tras haber laburado toda su vida desde chiquitas, también la entendí, porque mi mamá, antes de morir en un hospital psiquiátrico, también fue una mujer trabajadora, textil, muchos años y después, limpiaba oficinas, por horas.

Yo quiero votar a estos candidatos, quiero votar a estas mujeres luchadoras. Que no me vendan ilusiones.

Otra vez el molino de viento bajo el sol, el molino que acarrea el agua para producir
energía. Me viene a la mente la palabra “acarrear”, también la palabra “energía”. Ahí
estaban los empleados de la ferretería, los imagino con sus guardapolvos y sus planillas.

Todo es movimiento, sol, flores de campanillas rojas.

Ella, "la Rusa" es el molino de viento, así arrancó la campaña electoral. Y veo muchos molinos de viento en Museum, nuestros compañeros y compañeras que componen nuestras listas, Nico del Caño y el abrazo con la Rusa al final de su discurso.

No me van a convencer los “tipos comunes”. No somos Quijotes, no creemos en
ilusiones, levantamos nuestras banderas por los derechos de todos los trabajadores y esperamos poder concretar todas nuestras propuestas si podemos organizar a miles de compañeros en nuestros lugares de trabajo, de estudio y en el movimiento de mujeres.

El forjador de acero del frente del edificio nos vio salir, nos acompañó con la mirada y seguramente dijo: “esto es todo lo que está bien”.







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