Cultura

LIDTERATURA // 112 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE HOMERO MANZI

Infierno santiagueño: el encuentro entre Manzi y Arlt

En 1937, el poeta de Boedo y el filoso periodista y escritor de las Aguafuertes Porteñas, se proponen llevar a Buenos Aires los estragos que estaba causando las sequías en Añatuya, Santiago del Estero.

Lautaro Pastorini

@lautarillodetormes

Viernes 15 de noviembre | 18:27

En 1937 Homero Manzi tiene 30 años y ha vuelto a su Añatuya natal. Su obra ya es inmensa. Ya ha compuesto Milonga del 900 con la voz de Gardel, y con la música de su socio Sebastián Piana. Ha recorrido las mágicas calles de Boedo y aprendido el valor de la milonga y la hermandad con Cátulo, bajo el pupilaje de José González Castillo. Ha escrito algunos guiones cinematográficos y emprende una nueva tarea como es la dirección. Está en la mitad de su vida pero todavía le queda resto: aún debe entablar sociedad con Troilo para componer Sur y con Lucio Demare para hacer Malena.

Dos años atrás ha formado FORJA junto a Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros, una fracción de intelectuales de la Unión Cívica Radical que se reivindica en defensa de la cultura nacional, antiimperialista y que se dedica a denunciar los atropellos del régimen fraudulento de la oligarquía, evocando la figura de Yrigoyen y buscando a los continuadores de su legado.

Homero está de nuevo en Añatuya en el que vivió hasta los diez y al que le compusiera, en los últimos años de su vida, estos versos: ¡Añatuya es un lugar/que jamás podré olvidar/porque al fin es Aña...mía...!/Tras un verde ventanal,/junto al mismo algarrobal/conocí la luz del día.

En esa época, Santiago del Estero está atravesando una de las sequías más duras y prolongadas que lleva dos años ya, producto del desmonte y la sobreexplotación de la tala de sus bosques. El poeta ha lanzado una campaña de solidaridad para que Buenos Aires se entere lo que ocurre en el interior: “Algunos creyeron que se trataba de una novela inventada. De un ataque de imaginación periodística. Pero insistí. Hablé con hombres prominentes del país. Agite el fantasma del hambre. Y como yo, lo hicieron otros, movidos por iguales resortes de solidaridad argentina. Al poco tiempo la trágica realidad de Santiago del Estero, que es también de gran parte del norte argentino, se puso sobre el tapete de la emoción nacional. Los diarios porteños enviaron emisarios. Y todos, volvieron con la misma y desolada impresión”.

El encuentro con Roberto Arlt

Para 1937 Roberto Arlt tiene 37 años y ya ha escrito la inmensa mayoría de sus clásicos. Además ha recorrido Europa para contarla en sus aguasfuertes. Ha presentado algunas de sus obras de teatro y ha contado el fusilamiento del anarquista Severino Di Giovanni. Tiene afinada una prosa ligera, picara y profunda, pero pasaran años de discusiones académicas en los claustros para que la historia de la literatura reivindique su legado.

Llega a Santiago del Estero en diciembre donde Manzi le facilita los contactos, y por medio de su hermano Luis Manzione consigue hospedaje y acompañamiento en su hacienda de Añatuya. Sobre el encuentro, el poeta de Barrio de Tango, cuenta: “Efectivamente, Arlt se encuentra afiebrado. Las aguas, el dolor lo han volteado. Tirado sobre un catre de tiento, al amparo de un techito del corredor del rancho, retoca sus anotaciones y amplía su conocimiento con lo que oye decir a las mujeres y a los paisanos. Me adelanta su desolada impresión. Su amargura frente a la indiferencia de las zonas felices. Su decepción frente a los políticos lugareños que desde el gobierno o desde la oposición están distantes del verdadero hombre de la campaña santiagueña. Su indignación para con los literatos del país que se desentienden de esta realidad y la desconocen”.

Y luego de hacerle un repaso sobre la situación en que está inmersa la población, continúa: “Y al contarle todo esto, los ojos de Roberto Arlt, acostumbrados a la contemplación de los dolores más terribles, se humedecen como los de un niño. Y me hace su juramento. Es necesario que nuestro relato sea terrible. Implacable. Amargo. Casi siniestro. Es necesario que los lectores vomiten de asco y de vergüenza frente a la realidad de Santiago del Estero, provincia olvidada por la oligarquía”.

Y así será. El cuadro de situación es tan agudo que Arlt se compromete desde el principio a esta tarea militante: “Es necesario hablar del drama que vive estos días Santiago del Estero. Es necesario eludir las palabras suaves que sirven para emboscar la verdad y tornarla gris. Es necesario narrar sin temor de horrorizar a la gente con el espectáculo espantoso de un caballo que se pudre vivo bajo un sol de fuego; es necesario narrar el espectáculo que ofrece una vaca refugiándose moribunda en un rancho abandonado, para terminar de morir allí entre cerdos muertos de hambre que embisten con el hocico su vientre aún vivo.”

Cómo cronista del periódico El Mundo envía a Buenos Aires ocho crónicas con títulos que buscaban darle un cachetazo limpio al lector porteño como “En el infierno santiagueño”; “Agonía de bestias” o “Todavía vamos a llegar al canibalismo”.

Flaco favor le hizo el autor de Las Fieras a Manzi. En las crónicas cuenta su entrevista con un comerciante de huesos, describe el andar de las mujeres y los niños que viajan kilómetros a pie en busca de agua, y recorre algunas escuelas donde recaba el testimonio de una maestra que le cuenta el espectáculo que resulta de la minuciosidad con que los niños santiagueños comen el locro para extender ese momento de placer.

Homero Manzi, por su parte y como militante de FORJA, va a agarrar la sequía de Santiago como tribuna para pensar la realidad política. En discursos y en algunas notas periodísticas va a denunciar los estragos que causa el progreso civilizatorio y la extranjerización de la economía que han sumido al pueblo santiagueño al despojo, y que el pueblo tiene que volver al aprovechamiento del paisaje para el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la industria menor. “El sistema de explotación del bosque santiagueño destruyó en cuarenta años la mejor vida de su pueblo”.
Con el correr de los años, los paisajes de Añatuya, sus paisanos y costumbres serán algo latente por el resto de su vida pero de manera inconclusa. En 1998 Acho Manzi, el hijo del poeta, recopila muchos de los borradores que quedaron sin cerrar, como el guión de un cortometraje llamado Carnaval Santiagueño, algunos relatos que evocan la figura de Carlitos Barraza, un peón de estancia al que le compra recuerdos por solo veinte pesos, o la obra “Rio Muerto”, que para Acho sería algo así como “lo que Manzi consideraba su obra para devolver a Añatuya todo lo que Añatuya le había dado”.







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