Política

ELECCIONES 2015

Horacio Rodríguez Larreta: la herencia de Uriburu

Horacio Rodríguez Larreta, un hombre carente de carisma, ha sido consagrado en las PASO porteñas como el favorito para ocupar el lugar en Bolívar 1 que dejará vacante Mauricio Macri. Festejo de la derecha porteña que puede contabilizar entre el PRO y el ECO -que consagró a Martín Lousteau- casi el 70 % de los votos.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Lunes 27 de abril de 2015 | 11:07

Va a estar lindo Buenos Aires.

La clase media porteña es el núcleo troncal del voto macrista y la queja kirchnerista frente a este sector social es su falta de agradecimiento hacia el gobierno nacional quienes señalan, que es el responsable de su status de vida actual.

Una confesión de parte de los Nac & Pop que han favorecido a la burguesía y la pequeñoburguesía acomodada, sin resolver ninguno de los problemas estructurales de vivienda, educación, salud, infraestructura y empleo del pueblo trabajador.

Por ello el kirchnerismo en la Ciudad ha cogobernado con el PRO, votando las leyes importantes, acompañándolos en la salvaje represión del Indoamericano donde fueron asesinados tres "sin techo", por el operativo conjunto de la Policía Federal y la Metropolitana, cuyo crimen fue pedir el acceso a la vivienda.

El progresismo porteño que acompaña a los kirchneristas gobernó la Ciudad con el apoyo de buena parte de esta clase media durante casi una década. Llegando a su final con el escándalo de corrupción y desidia que mostró la tragedia de Cromañon bajo la gestión de Anibal Ibarra, que acompaño con una colectora la suma de votos del FpV.

Pero hoy esta clase media de propietarios esta enojada con el kirchnerismo desde que intento tocar la renta sojera y continuó con su enojo porque se le niega el acceso al dólar, porque no puede especular con la renta inmobiliaria. Una clase media de propietarios que se siente invadida por pobres y cartoneros que la hacen sentir insegura y afean sus barrios. La clase media porteña ha sido la base de la “épica” de los paraguas que dio su apoyo social a los transfugas del partido judicial porque teme a que la inseguridad jurídica afecte sus mezquinos intereses sociales.

El macrismo levantó rejas en las plazas, construyó metrobuses multimillonarios que son parte de negociados escandalosos, culpó a los trabajadores del subte de su incapacidad para resolver los problemas del transporte urbano, usó el paraguas de la cultura para premiar a tipos como Marcelo Tinelli y hacer megaespectáculos que disimulen la falta de una verdadera política cultural.

El PRO desalojó pobres de las casas tomadas y los espacios públicos, eso a esta clase media de propietarios le parece una gestión eficiente y exitosa y siente que Horacio es el hombre llamado a continuar la obra de Macri.

Republicanismo gerencial

El hombre en cuestión, tiene una alcurnia familiar para mostrarnos su fe republicana que como una hostia se deshace en los paladares de los políticos conservadores que aspiran a representar al medio pelo.

Su tío abuelo fue el Procurador General de la Nación, Horacio Rodríguez Larreta, que el 10 de septiembre de 1930, junto a los integrantes de la Corte Suprema José Figueroa Alcorta, Roberto Repetto, Ricardo Guido Lavalle y Antonio Sagarna, avaló el golpe de estado de José Felix Uriburu que derroco al radical Hipolito Yrigoyen, renunciando a su papel de custodio de la Constitución burguesa y de los derechos y garantías individuales.

Claro que no se le puede hacer cargo a Horacio de los antencedentes de la familia, aunque de su herencia lucro y lucra, pero el flamante Jefe de Gobierno tiene curriculum propio para orgullo de la familia: supo ser funcionario de Domingo Cavallo en 1996, de Ramón "Palito" Ortega en 1998. Por un extraño e inmediato caso de reconversión fue interventor del PAMI durante la Alianza entre el 2000 y el 2001, para luego volver al redil justicialista como funcionario de Carlos Ruckauf siendo presidente del Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires.

Ciertamente la fé republicana de estos políticos conservadores no se refiere a los valores democráticos burgueses o un apego por los derechos sociales sino a su existencia como parte de una casta oligárquica que parásita las instituciones del Estado para servir a los verdaderos amos de la república, la clase capitalista. La particularidad del PRO es que lo hace con cuadros de estilo gerencial, sello distintivo de una derecha moderna sin carisma ni ideología.







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