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Grecia trajo un duro regalo de fin de año

Hoy las notas editoriales y las principales de opinión de The New York Times, The Guardian de Londres y el Frankfurter Allgemeine Zeitung se dedican a las elecciones anticipadas griegas de fines de enero y la situación en general de los “eslabones débiles” de Europa.

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Domingo 4 de enero de 2015 | Edición del día

La crisis de los sistemas de partidos que se establecieron luego de la Segunda Guerra Mundial

The NY Times y The Guardian de Londres de hoy llevan editoriales sobre la situación de Europa para el 2015, con particular atención hacia las elecciones griegas del 25 de enero.

Según The New YorkTimes: “El costo humano de la crisis económica en Grecia ha sido significativo: las tasas de desnutrición, los suicidios y el desempleo han aumentado considerablemente, gracias a años de políticas de austeridad equivocadas. Por lo que no sorprende que las encuestas muestren que los votantes puedan dar el control del Parlamento al partido político de izquierda Syriza en las elecciones a finales de este mes.”

Menciona que para que Syriza logre mejorar la situación de los griegos, su líder Alexis Tsipras debe convencer a la troika que domina el destino de Grecia (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI) que suavice los términos de la enorme deuda externa del país. Algo difícil teniendo en cuenta la predominio alemán en los asuntos europeos, cuyo gobierno es campeón de las políticas de austeridad. No obstante, el Times considera como un paso satisfactorio que Tsipras se haya pronunciado por permanecer dentro de la Zona Euro.

The Guardian también hace un llamado a aflojar la dureza del frente político a favor de la austeridad. Tanto el diario de Londres como el de New York se refieren a limar sus aristas más duras debido a sus aspectos disfuncionales y por el efecto dominó que puede tener un default griego en Europa en otras economías en estado crítico pero más poderosas que la griega, como la de España. Por ese mismo motivo tampoco están por una condonación de las deudas, porque pondría en cuestión uno de los principales mecanismos por los cuales las potencias imperialistas centrales europeas ejercen su hegemonía.

Según The Guardian: “La austeridad ha provocado una enorme presión tanto política como social. La línea dura dictada por la canciller Angela Merkel de Alemania, que llegará a Londres esta semana, es resentida cada vez más y hay claras señales de consecuencias negativas. El nuevo primer ministro de Francia, Manuel Valls, presentó un paquete de reformas de € 30 mil millones diseñado para impulsar la actividad económica y el empleo. Su jefe, el presidente François Hollande, un socialista de la vieja escuela, defenestra abiertamente la política “neoliberal” de Merkel y su fundamento principal, el pacto de estabilidad europea sobre los presupuestos nacionales.”

Plantea que Merkel tiene pocos aliados en Europa y que el propio Cameron, quien está en su misma sintonía, es un mal politico que pierde oportunidades para realizar alianzas, y que en todo caso pronto muy probablemente deje su cargo. Para el diario progresista británico, la política de austeridad ha logrado quebrar el consenso político que se construyó luego de la Segunda Guerra Mundial en base a la alternancia de partidos de centro-izquierda y centro-derecha en los gobiernos, donde justamente son los partidos “de centro” los que están en crisis y en muchos casos formando gobiernos de “gran coalición” (a la manera alemana actual entre los demócrata-cristianos y los socialdemócratas), donde se desdibujan las fronteras y las diferencias entre los antiguos partidos, en función de mantener lejos del gobierno a los crecientes y nuevos partidos “populistas” de izquierda y de derecha, como Syriza-Podemos y el Frente Nacional-Amanecer Dorado, respectivamente. En el caso de los “populistas de derecha” cuentan además con crecientes “movimientos sociales”, como en el caso de las manifestaciones de la alianza Pegida (“Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente”), que tienen una base ciudadana donde parte de su éxito radica en que intenta cuidar un poco más los aspectos de su discurso y de su perfil que más abiertamente recuerdan a los fascistas pero, como dice un colaborador alemán de The Guardian en otra nota, los neonazis duermen tranquilos porque saben que todo eso es una tapadera para fomentar un movimiento que se radicalice cada vez más hacia la derecha.

La paradoja griega

El Frankfurter Allgemeine Zeitung también hace su aporte hoy al análisis de la situación griega. Entre Navidad y Año Nuevo Grecia le dio al resto de Europa el último choque del año que terminó: "El adelantamiento de la elección presidencial (…) Las mejores perspectivas son las del partido SYRIZA, que rechaza las medidas de austeridad que Europa ha promulgado. Para el resto de Europa, esto no es una buena noticia. Por último, Grecia no se podría acudir nuevamente en ayuda de Grecia como en 2010 y 2011 (…) Y los acreedores privados del país no quieren perder dinero otra vez como ocurrió con el recorte de la deuda en 2012."

Y la autora del artículo se responde a la pregunta:

“¿Desde cuándo el ahorro conduce a mayor deuda? ¿No es paradójico? No, no lo es. Una de las razones es estadística pura: si el desempeño económico de un país se está reduciendo, entonces la deuda en relación con la producción económica crece. Para ello, la deuda no sería incluso mayor. La segunda razón es el problema de todos los programas de austeridad en medio de una recesión: si la economía se contrae bruscamente, entonces se reducen los ingresos fiscales y por consiguiente los ingresos del gobierno. Por lo tanto, el Estado debe reducir el gasto mucho más que en los buenos tiempos para ir hacia un presupuesto equilibrado. Por este motivo Grecia durante muchos años ha sido incapaz de lograr excedentes.”

La columnista del diario de las finanzas plantea entonces dos escenarios para terminar con las crisis griega: el “Grexit”, como se llama a la salida de Grecia de la Zona Euro, o un recorte radical de la deuda. Ambas salidas son desagradables para Europa. Pero la autora parece inclinarse hacia la última salida como el mal menor.







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