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Europa quiere acelerar la expulsión de migrantes en medio del rebrote de Covid-19

A pocas semanas de las imágenes del incendio en el mayor campo de refugiados de Europa, que dejó a 13.000 migrantes sin techo, Bruselas presentó este miércoles un nuevo protocolo que no obliga a los países de la Unión Europea a acoger migrantes, y por el contrario acelera su expulsión.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 23 de septiembre | 13:59

Hace pocas semanas el mundo se indignó con las imágenes del incendio en el campo de refugiados de Moria, en Grecia. Se trataba del mayor campo de la Unión Europea y había sido denunciado en numerosas ocasiones por las condiciones inhumanas y de hacinamiento en las que sobrevivían allí más de 13.000 migrantes a la espera de algún tipo de acogida.

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Este miércoles Bruselas, sede de la Comisión Europea, presentó su nuevo plan sobre migración. En él no solo no obligan a los países miembros a establecer cuotas de acogida, sino que piden acelerar la expulsión de migrantes.

La nueva propuesta abunda en metáforas para ocultar la brutal política antiinmigrantes en medio de la pandemia de Covid-19. A la no obligatoriedad de los países para acoger migrantes se le llama "sistema de solidaridad flexible" y a las expulsiones del territorio europeo les dicen “retornos patrocinados”.

La realidad es que el objetivo es blindar la frontera exterior de la Unión Europea, frenar la acogida de nuevos migrantes e intensificar la política de expulsión de los que ya están en territorio europeo.

Este profundización de la política antiinmigrante de Bruselas llega luego de años de aceptar las exigencias de los partidos de extrema derecha xenófobos en la mayoría de los países de la Unión. En los casos en los que ya gobiernan formaciones de derecha y conservadoras, como la Hungría de Viktor Órban, las políticas antiinmigrantes eran habituales, mientras que en el resto de Europa los distintos gobiernos fueron dando lugar a la xenofobia de estas formaciones con políticas securitarias, mayor represión y estigmatización de los refugiados, que terminó fortaleciendo esas tendencias.

Es por este derrotero que hoy Bruselas tiene que decir que la política de cuotas obligatorias fracasó y que hay que crear un nuevo mecanismo de “solidaridad flexible”. Es un círculo vicioso que solo termina en peores condiciones para los migrantes y refugiados.

Su propuesta es tan inequívoca como brutal “Las reglas migratorias europeas solo pueden ser creíbles si aquellos que no tienen el derecho de estar en la Unión Europea son efectivamente devueltos”.

Las ONG Cáritas y Oxfam cuestionaron este miércoles las nuevas resoluciones.
“En su intento de lograr el consenso, la Comisión ha cedido a la presión de los Estados miembros cuyo único objetivo es reducir el número de personas a las que se garantiza protección en Europa”, señaló en un comunicado la jefa de la oficina europea de Oxfam, Marissa Ryan.

Ambas organizaciones lamentaron que el incendio de hace dos semanas en el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, no haya influido en los términos de la propuesta de Bruselas, que desde Oxfam advierten “podría replicar la horrible situación que lleva años viviéndose en los centros de registro (‘hotspots’) griegos.

Desde Cáritas señalaron que “hubieran esperado que la catástrofe de Moria cambiase las políticas que mantienen a los migrantes a las puertas de Europa”, pero que sin embargo “no ha llevado a la CE a (…) prevenir la creación de futuros campos indignos de inmigrantes”.

Según un reciente informe de la Universidad de Brown, no menos de 37 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares en las últimas dos décadas como resultado directo de la "guerra global contra el terrorismo", iniciada por Estados Unidos tras los ataques a las torres gemelas en 2001. La prolongación de esa guerra por todo Medio Oriente, con la complicidad y la intervención militar directa de los Estados europeos, es la principal responsable de la actual ola migratoria hacia Europa que comenzó hace un lustro.

Los países imperialistas europeos, junto a EE. UU. y distintas potencias regionales hay propiciado guerras en África y Medio Oriente y han saqueado los recursos de sus países durante años, sumiéndolos en la mayor de las miserias. De esto huyeron familias enteras sorteando las mafias y las redes de trata, primero a través de la ruta balcánica que era relativamente más segura y, una vez que Europa la cerrara con la ayuda de Turquía (que recibió miles de millones de euros a cambio), vía el Mediterráneo que se convirtió en una verdadera tumba para los migrantes.

Aquellos que podían llegar a Europa terminaban hacinados en campos como el de Moria, o en el mejor de los casos trabajando en condiciones de alta precarización (cuando no de semiesclavitud), rodeados de un clima de odio y racismo. Ese fue el sentimiento diseminado por todos los gobiernos europeos, cediendo a la demagogia antiinmigrante de las derechas locales que se fortalecieron en los últimos años.

La actual política definida por Bruselas no es más que el cierre de ese círculo perverso en los que obligan a millones de personas a migrar para luego degradarlos y expulsarlos nuevamente a sus países de origen, que fueron saqueados y destruidos por esas propias potencias.

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