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Este martes, movilización contra la cumbre de la OMC

En la Ciudad de Buenos Aires, del 10 al 13 de diciembre se realiza la XI Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio. Junto a otras organizaciones, el PTS convoca a movilizarse el martes 12/12 a las 18 horas en el Congreso de la Nación para marchar hacia el obelisco y propone marchar en un bloque del Frente de Izquierda.

Domingo 10 de diciembre de 2017 | 17:34

Esta organización conspira junto a los gobiernos de turno para aumentar las ganancias de las multinacionales y oprimir al pueblo trabajador, especialmente de los países coloniales o semicoloniales, como los de América Latina. Macri, que se quiere posicionar como un interlocutor del imperialismo en la región, viene demostrando sus intenciones con la reforma laboral, sus pactos con Monsanto y Benetton, y su política represiva contra los trabajadores, los pueblos originarios y la juventud. El tratado de libre comercio entre la UE y Mercosur, que entre otras implica la obligatoria aprobación de la Ley Monsanto, y otorga un oligopolio para las semillas a las multinacionales, solo puede ser frenado por la movilización de jóvenes y trabajadores. La represión a las voces críticas se hizo notoria cuando deportaron a periodistas y miembros de ONG que venían a la cumbre.

La función de la OMC - proteger los mercados de las multinacionales

La Organización Mundial de Comercio consta, junto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), como una de las principales organizaciones internacionales que negocia la política económica y financiera a nivel global. Se define a sí misma como: “Es una Organización para la apertura del comercio. Es un foro para que los gobiernos negocien acuerdos comerciales.”. Por medio de ella, los ministros de comercio de 164 Estados (además de los miembros de la UE, que son representados por el ministro de comercio de la misma) dialogan para “tratar de resolver los problemas comerciales que tienen unos con otros”.

Se establece en 1995, como sucesor del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), en las negociaciones de la llamada Ronda Uruguay, 1986-1994.

Básicamente, regula a los gobiernos para proteger las ganancias de las multinacionales. Esto se realiza comprometiendo a los gobiernos de turno a cumplir con los acuerdos multilaterales en servicios, contratación pública y sectores inversionistas, estableciendo límites globales para la regulación gubernamental de normas medioambientales, laborales y de salud pública, estableciendo nuevos derechos de propiedad intelectual para corporaciones, y haciendo cumplir a todos los países miembros las normas vinculantes de la OMC, sin tener en cuenta las diferentes situaciones nacionales.

En alianza con el Banco Mundial y el FMI, le dio forma en los 90 a las reformas estructurales neoliberales, que implicaban una apertura comercial, privatización de empresas públicas, flexibilización laboral y ataques a las leyes medioambientales para beneficiar a las multinacionales.

En Argentina, implicó que las transformaciones neoliberales iniciadas por la dictadura cívico-militar del ‘76, hayan sido profundizadas en los ‘90, y durante los doce años de kirchnerismo no se revirtieron.

El uso que tiene la OMC para el gran capital es muy fácil de ver: en 2015, la organización le exigió al Estado Argentino que libere sus importaciones, defendiendo los intereses de la Cámara de Importadores frente al gobierno K, que finalmente cedió ante el organismo mundial.

El fin de reducir los aranceles aduaneros, para generar mayores ganancias para el capital financiero y los exportadores de las potencias imperialistas, se ha logrado, siendo del 22 por ciento en 1947, mientras que en 1999 con el tratado de la OMC se reducen a un 5 por ciento.

El gobierno de Cambiemos, con la ayuda de los votos del PJ y la pasividad cómplice del Kirchnerismo, viene llevando adelante leyes y proyectos que buscan favorecer a las multinacionales y generar, con el empeoramiento de las condiciones laborales, un país atractivo para inversiones del gran capital extranjero. También se está avanzando, a costa de la salud del pueblo trabajador, con la ley pro-Monsanto de agrotóxicos, presentada en el congreso por un diputado K y avalada por el gobierno del PRO. Es conocido que varios funcionarios del gobierno tienen vínculos directos con las multinacionales de agroquímicos, y que Macri pasó sus vacaciones en la estancia de su amigo, el magnate inglés Joseph Lewis.

Hoy el gobierno pretende avanzar en la liberalización de las importaciones, firmando en esta reunión del OMC un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la UE. Éste sólo beneficiará en primer lugar a las empresas europeas con más beneficios para exportar, y localmente a los sectores más concentrados del campo. Esto perjudicaría así a los trabajadores industriales y de otras industrias del Mercosur. Con esto, se verán fortalecidas las ataduras de los países latinoamericanos a los imperialistas. En concreto: avanzando con este tratado, Macri estará en mejores condiciones para realizar su plan de contrarreformas que miles de trabajadores rechaza.

Para competir en el mercado mundial, el empresariado argentino busca disminuir lo que para ellos es un “costo” importante: la mano de obra, es decir, empeorar las condiciones de trabajo de millones de trabajadores. Para que un capitalista invierta en una región, necesita tener una “garantía” de que su negocio va a ser rentable. “Rentabilidad” en el lenguaje capitalista es sinónimo de trabajadores precarizados, tercerizados, con una jubilación miserable, y más importante aún, desorganizados. El gobierno por eso apunta a una política de alianza con las burocracias sindicales de la CGT y reprime con violencia a los sectores más combativos, como a los trabajadores de Pepsico o MAM Neuquén. Están dispuestos a matar a jóvenes como Santiago Maldonado o Rafael Nahuel, que fueron asesinados por defender al pueblo mapuche de los ataques de los magnates Benetton y Lewis y respaldados por el Estado Argentino.

Las principales potencias imperialistas europeas, Francia y Alemania, que utilizan como “patio trasero” a los países de Europa del Este y Mediterráneo, mientras doblegan y semi-colonizan a países como Grecia y Portugal, quieren extender su poderosa posición a los países del Mercosur.

Pero ¿cómo enfrentar al imperialismo y al gobierno de Cambiemos?

El próximo martes 12/12 habrá una movilización para rechazar el Tratado de Libre Comercio con la UE y denunciar las deportaciones de voces opositoras a la cumbre, como parte del enfrentamiento a las contrarreformas del macrismo, que vienen llevando adelante miles de trabajadores, organizaciones sindicales y la izquierda.

En este sentido, la juventud puede jugar un rol importante, como lo ha hecho internacionalmente en otras ocasiones similares: Fue así en la “batalla de Seattle” del 99, cuando miles se movilizaron contra la política neoliberal de la OMC. En la cumbre del G8 en Génova en 2001, los jóvenes salieron enfurecidos por la muerte de Carlo Giuliani, asesinado por la policía por luchar contra la globalización neoliberal. Recientemente en Francia buscaron la unión con los trabajadores para enfrentar dos reformas laborales y pararon todo el país. En Hamburgo, cuando este Julio se reunían los jefes de gobierno de las 20 naciones más poderosas, miles de jóvenes resistieron la violencia policial para plantarse en contra. A donde vayan a tener sus cumbres elitistas los gobiernos imperialistas, sea Seattle, Génova, Hamburgo o Buenos Aires, la juventud es clave para resistir a su plan de sometimiento de la mayoría del mundo para el beneficio de unos pocos.

Pero ¿qué les faltó a esos jóvenes luchadores? El capitalismo, que funciona a nivel mundial, tiene sus herramientas para dividir a los oprimidos; divide por género, por color de piel, por nacionalidad, por identidad sexual. De esta manera las luchas, si quedan aisladas, están destinadas a fracasar.

Resulta evidente que para enfrentar ataques de esta magnitud es necesario no solo impulsar la más amplia movilización en las calles, sino construir una organización política internacional que esté a la altura de estas batallas. Así como los capitalistas tienen sus instituciones globales para planificar como explotan más a los trabajadores, los trabajadores y la juventud necesitan de su propia coordinación, su propio partido, más allá de las fronteras.

Solo así es posible plantearse la posibilidad de terminar con la irracionalidad capitalista que hace que el 1% más rico de la población mundial posea más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta, con una sociedad que se basa en la opresión y explotación de millones, y que, de continuar así, solo puede ofrecer peores condiciones de vida para millones de trabajadores y jóvenes.

Esa poderosa organización internacional, capaz de enfrentar la miseria actual es la que busca construir la Juventud del PTS junto a sus compañeros brasileros del Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) que enfrentan al gobierno golpista de Temer y sus reformas antiobreras; junto a la Corriente Comunista Revolucionaria (CCR) en Francia que marchó con estudiantes, obreros portuarios, inmigrantes y miles de trabajadores para parar la “Loi Travail” impuesta por decreto por el ex-presidente Hollande; junto a la Organización Revolucionaria Internacionalista (RIO) de Alemania que cortaron las rutas para evitar que tome lugar la cumbre del G20; y miles de jóvenes que se organizan en Chile, México, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Estados Unidos y España.







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