Internacional

POLÉMICA

Emir Sader y el fracaso de la centroizquierda

Sábado 30 de enero de 2016 | Edición del día

El jueves tuve la gratificante posibilidad de reir en el desayuno (es siempre bueno empezar el día con unas buenas sonrisas) mientras leía un artículo en Página 12 donde mi conterráneo Emir Sader se muestra nervioso con todo aquello que exista a la izquierda de su modo de pensar. ¿Por qué, en un momento en que está en curso una derechización de la superestructura política de todo el subcontinente, uno de los intelectuales más conocidos de Brasil y Latinoamérica (por lo menos en los medios de centroizquierda) tiene la necesidad de destilar tanto veneno contra los que se proponen a resistir a este proceso?

Emir allí “demuele” a la izquierda que se mantuvo independiente de los gobiernos de tinte más o menos centroizquierdista que marcaron la realidad sudamericana en la última década: “el principal fracaso de la ultraizquierda fue no haber sabido comprender el carácter de la época histórica actual, de los grandes retrocesos a escala internacional. Siguieron haciendo sus planteamientos verbalmente radicalizados, sin darse cuenta que el objetivo mayor de la izquierda hoy es derrotar y construir alternativas concretas al neoliberalismo, proyecto en que han avanzado tanto los gobiernos de América del Sur”.

Es una lástima que Emir no haya aprovechado la visibilidad del principal diario de centroizquierda en Argentina para recomendar la alternativa concreta al neoliberalismo que Dilma hoy implementa en Brasil para enfrentar la crisis económica, por ejemplo. Macri acá en Argentina, al igual que Clarín y muchos analistas, economistas y periodistas, están muy preocupados en cómo acabar con el déficit fiscal y mejorar la rentabilidad de los empresarios. ¿Por qué Emir no les recomienda los recortes que Dilma ha hecho en la salud, la educación, la vivienda, los transportes y los programas sociales? ¿O quizá los tarifazos que aumentaron las cuentas de luz y agua? ¿Por qué no recomienda la reforma laboral – apoyada por la burocracia sindical petista de la CUT – que generalizó las suspensiones con reducción salarial y subsidios a las patronales en la industria? ¿No se debería acá también debatir el aumento de la edad jubilatoria que Dilma actualmente negocia con la CUT? ¿O por qué no compartir las lecciones del plan de privatizaciones de la Petrobrás actualmente en curso, así como de la huelga de petroleros que se levantó contra el mismo y que la burocracia sindical del PT logró impedir que adoptara “planteamientos radicalizados” para triunfar?

Teniendo en cuenta la importancia que tiene en Argentina hoy el debate sobre como resistir a los ajustes que Macri y la patronal se proponen a implementar, Emir podría como mínimo contar un poco sobre qué dificultades tuvo la burocracia petista para movilizar el enorme peso sindical que tiene y rodear de solidaridad las luchas de resistencia que estallaron para que puedan triunfar, coordinarse y emerger como un gran movimiento nacional que cuestione la política de Dilma por izquierda.

No, Emir prefirió privar a los argentinos de algunas de las (sic) “extraordinarias transformaciones sociales que esos gobiernos han implementado en nuestras sociedades”. Por algún motivo opina que estas no ayudarían a sus amigos kirchneristas a enfrentar el nuevo gobierno de Macri. Curiosamente, le parece más importante criticar a una izquierda que considera “irrelevante”.

Pero supongamos que Emir no está conforme con la política económica de Dilma y, a pesar de no ver ningún rol de la burocracia sindical petista en los ataques que han pasado, está dando una dura batalla intelectual para convencerla de algo distinto. Esto ameritaría escuchar sus argumentos en el terreno político:

Sin decir que los ambientalistas y las ONG que protestan contra el extrativismo depredatorio de Evo en Bolivia o Correa en Ecuador son algo distintos de los trotskistas del Frente de Izquierda de Argentina, Emir nos brinda con más una de sus críticas estratégicas: “sin participar de la disputa hegemónica del gobierno y sin capacidad de construir fuerzas alternativas - estos sectores de la izquierda estarían – completamente distanciados de la historia concreta contemporánea de la izquierda realmente existente”.

Sí. Pero para que la crítica pueda enseñar habría que explicar mejor como el PT participó y participa de la disputa hegemónica del gobierno. Habría explicar los mecanismos a través de los cuales el PT utilizó la Petrobrás y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para ganar hegemonía sobre los partidos y sectores burgueses que construyeron la base de su gobierno como la fuerza alternativa que realmente existe y hace historia contemporánea. Aparentemente, este grado de profesionalismo hegemónico el kirchnerismo no logró construir en Argentina, y quizá abrir esta reflexión con los lectores de Página 12 ayudaría en el balance de por qué la centroizquierda fue derrotada acá y que tiene que cambiar para volver.

Pero no. Por algo Emir no quiso dedicar su capacidad intelectual para analizar los temas que su “izquierda del siglo XXI” (sic) ocupe las principales noticias de las portadas internacionales y quiso dedicarse a algo que él mismo insiste como pequeño y fracasado. Por algún motivo Emir no dio importancia a profundizar esta reflexión y le pareció más importante criticar a los ambientalistas de Bolivia (que últimamente el vicepresidente García Linera ha equivocadamente denominado “trotskistas verdes o trotskistas oenegistas”) o los trotskistas del Frente de Izquierda en Argentina.

En un reportaje reciente, el eminente periodista kirchnerista Horacio Verbitsky volvió a polemizar con el Frente de Izquierda por el voto en blanco en el ballotage que Emir también critica.Respondiendo a la polémica, Cristian Castillo da una idea del motivo por el cual Emir tanto se enoja:

“En lo que hace a atribuir “una parte no menor de responsabilidad” al FIT en el triunfo de Macri, Verbitsky nos cuelga el “sambenito” que los kirchneristas vienen utilizando para evadir sus responsabilidades en la victoria de Macri y en haber llevado como presidente un candidato “noventista” y conservador. No fuimos nosotros quienes propusimos a la presidencia a quien el caído en desgracia Florencio Randazzo había sindicado como “candidato de los fondos buitre y de Clarín”, lo mismo que se repetía desde 678. A quien dejó la principal provincia del país tras ocho años de “gestión” con los salarios estatales y docentes más bajos de la región centro, con un millón y medio de familias en emergencia habitacional, con falta de obras públicas esenciales para hacer frente a las inundaciones, con rienda libre a la especulación inmobiliaria y una nefasta política “de seguridad” de la mano de Granados y Casal, a los que el propio Verbitsky ha denunciado justamente. Fue el candidato presidencial del FPV, no los dirigentes del FIT, quien anunció como futuros ministros “estrella” a Granados, Casal y Berni, el represor de Lear y del barrio Papa Francisco (en tándem en este último caso con la Metropolita macrista). Un Sergio Berni a quien HV pasó del apoyo a la crítica abierta”.

Mientras el kirchnerismo se escondía detrás de la poco convincente demagogia del derechista Scioli, el candidato presidencial del Frente de Izquierda, Nicolás Del Caño, se postuló como la voz de la izquierda que no tiene ataduras con ningún sector de la burguesía y se propone encabezar la resistencia a los ajustes que terminarían siendo implementados por cualquiera de los candidatos. Ahora, frente a los primeros ataques de Macri, mientras el aparato kirchnerista hace una oposición verbalmente (muy poco) radical de twits y videítos y sus principales referentes avalan o silencian ante distintos ataques macristas -como el encarcelamiento de una líder popular de su propio frente político por luchar- son los trotskistas del Frente de Izquierda los que han puesto el cuerpo para organizar la verdadera resistencia.

Esa ubicación conquistada por Nicolás Del Caño fue suficiente para que sea entrevistado por el diario O Estado de São Paulo, el Folha de São Paulo y la petista Carta Capital. Particularmente la Rede Brasil Atual, una agencia periodística de la CUT, destacó: “El trotskista Caño obtuvo una votación significativa en el primer turno de la elección, cerrada el mes pasado: con 815 mil votos (3,3% del total de votos válidos), quedó en cuarto lugar. Para efecto de comparación, en términos percentuales, obtuvo el doble del resultado de Luciana Genro en Brasil en 2014, cuando la candidata del PSOL consiguió 1,6%. (...) Según el excandidato del FIT, su "corriente hermana" en Brasil es el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT)”.

Quizás en lo más íntimo, lo que más incomode a Emir no sea el emerger de una izquierda de los trabajadores como una alternativa a sus amigos kirchenristas en el país vecino. Quizás lo que verdaderamente lo atormente sea la posibilidad de que un trotskismo fuerte en Argentina pueda ser un "mal ejemplo" para que emerja una corriente de trabajadores y jóvenes en Brasil que cuestione al PT por izquierda.

Pd1: Acá me restringí a la discusión con las ideas presentadas por Emir. Sin embargo, no puedo privar al lector argentino de saber lo que me hizo acordar el alegre desayuno con el artículo de Pagina 12: que parte esencial del mecanismo hegemónico del PT es el financiamiento estatal de los libros de Emir Sader y otros cuantos intelectuales fieles a la causa. Mecanismo este que me imagino debe ser no menos común entre los intelectuales y periodistas de Página 12, que ahora tendrán que ser más abnegados.

Pd2: Emir Sader se considera un marxista. Pero muy lejos de ahí, lo único que muestra su racionamiento es el notorio espíritu de autopreservación burocrático del cual el PT es toda una imagen: la burocracia académica entrelazada con la burocracia sindical e la burocracia política del PT. Como reza un dicho argentino “entre bueyes no hay cornadas”. Todo este aparato está puesto al servicio de contener la espontaneidad de masas que estalló en junio de 2013 en Brasil, volvió a estallar en la huelga de los basureros de Rio en 2014 y ahora vuelve en la lucha de los secundarios contra el cierre de escuelas en São Paulo en 2015. Una fuerza social que pretenda emerger y enfrentar consecuentemente el avance de la derecha en la región tendrá que sacarse la burocracia petista de encima.

Para profundizar en los temas abordados en esta nota, leer estos otros artículos recientes del mismo autor:

Giro a derecha y lucha de clases en Sudamérica

Crisis de la “hegemonía invertida”







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