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El humor como resistencia

La risa y el humor (no todo humor provoca risa) son prácticas humanas que pueden rastrearse en todas las culturas desde hace miles de años. La parodia, la ironía, la sátira, la caricaturización son solo algunos de los elementos de los que se vale para hacer explícito, o implícito, aquello que toca. Su actualidad, el rol de las redes sociales y su inmediatez son algunos de los tópicos sobre los que intentaremos dar un pantallazo en esta nota.

Luis Bel

@Hachedebel

Jueves 28 de diciembre de 2017 | Edición del día

"Qué risa, todos lloraban". Óleo sobre tela de Pablo Andrés Médici (Brocha)

Alrededor de 10.000 graffitis callejeros con inscripciones cómicas populares se han encontrando en la ciudadela de Pompeya, supultada bajo la lava del Vesubio que hizo erupción en el año 79 d.C.

En la literatura, uno de los lugares desde donde podríamos trazar una especie de genealogía del humor, encontramos numerosos y variados ejemplos. Desde el Antigua Testamento, donde se diferencia entre el vocablo "sakhaq" que
significaba una "risa feliz", "desenfrenada" e "iaag" que hacía referencia a una "risa burlona", "denigrante".

Más allá de que se puede encontrar el problema del humor en la filosofía griega ya en los presocráticos. En el terreno literario es ineludible la presencia de Aristófanes y sus desopilantes comedias. En Roma, las comedias de Plauto y Terencio ya dejaban entrever, desde una mirada decadente, el fin del Imperio Romano. Otros ejemplos, un poco más cercano, es el de la novela picarezca, con El Lazarillo de Tormes como su obra más conocida, como así también el humor ácido de las obras de Shakespeare, que mostraban las miserias y la doble moral de la nobleza.
Y no podemos dejar de nombrar los poemas burlescos y satíricos de Francisco de Quevedo y al Don Quijote de la Mancha de Cervantes, plagado de escenas humorísticas.

Lisístrata es una comedia de Aristófanes donde las mujeres de Atenas y Esparta hacen una huelga sexual para obligar a los hombres a detener la guerra.

De lo que estamos casi seguros, es que por lo general, desde aquellos remotos tiempos, el humor ha estado relacionado de manera íntima a lo político y al poder. Ya sea para reafirmarlo (en algunas ocasiones); pero casi siempre cuestionándolo y dejándolo al desnudo de una manera tan cruda y eficaz, que muchos intelectuales la envidiarían.

La risa y el humor han sido objeto de estudio desde la antigüedad generando diversas y contradictorias teorías, con algunas diferencias que hasta el día de hoy subsisten. El fenómeno ha sido abordado desde diferentes disciplinas: las letras, la psicología, la filosofía, la antropología y la sociología con algunas de ellas.

Una de las distinciones que se realizan es la separación entre "lo cómico" y "lo humorístico". Englobando ambas concepciones bajo el concepto de: "lo irrisorio".

Para el filósofo francés Henri Bergson, “lo cómico”, da la apariencia de constituirse sobre la ruptura de ciertas reglas y normas, para finalmente restituirlas y naturalizarlas, ayudando así a la construcción social de aquello que “es normal”, o no.

Bergson asegura que la comicidad tiene como característica compartir las representaciones simbólicas ya constituidas ideológicamente en la sociedad. El cómico, para lograr en el público el reconocimiento o la decodificación de su mensaje, no necesita más que sostenerse sobre esas representaciones que forman parte del entretejido cultural. Se transforma así, en una representación del “ser nacional”, o en un representante de su aldea.

Hay una empatía ideológica previa entre lo cómico y el sujeto "lector" al cual le llega. Por más que ese lector no posea las competencias necesarias de “el aquí y el ahora” del hecho irrisorio; lo social y lo cultural le son transmitidos a través del mensaje para facilitar esa comprensión.

Para dar a un ejemplo concreto: en nuestro país, los llamados “capo-cómicos” (Olmedo, Porcel, Francella, etc.), basaban su comicidad en estereotipos preexistentes en el imaginario argentino, protagonizando tras el fin de la dictadura militar, películas y sketches donde la mujer era transformada en un objeto sexual.

Aparentaban así, de manera superficial, ser parte de una nueva ola donde mostrar el cuerpo femenino era novedoso y transgresor (un fenómeno similar al cual se llamó “el destape español” sucedió en la península ibérica en los primeros años pos-franquismo); mientras que ideológicamente, a esa apariencia de transgresión le seguía una normalización del cuerpo sexualizado de la mujer, se imponía un modelo de cuerpo femenino, se le daba determinado rol y se reafirmaba la heteronorma.

Dentro de ese proceso de producción audiovisual también se intentó un “lavado de cara” a las Fuerzas Armadas genocidas y la exaltación de la vida castrense y del servicio militar como instituciones destinadas a formar “hombres de bien”. Películas como “Rambito y Rambón” o “Los colimbas se divierten” (esta última filmada en el regimiento La Tablada), ambas de 1986 con Olmedo y Porcel como protagonistas, son un claro ejemplo.

Lo humorístico, sin embargo, es presentado como aquello que se erige sobre las reglas, tomándolas en apariencia seriamente, para luego trastocarlas y ridiculizarlas, contraponiéndolas a la realidad.

En oposición al “capo-cómico”, el humorista es impredecible y nunca se saben sus verdaderas intenciones. Deconstruye así el universo de “lo normal”, no ya para volver a instaurarlo, sino para desde el absurdo, reconocer las adversidades de la realidad y enfrentarlas desde el ingenio y la espontaneidad. Existe allí, un hilo conductor entre lo humorístico y el accionar de las masas durante un proceso revolucionario.

El conocido ataque a la redacción de la revista satírica francesa “Charlie Hebdo” en enero de 2015, es un caso paradojal. Habiendo sufrido varios intentos a lo largo de su historia, el atentado que le costara la vida a una decena de personas del staff del semanario fue provocado por una serie de tapas donde se satirizaba la figura de Mahoma.

Pero la revista no tiene tirada en algún país musulmán, donde la crítica ácida hacia los aspectos retrógrados de la religión tendrían un carácter contestatario, sino en Francia, donde ya de por sí los inmigrantes islámicos son una minoría oprimida y segregada.
En este caso, el efecto de sentido de lo humorístico fue el de profundizar la estigmatización de esos sectores.

El formato digital, las redes sociales y la viralización han exaltado algunas de las características que se presentan en lo humorístico, agregándole también un nuevo elemento: la inmediatez.

El formato del meme, el gif, o los videos cortos de reproducción automática han masificado el humor y han logrado que al instante de ocurrido un hecho, las redes sociales se inunden de información sobre éste.

Mucho de lo que circula por fuera del circuito humorístico, más ligado a lo político en un sentido estricto, está destinado directamente a formar opinión, o fidelizarla, y forman parte también de a lo que actualmente se le llama “pos-verdad”.

Los sujetos destinatarios de estos mensajes son aquellos que comulgan ideológicamente con el mensaje, que no necesita demasiado esfuerzo para ser decodificado, suelen ser simples y estar cargados de información. Sucede aquí, algo muy similar a lo que sucede con el efecto de comicidad: las “competencias” necesarias del receptor, en este caso, no son más que aquellas que éste ya porta y que están socialmente naturalizadas.

Es allí, justamente, donde el humor rompe. Por su característica de aparentar sostenerse sobre la regla, para después terminar criticándola, el humor conlleva una potencialidad especial y se transforma en una herramienta capaz de quebrar con aquellos “círculos virtuales” que la pos-verdad y los medios de comunicación profundizan, otorgando otro punto de vista sobre los hechos.

En esta reconocida ilustración de Quino, el receptor, para comprender el mensaje codificado y lograr así el efecto irrisorio, debe poseer varias competencias: conocer la Estatua de la Libertad, saber que ésta se encuentra en Nueva York, estar politizado y tener conocimiento de las guerras imperialistas que lleva adelante EEUU bajo el pretexto de llevar "libertad y democracia" a los países invadidos y, por último, conocer algo de mitología griega para entender y relacionar lo que significa la figura simbólica del Caballo de Troya, representado aquí por la estatua.

Si bien éste es un ejemplo in extremis, el usuario de redes sociales no está exento de la necesidad de poseer ciertas competencias a la hora de descifrar, por lo menos en su totalidad, algún meme que se haya vuelto viral.

En las pasadas jornadas de lucha contra la Reforma Previsional y ante un gobierno que posee un blindaje mediático escandaloso, las redes sociales se transformaron en una especie de contra hegemonía comunicacional a la hora de combatir el discurso hegemónico que bajaba desde los medios.

La batalla que se dio en las calles y el masivo rechazo a las contra reformas llevadas adelante por Cambiemos con el apoyo del PJ dentro del Congreso, se vio reflejada también en el espacio virtual con una espontaneidad e ingenio admirables.

Este meme, publicado por el hiperconocido sitio Eameo, muestra en el mínimo detalle de la porción de pizza en la mano del policía, quien se encuentra de frente al pueblo movilizado (en un cuadro que da cuenta de la tensión que se da en el momento previo a la represión), una apelación a la canción que en las manifestaciones se le canta a las fuerzas represivas y que reza: “Por una pizza reprimís a tu mamá”. Canción que tiene su origen en el sentido común popular de que la policía “manguea” en las pizzerías, en una especie de extorsión encubierta, donde “Si querés que te cuidemos el negocio, colaborá con los muchachos".

Si bien el detalle es mínimo, el receptor deberá tener ciertas competencias si quiere decodificar por completo lo humorístico.

En esta viñeta (mis disculpas por no saber la fuente), se pone como protagonista al sector más perjudicado por la reforma previsional, el jubilado. La respuesta que éste le da al nieto va en consonancia con la tendenciosa cobertura que realizaran los medios, centrándose en como un grupo de manifestantes rompieron las baldosas en los alrededores del Congreso, invisibilizando a los cientos de miles que salieron a manifestarse y dejando de lado lo más importante, el contenido de la reforma misma.

De manera eficaz, el autor hace una crítica a los medios de comunicación, y el receptor, por la simpleza del cuadro, se torna en uno mucho más amplio.

En esta imagen de Damián Demaro, el diseño adquiere una mayor complejidad. Quien se encuentre frente a ella deberá tomarse unos segundos para comprender el efecto de sentido que se quiere lograr. No tanto por su dificultad, sino por su originalidad. El autor toma una de las imágenes más difundidas por los medios luego de la aprobación de la reforma, la del panel electrónico donde se muestra cómo votó cada diputado, y agrega a ese “interior” del recinto, el exterior, que expectante, sobre la Plaza de los Dos Congresos manifiesta su rechazo emitiendo también su voto negativo.

El detalle de los puntos azules representando los vallados y las fuerzas represivas que separan el adentro del afuera es exquisito.

Lo humorístico, a diferencia de lo cómico, toma como objetos de humor a aquellos que por lo general son dejados de lado, muchas veces hasta por las propias ciencias sociales. El caso de "Peter Capusotto y sus videos" y su personaje “Bombita” Rodríguez es emblemático. El humorista toma un tema histórico tan sensible como lo son los años previos al golpe del 76, lo satiriza y lo trastoca, llevando el discurso y el accionar político de las organizaciones de la época a lo hiperbólico.

La hipérbole o la exageración como recurso humorístico es utilizado generalmente para señalar defectos y contradicciones sobre aquellos objetos sobre las que se aplican (en la ilustración se da en la caricaturización de algún personaje). Con “Bombita” esto se logra con creces.

Recuerdo haber leído este número de Revista Barcelona que saliera poco después del descenso de River a la B Nacional.
Como siempre, tengo la costumbre de leer el correo de lectores y las geniales respuestas editoriales tan cargadas de ironía. Aquella vez, una en particular me llamó poderosamente la atención. Un lector muy enojado arremetía contra Barcelona por utilizar la figura de Jorge Julio López para realizar esta tapa. Curiosamente, en la respuesta no había ni un ápice de sarcasmo. El editor explicaba que mantenían contacto con la familia, que la revista era uno de los pocos medios que mantenía en agenda el tema (lo cual era completamente cierto) y que ayudaba a sostener la memoria de Julio López. No exactamente así, pero palabras más, palabras menos, ese era el contenido general.

Como bien resaltaba uno de los editores de la revista, el humor construye, y no solo memoria, sino también identidad. Por el contrario de la comicidad que sienta sus bases sobre lo ya construido desde arriba por la ideología dominante, el humor va socavando esos cimientos y poniendo en duda lo identitario preestablecido.

El surgimiento en las redes de toda una camada de ilustradoras y humoristas gráficas que han tomado posición desde el feminismo, para desde el humor poner en tela de juicio la concepción dominante de género y a este sistema machista y patriarcal, es un fenómeno que no puede ser visto escindido del resto.

Nuevos espacios, nuevos lenguajes y nuevos soportes, donde la categoría de autor muchas veces queda diluida en la viralización y donde cada vez hay más voces que producen, forman parte de un proceso de transformación, si bien aún no hegemónico, sí masivo, que está modificando cada vez de manera más vertiginosa, la manera de comunicar.

El humor como forma de expresión puede usarse como un lugar de resistencia para desarticular sentidos comunes, cuestionar las normas y desnaturalizar lo que el poder, nos presenta como ya establecido.







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