Cultura

MÚSICA

El Partido Comunista norteamericano y el folk

Un recorrido por la relación entre la izquierda y la música rural en los años 40.

Lunes 27 de noviembre | 12:36

Introducción

“Last Exit to Springfield”, de la temporada cuatro, es quizás uno de los mejores capítulos de Los Simpson. “Plan dental / Lisa necesita frenos”, Lisa riendo grotescamente al verse en el espejo, la referencia a El Grinch, cada escena es algo que puede separarse del resto y disfrutarse en sí misma. Pero esto no quiere decir que el capítulo carezca de un hilo conductor. La lucha de los trabajadores de la planta nuclear por mantener sus derechos es una historia potente, en una década de los 90 que veía cómo el movimiento obrero retrocedía a nivel mundial.

Pero además de todo esto hay una canción, que interpreta Lisa con una guitarra alrededor del fuego. Union Strike Folk Song, cómo su nombre lo indica, es una de las típicas canciones de protesta norteamericanas, guitarra y voz, letras simples y combativas.

Esta canción es una referencia a una combinación que tiene una larga historia en el país del norte, una mezcla entre política y música folk cuyo surgimiento puede rastrearse principalmente al Partido Comunista de Estados Unidos, y a lo que hoy en día se conoce como el “Frente Cultural”.

La Tercera Internacional y la música

En el año 1928, el Sexto Congreso de la Tercera Internacional Comunista, dominada completamente por Stalin, instauró la doctrina de “Clase contra Clase” que categorizaba a los reformistas como “social-fascistas”. Esto implicaba eliminar cualquier posibilidad de un Frente Único contra el fascismo, algo que fue duramente criticado por Trotsky.

En Estados Unidos, estas ideas implicaron un cambio en las políticas culturales del Partido Comunista (CPUSA). El surgimiento del Realismo Socialista, que acompañó estos desarrollos políticos, derivó en particular en intentos por conciliar música clásica o de vanguardia con letras que hablaban de la pronta victoria de la Revolución en el Tercer Período.

Dentro de este esquema, no había mucho lugar para la música folk, que era el nombre genérico que recibían las canciones de tradición rural en el país. Cómo señala Richard Reuss en American Folksongs and Left Wing Politics: 1935-1956, los críticos musicales comunistas consideraban que esta música triste y melancólica no era adecuada para representar el espíritu proletario.

El triunfo del nazismo en Alemania en 1933 fue un certificado de defunción para la política de la Komintern, que tan solo dos años después iba a abandonar su orientación de confrontación con la socialdemocracia en el VII Congreso, en el que se consagraban los Frentes Populares. Este giro llegó demasiado tarde, y además fue implementado de forma criminal por el estalinismo, llevando (entre otros factores) a la derrota en España. La idea central era el abandono de los discursos clasistas, buscando en cambio aliarse con el reformismo y tratar de buscar el apoyo de las clases medias para lugar contra el fascismo.

En Estados Unidos, la dirección de Earl Browder buscó evitar la confrontación con el gobierno de Roosevelt y le dio un cariz fuertemente nacionalista al Partido, incluyendo por ejemplo el canto del himno en los actos políticos. Esto permitió un fuerte crecimiento en la cantidad de afiliados, y una liberalización en el ámbito cultural, esto último algo que también se puede notar en la misma época en la URSS.

Este giro en la orientación permitió que miembros del PC pudieran por primera vez fomentar abiertamente dentro de las estructuras partidarias música cómo el jazz o el folk, géneros ambos que se encontraban de moda en la época. Músicos reconocidos como Pete Seeger y Woody Guthrie dieron sus primeros pasos en política militando junto al Partido Comunista, e iban a contribuir fuertemente a la identificación entre el mismo y la música folk.

Los sospechosos de siempre

Para entender mejor este proceso una buena forma es la de seguir la historia de tres participantes privilegiados de la época: los ya mencionados Seeger y Guthrie y el etnomusicólogo Alan Lomax.

Pete Seeger (1919-2014) se unió a la Liga Juvenil Comunista en el 1936 a los 17 años, mientras cursaba sus estudios en Harvard. Su interés por la música folk y country (en ese momento más conocida como Hillbilly music) se remontaba a un par de años antes, cuando con sus padres visitó una feria local. Su carrera como artista comenzó cuando empezó a trabajar, en 1938, con Alan Lomax en un proyecto de registro y conservación de la música estadounidense.

Woody Guthrie (1912-1967) era, como Seeger, también un músico, originalmente basado en Texas. Sin embargo, la Gran Depresión lo llevó como a tantos otros a migrar hacia California en busca de trabajo. Ahí conoció al periodista Ed Robbin que lo introdujo al mundo del socialismo y el comunismo. Si bien nunca fue oficialmente miembro del partido, Guthrie en esa época escribía artículos en el periódico People’s World, relacionado al mismo. Un conflicto en la radio en la que trabajaba lo llevó a trasladarse a New York, lugar en el que se insertó rápidamente en el círculo de artistas que se había formado alrededor de Alan Lomax.

Lomax (1915-2002) dedicó su vida a la preservación de la música popular norteamericana. En la historia de la música, los etnomusicólogos son casi siempre héroes olvidados, aunque en algunos casos cumplieron roles fundamentales en el desarrollo de la misma. El trabajo de Lomax cumple con estas características. Pero quizás su mayor mérito fue el de ser una importante influencia para decenas de músicos que iban a reflotar la música folk con contenido social. Alan comandaba un verdadero centro de reclutamiento y formación de músicos, lo que generó un circuito estable para el desarrollo de la música.

Esta máquina mata fascistas

Los tres individuos descritos presentan diferentes niveles de asociación al Partido Comunista. Seeger, militante. Guthrie, compañero de ruta. Lomax era más bien un simpatizante de la causa de los trabajadores, sin tener una conexión tan directa con el partido. La amplitud del Frente Popular, sin embargo, iba a unir a los tres en la creación de un grupo de músicos que iba a resultar un quiebre en la forma de concebir la unión entre música y política en el país.

El resultado de esta confluencia fue un grupo musical, The Almanac Singers, que recorrió el país durante los años 40, tocando en eventos sindicales o del Partido Comunista. Rechazaron la industria discográfica, concentrada en Broadway y Tin Pan Alley. El folk en este sentido permitía diferenciarse fácilmente, dado que era una música de tradición rural que buscaba expresar de forma simple los pensamientos de los trabajadores, sin la estética estilizada de la industria musical de los centros urbanos. Las canciones del grupo se expresaban a favor de la sindicalización y de las luchas obreras, y en contra de la amenaza fascista que no solo crecía en Europa sino también en Estados Unidos.

A partir de este grupo surgió otra organización, People’s Songs, financiada en parte por el CPUSA, que iba a ser bastante popular entre el 46 y el 48. El objetivo de este grupo era el de difundir la música obrera del país, mediante la edición de un boletín trimestral que contenía canciones, tanto originales de los artistas que eran parte de la organización como otras que eran resultado del trabajo de prestigiosos etnomusicólogos cómo Lomax. Este boletín se convirtió con el tiempo en una referencia ineludible para el estudio de la música popular norteamericana, algo que permitió cimentar la relación entre el Partido Comunista y el folk.

Algunas conclusiones

Que exista una línea que conecta la canción de Lisa Simpson con la música de Guthrie y Seeger demuestra hasta qué punto la relación entre música folk y política sobrevivió a lo largo de los años. Esto resulta sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta el esfuerzo gigantesco que hizo el macartismo para borrar cualquier rastro de socialismo de la cultura del país.

Seeger, Guthrie y Lomax fueron perseguidos por el Comité de Actividades Antiestadunidenses que controlaba McCarthy. Seeger, de hecho, fue condenado en primera instancia a un año de prisión (algo que después fue revertido en segunda instancia) por negarse a contestar las preguntas del comité. Lomax abandonó Estados Unidos en 1950, para evitar la persecución, dado que sabía que estaba siendo investigado por el FBI.

Este tipo de persecución política, que tantos resultados dio en otros ámbitos como el cine o en las universidades, no fue tan eficaz con la música folk. Es posible que esto se deba a que la misma no se encontraba en circuitos tan fuertemente controlados como los otros, dado que se manejaba más bien de forma independiente a las grandes discográficas. Pero lo que sin dudas fue un factor es que las personas involucradas, lejos de abandonar sus convicciones, permanecieron firmes ante los ataques de la derecha.






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