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EDITORIAL DE EDITORIALES INTERNACIONAL

Deseos de Navidad: restauración capitalista, Iglesia militante y Rusia germanizada

Hoy vamos a ver a qué santo prenden las velas en EE.UU, Gran Bretaña y Alemania

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Domingo 28 de diciembre de 2014 | 16:33

Foto: The Guardian/Franco Origlia/Getty Images

¡Otro nuevo editorial del New York Times en castellano (y en inglés)! El de hoy se ocupa del estado de los movimientos de disidentes en Cuba.

“Las palabras fueron escritas en grafiti en la calle donde vivía el disidente cubano Oswaldo Payá, unos pocos años antes de su misteriosa muerte en 2012. ’En una plaza sitiada, la disidencia es traición’ (…) El mensaje era perfectamente claro: mientras Estados Unidos insistiera en derrocar a los líderes de la isla y entrometerse en los asuntos internos del país, los cubanos, por cuestión de soberanía nacional, tendrían que permanecer unidos. La era que comenzó este mes cuando el Presidente Obama y el Presidente de Cuba, Raúl Castro, anunciaron el fin de más de medio siglo de enemistad entre sus gobiernos, es un momento clave para quienes forman parte del diverso y valiente movimiento de oposición en Cuba.”

El Times se plantea si con la reanudación de relaciones diplomáticas entre EE.UU y Cuba precisamente el argumento de la unidad nacional contra el imperialismo no se caerá, a tono con lo que planteaba la editorialista de The Guardian el domingo pasado. Los movimientos de disidentes visibles hoy en Cuba, y que el imperialismo siempre tuvo como interlocutores, son los que están apoyados y financiados por sectores ya sea de la Iglesia o de otros gobiernos, como los de los países europeos. El Times incluso menciona que Washington ha pedido que líderes de estos movimientos participen, junto a la delegación oficial del gobierno cubano, de la próxima Cumbre de las Américas a realizarse en abril de 2015 en Panamá.

Es claro que la verdadera “dinámica” del restablecimiento de relaciones es un paso adelante importantísimo en la restauración capitalista en la isla y de desmontar lo que aún queda de las conquistas de la revolución. En esto, en el “qué”, están de acuerdo los gobiernos de ambos países. Lo que aún está por definirse y puede ser escenario de grandes convulsiones en los próximos tiempos es el “cómo”. Las negociaciones y actos de fuerza mutuos entre ambas partes pasa por una transición negociada, que según los intereses de la burocracia estatal gobernante le permita reconvertirse en una nueva burguesía de la forma menos traumática posible, donde el escenario de pesadilla tomado como referencia es el de la restauración en la antigua URSS.

Al mismo tiempo, deberán verse los márgenes de asociación con los capitales norteamericanos en esta empresa. Por el lado del imperialismo se plantea negociar en las mejores condiciones la reducción de Cuba lo más posible a un estatuto de país semicolonial, teniendo como aliados directos al exilio cubano pronorteamericano, dentro del cual están los sectores burgueses que buscarán recuperar sus propiedades expropiadas a comienzos de la década del 60. La disidencia cubana, apadrinada centralmente por la Iglesia, necesita a su vez presionar por un nuevo régimen que le permita ser un actor político que negocie como interlocutor de peso para buscar espacios de poder en un gobierno poscastrista, que sea viable para EE.UU. y que tenga un poder de fuego propio y efectivo frente a la burocracia castrista.

El problema actual de la disidencia, sobre el que trata el editorial del Times, es que en los últimos años no se presenta como una opción viable para sectores de la población cubana, según los mismos disidentes entrevistados reconocen, por ser vistos como inoperantes y débiles frente al Estado. Del planteo del NY Times se deduce que su estrategia para el próximo período sería presentarse menos como víctimas y más como actores con poder, para lo cual el reconocimiento formal por parte de EE.UU. y otros países de las organizaciones de disidentes (como por ejemplo la Unión Patriótica Cubana) en foros internacionales les podría servir para mostrarse como el semillero del nuevo personal político de una Cuba postcastrista.

El problema para la disidencia se presenta si el Partido Comunista cubano toma un curso más decididamente en el sentido de la “vía china”, es decir, de restauración capitalista sin reformas políticas y bajo la férrea dictadura de la burocracia, sin compartir el poder, como una reacción frente a la posibilidad de que la invasión comercial del imperialismo genere tensiones que descalabren la economía y produzca una conmoción social que ponga en riesgo el poder de la burocracia. No se descarta que este rumbo incluso pueda ser avalado por el propio EE.UU., a pesar de la apertura de relaciones y de todo su discurso a favor de las libertades políticas.

El Times, diario considerado “liberal”, es partidario en general de la política de tomar reivindicaciones democráticas para enmascarar los intereses imperialistas, algo consistente con la tradición de sectores del Partido Demócrata como Jimmy Carter, que inauguró esa línea luego del desastre norteamericano en Vietnam. Pero, como una muestra de lo degradada que está esta bandera luego de tres décadas y media de uso y abuso, el diario llega a pedirle que sean portavoces de los disidentes cubanos y de los derechos humanos en la Cumbre de abril a Dilma Roussef y a… ¡Enrique Peña Nieto de México!

Para el progresismo británico, Bergoglio bien vale una misa

La gran jugada de peso en la política mundial del Papa Francisco, que le ganó los galones de global player en 2014, es justamente su función en el acercamiento entre EE.UU. y Cuba. Por eso el editorial de The Guardian/The Observer de hoy es una reivindicación del jesuita Bergoglio. Lo destaca como un reformista que busca hacer una limpieza profunda de los escándalos más brutales de la burocracia vaticana que llevaron a la crisis de la renuncia de Joseph Ratzinger.

Destaca su discurso de Navidad del lunes pasado, donde atacó a sectores de cardenales y arzobispos sin nombrar a nadie en particular, acusándolos de “Alzheimer espiritual” y de sufrir de una “patología del poder”. Según el Guardian, esto fue una respuesta a que durante este año no pudo terminar de imponerse a sus rivales en la lucha de poder dentro del Vaticano para lograr una imagen algo menos “ortodoxa” de la Iglesia que la pueda acercar a la base de los creyentes y reconquistar el terreno perdido en las últimas décadas para volver a transformar al catolicismo en un movimiento social militante.

Alemania siempre hacia el Este

El Frankfurter Allgemeine Zeitung sigue destacando sus principales artículos de opinión, “Apostando fuerte” a la relación con Rusia y la relación con Ucrania. La presidencia alemana de la Unión Europea coloca todo el tiempo este tema en su agenda. Markus Wehner hace un balance del año de Putin y su relación con Occidente.

¿Vladimir Putin sonreirá en silencio cuando en Año Nuevo brinde con una copa de champán de Crimea? ¿Mirará satisfecho los últimos doce meses que, más que en cualquier otro momento, se han convertido en un año turbulento y dramático para Rusia y Europa? El hombre del Kremlin tiene algunas buenas razones. Ha mostrado al mundo lo que es capaz de hacer Rusia. Conquistó Crimea para el Estado ruso, por medio de un golpe de Estado y sin pérdidas directas. Ya no tiene que preocuparse de la flota rusa del Mar Negro. Además, la anexión de la península en la que antiguamente se estacionaban los submarinos nucleares soviéticos, es un capital estratégico importante para Putin.”

El “champán soviético” con el que los rusos brindan a fin de año, justamente, se fabrica en Crimea, de ahí la chanza. El FAZ plantea que Putin, además, logró volver a los mejores índices de popularidad de su historia, con un 70 % de aprobación, remontando una popularidad menor al 50 % a comienzos de 2014 y lo asigna a la carta nacionalista de gran potencia con la que jugó este año y que se ganó incluso un duro discurso de Obama que lo consideró un rival estratégico.

“Tácticamente bien pero estratégicamente miserable. La segunda copa que Putin podría tomarse en año nuevo tiene un sabor amargo. Mucho se ha escrito de la mala situación económica en las últimas semanas. El descenso de los precios del petróleo, provocado por los norteamericanos y los saudíes, golpea duro a Rusia. Además, las sanciones hacen que la economía rusa tenga problemas para repuntar. La inflación se acerca a la marca del diez por ciento, la economía ya no está creciendo, se acerca una recesión. Las perspectivas para el año próximo son sombrías.”

El FAZ es escéptico de que Putin disminuya su confrontación con Occidente y plantea que Rusia está pasando por una “euforia nacionalista” y que trata de hacer jugar unos contra otros a los socios de la Unión Europea.

La expresión de deseos del FAZ se manifiesta cuando dice: “Si la propia élite de Rusia considera que el presidente está demasiado desgastado en su relación con los líderes del mundo occidental , entonces alguien más tomará su lugar, para restaurar la credibilidad de la política rusa. Es incierto quién podría ser el candidato. Ciertamente, Putin ha apostado fuerte este año.” Algo así como una “revolución colorida” a la rusa, donde ésta quede reducida a un papel netamente semicolonial al servicio de Alemania y Occidente. Cada cual escribe sus cartas y las deja al pie del árbol de Navidad.







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