Géneros y Sexualidades

FEMINISMO

Debate de estrategias en el movimiento de mujeres

Una nueva oleada del movimiento de mujeres crece en el mundo, pero en México no se ha desarrollado producto de las distintas estrategias en su interior. Aquí un primer debate.

Yara Almonte

Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM

Lunes 20 de noviembre | 18:26

En el último período, hemos visto emerger una nueva oleada del movimiento de mujeres a nivel internacional. En 2015 vimos la lucha contra el feminicidio y por #NiUnaMenos. En 2016 vimos el paro de las mujeres polacas y las movilizaciones masivas en Corea del Sur exigiendo el respeto a los derechos sexuales y reproductivos; y en Italia e Irlanda contra la desigualdad salarial para las mujeres.

En enero del 2017, con la llegada de Trump a la presidencia de EEUU, millones inundaron las calles en la #WomensMarch contra el misógino y racista más poderoso del mundo, preparando el #ParoInternacionalDeMujeres el 8 de marzo que hizo temblar la tierra en 56 países, tras el llamado de académicas como Nancy Fraser o Cinzia Arruza a construir un feminismo del 99%.

En México, partimos de la lucha de las trabajadores de la maquila en el norte del país, así como de las jornaleras de San Quintín contra la precarización y el hostigamiento sexual. El #24A en abril del 2016 contra las violencias patriarcales y múltiples movilizaciones contra los feminicidios de Lesvy Osorio en la UNAM, así como de Mara, Victoria, Jocelyn, Anayetzin…

Sin embargo, en México este movimiento de mujeres no se ha desarrollado con toda su alcance. Para pensar cómo potenciar estas iniciativas y poner en pie un gran movimiento de mujeres, combativo, independiente del gobierno y que recupere las calles, hay que reconocer una fuerte lucha de estrategias dentro de los sectores de mujeres organizadas y las lecciones que de ella se desprenden.

La violencia contra las mujeres y los ataques del capital

El avance de los últimos 30 años en materia de legislación con perspectiva de género, celebrada por muchas, contrasta con el aumento drástico de la violencia en todas sus expresiones, mostrándose el cabildeo y la lucha por un marco legal con perspectiva de género impotente para revertir la ofensiva contra nuestros derechos.

Destaca el ataque a las condiciones de trabajo y derechos sociales, a través de las reformas estructurales y la militarización del país desencadenada por la “guerra contra el narco” que extendió el fenómeno del feminicidio.

Hoy, los fenómenos políticos gestados por la crisis económica han demostrado los límites del feminismo liberal de las últimas tres décadas -y de sus intentos por romper el “techo de cristal” desde mujeres de élite- para conquistar mayores derechos. Precisamente en esta época neoliberal, el capitalismo desarrolló una peligrosa alianza entre sectores progresistas (como en el movimiento ecologista, anti racista, feminista y lgbt+) y sectores corporativos de la clase burguesa que han fomentado la integración en términos de cooptación de estos movimientos. La gestión de proyectos y programas sociales está muy lejos de representar un peligro letal para el sistema que beneficia a los explotadores.

Desde Pan y Rosas consideramos que un feminismo que no parta de considerar las condiciones de vida y necesidades de las mujeres trabajadoras, la mitad de la población más numerosa del planeta, está perdido. Hoy esa lucha pasa también por cuestionar las democracias capitalistas que han profundizado la desigualdad y la explotación.

Como diría Nancy Fraser, las luchas por la redistribución o el reconocimiento no tienen necesariamente un carácter anticapitalista. Es necesario darles esta perspectiva relacionando la lucha por las más inmediatas demandas de las mujeres a la lucha contra este sistema de explotación y opresión de las grandes mayorías para beneficio y rédito de una ínfima minoría parasitaria. Es decir, reconociendo que -a diferencia de cómo lo presenta un sector sin estrategia del feminismo- la lucha de las mujeres supera ampliamente los problemas “femeninos” y que el sexo nos une pero la clase nos divide.

Quienes militamos en Pan y Rosas, nos jugamos a construir una gran agrupación de mujeres anticapitalistas, socialistas y revolucionarias que, anclada a la clase trabajadora -es decir, desde la perspectiva de las más oprimidas y explotadas-, empuje el desarrollo de un movimiento de mujeres en las calles, combativo e independiente de este régimen político para avanzar en conquistar todos nuestros derechos.

Por eso consideramos que para desarrollar un feminismo verdaderamente emancipatorio hace falta fortalecer al mismo tiempo una alternativa política que pelee por la independencia política del movimiento obrero y de mujeres, por romper relaciones con los capitalistas, sus gobiernos e instituciones, y por pelear por construir, sobre las ruinas de este régimen político, un gobierno obrero y popular que pelee con perspectiva revolucionaria por poner en pie una sociedad nueva sin explotación ni opresión.






Temas relacionados

Feminismo   /   Pan y Rosas   /   Géneros y Sexualidades

Comentarios

DEJAR COMENTARIO